Mientras España volvió a llegar al Mundial como candidata, México salió con una pregunta que se repite cada cuatro años: qué le falta para competir de verdad.

La respuesta suele buscarse en el seleccionador, en el delantero que no apareció, en el cambio que llegó tarde, pero la distancia con las selecciones que pelean títulos pasa por los proyectos y por los años que tienen trabajando en ellos.

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España también vivió atrapada entre el talento y la frustración. Tenía clubes poderosos, futbolistas de élite y una liga capaz de dominar Europa, pero su selección cargaba con una duda histórica: podía ilusionar, llegar con cartel y caerse cuando aparecía el cruce grande.

El cambio no llegó por una generación milagrosa, aunque esa generación fue inolvidable. Apareció cuando la Federación dejó de solo administrar convocatorias y empezó a construir una estructura.