Punto de encuentroRevertir su cooptación es una tarea urgente e imprescindible.
El pasado miércoles 1 de julio fue un día triste. Esa mañana se concretó el segundo fraude electoral en la Universidad de San Carlos de Guatemala (Usac), con el inicio de otro período como rector de Walter Ramiro Mazariegos Biolis.
Fue una jornada de represión y violencia en contra de estudiantes, trabajadores y profesores que forman parte de los legítimos movimientos de resistencia que se manifestaban en las afueras del campus central. Bombas lacrimógenas, disparos, amenazas e intimidaciones provenientes de grupos de choque apostados dentro de la universidad.
Una confirmación más de lo que Mazariegos ha hecho y está dispuesto a continuar haciendo para mantenerse al frente de la Usac. Acciones que nos remiten a lo sucedido en el Parque de la Industria durante la elección del 2022 y en las afueras del hotel Casa Santo Domingo, lugar donde se llevó a cabo el segundo fraude electoral el pasado 8 de abril.
Al rosario de ilegalidades cometidas durante todo el proceso —que no solamente fueron documentadas, sino que motivaron su suspensión con un fallo judicial que luego fue anulado por la Corte de Constitucionalidad— se suma un nuevo dictamen de la Dirección de Asuntos Jurídicos, que no vela precisamente por los intereses de la universidad pública, sino por los del rector/usurpador y su rosca, de la que ellos mismos forman parte.






