“Hablad ahora. No os escucho”. Romelo Lukaku cerró la goleada de Bélgica a Estados Unidos después de la injerencia de Donald Trump para que la FIFA levantara la sanción al delantero Folarin Balogun, expulsado en el partido anterior ante Bosnia. Lukaku, delantero tanque del Nápoles, marcó el cuarto para los diablos rojos (que vestían de blanco), se marchó corriendo al córner para celebrarlo llevándose una mano al oído y después señalando al palco. Al final, junto a sus compañeros, hicieron el famoso baile del Topo Gigio, popularizado por Trump.
Bélgica hizo justicia al fútbol en Seattle con todo en contra: el presidente de los Estados Unidos y la propia FIFA. Folarin Balogun jugó pero anduvo desaparecido, posiblemente afectado al verse en el ojo del huracán. Nunca en la historia de los Mundiales la FIFA, desde que existen las tarjetas rojas, le había levantado una sanción en los despachos a un futbolista expulsado en el campo. Nacido en Estados Unidos durante un viaje de sus padres, de origen nigeriano pero que vivían en Londres, Balogun se marchó en el minuto 93 del partido casi inédito. Según las estadísticas de la FIFA, apenas tocó 19 veces el balón.
Ese fue uno de los resúmenes de un encuentro en el que Bélgica se impuso en juego e intensidad a la Estados Unidos de Pochettino. De Ketelaere hizo un doblete, Vanaken se unió a la fiesta en el 57 y Lukaku cerró el partido ya en el descuento, para certificar una victoria que apartaba a Estados Unidos de su Mundial a la vez que Donald Trump embarcaba en el Air Force One camino de la cumbre de la OTAN en Ankara. El presidente estadounidense, que reconocía que hasta el otro día no sabía lo que era una tarjeta roja, no ha acudido a ni un solo partido del Mundial. Tampoco a este, pese a la mayor de las injerencias políticas sobre una competición en marcha.










