El fútbol todavía tiene anticuerpos contra la injusticia. O contra la intromisión menos disimulada que se recuerde desde los despachos del poder político en la historia de las Copas del Mundo. En el atardecer del lunes en Seattle, Bélgica se llevó en el campo de juego lo que Estados Unidos había intentado ganar también desde la Casa Blanca: los Diablos Rojos golearon 4-1 y avanzaron a los cuartos de final del Mundial 2026, instancia en la que enfrentarán a España este viernes en Los Ángeles. EE.UU.EE.UU1 Matt Freese, Chris Richards, Tim Ream, Antonee Robinson (Max Arfsten, min. 91), Alex Freeman, Weston McKennie, Tyler Adams (Ricardo Pepi, min. 71), Malik Tillman, Folarin Balogun (Haji Wright, min. 91), Christian Pulisic (Sebastian Berhalter, min. 58) y Sergiño Dest (Giovanni Reyna, min. 45) BELBélgica4 Thibaut Courtois, Brandon Mechele, Nathan Ngoy, Timothy Castagne, Maxim De Cuyper, Youri Tielemans, Amadou Onana (Hans Vanaken, min. 20), Dodi Lukébakio (Jérémy Doku, min. 66), Leandro Trossard (Alexis Saelemaekers, min. 88), Nicolas Raskin (Axel Witsel, min. 88) y Charles De Ketelaere (Romelu Lukaku, min. 66) Goles 0-1 min. 8: Charles De Ketelaere. 1-1 min. 30: Malik Tillman. 1-2 min. 32: Charles De Ketelaere. 1-3 min. 56: Vanaken. 1-4 min. 92: Lukaku Arbitro Adham Mohammad Tumah MakhadmehTarjetas amarillas Weston McKennie (min. 34), Malik Tillman (min. 68) Folarin Balogun, el delantero indultado por el pedido de Donald Trump y la autorización de Gianni Infantino contra la historia de FIFA, estuvo en el campo de juego, pero fue como si casi no hubiera jugado. Muy posiblemente superado por haber quedado en el centro de la atención tras la irrupción de los abogados de la administración Trump, el goleador de Estados Unidos en el Mundial fue el titular de su equipo que tuvo menos contacto con la pelota en el partido, solo 19 toques hasta que fue reemplazado en el minuto 92, sin haber creado nunca peligro ante el arco de Thibaut Courtois. También fue el partido más desangelado de la selección de Mauricio Pochettino en el torneo, como si las partículas del escándalo hubiesen contaminado la frescura que había mostrado en los primeros partidos. Los belgas, que habían sobrevivido milagrosamente a la eliminación contra Senegal en la instancia anterior, jugaron como si persiguieran un sentido deportivo de la justicia. Con su equipo dominante de principio a fin, Charles de Ketelaere convirtió los dos primeros goles en la etapa inicial y, ya en el complemento, Hans Vanaken y Romelu Lukaku sentenciaron la goleada. La eliminación de Estados Unidos marcó, además, el adiós al último anfitrión que seguía en competición, aunque todos cayeron en la misma instancia, los octavos. El sábado había perdido Canadá y el domingo, México.Como sucede en todo el Mundial, las cámaras enfocaron religiosamente —obligadamente— a Gianni Infantino al comienzo del partido, pero esta vez el presidente de la FIFA permanecía serio en el palco del estadio de Seattle, como si le pesara el escándalo que había provocado la injerencia de Trump o, peor aún, como si temiera que su concesión terminaría siendo en vano. Allá abajo, sobre el campo de juego, Estados Unidos comenzaba el partido petrificado.El indultado Balogun también sintió ese peso de principio a fin. Cuando terminó el primer cuarto, a los 23 minutos, el delantero del Monaco ya había sido el futbolista que había sumado menos contacto con la pelota: apenas tres toques. El goleador de Estados Unidos en el Mundial parecía jugar con un grillete entre los pies. A diferencia de su gran comienzo en el Mundial, el equipo de Pochettino fue siempre un equipo atado, sin el desequilibrio habitual de Sergiño Dest ni de Christian Pulisic, y superado por una Bélgica que arrancó, una vez más, sin Kevin De Bruyne ni Lukaku, ambos en el banco de suplentes. A los 10 minutos, los visitantes habían rematado seis veces al arco, contra ninguno de los locales. Y ya ganaban 1 a 0.Estados Unidos sufrió los ataques por izquierda de Bélgica: los dos goles de Charles de Ketelaere, a los 9 y 33 minutos, fueron calcados, como si provinieran de una fotocopiadora. El primero, tras una proyección de Nicolas Raskin. El segundo, tras un desborde de Leandro Trossard, el extremo del Arsenal, de gran partido. Tras el doblete del delantero del Atalanta, Pochettino se descargó pateando las bebidas ubicadas a un costado del banco de suplentes, consciente de una tarde que ya olía al azufre de la eliminación. En el medio, a los 31, Estados Unidos había disfrutado de un empate transitorio. El árbitro jordano Adham Mohammad Makhadmeh no quiso sumarse a las críticas que Trump le había soltado al brasileño Raphael Claus, a quien acusó de “sospechoso” por haber expulsado a Balogun ante Bosnia, y cobró una falta inexistente de Brandon Mechele sobre el propio delantero del Mónaco. El encargado de rematar fue Malik Tillman: la pelota parecía fácil para Thibaut Courtois, pero se desvió en Hans Vanaken y marcó el empate que, de todas maneras, sería fugaz. Solo duraría dos minutos.Si Estados Unidos se había arrastrado en el primer tiempo, en el segundo acentuó su actuación fantasmagórica, como si hubiera vuelto a sus iniciáticas presentaciones de la década del noventa, cuando recién comenzaba la MLS. Un error del arquero Matt Freese permitió el gol de Vanaken —reemplazante del lesionado Madou Onana—, a los 13 del complemento. Y ya sobre el final, en medio de la resignación estadounidense en medio de un estadio sin acústica en el que apenas sonaba el USA del público, Lukaku marcó su tercer gol en el Mundial y elevó el marcador al 4-1. España se enfrentará a una selección que resolvió con orgullo una situación sin precedentes. Trump volverá a aparecer en la final: según dijo Infantino, el presidente de Estados Unidos entregará la Copa del Mundo.