No lanzaron la tradicional botella de champán contra la proa del buque. Tal vez porque estaba el presidente, Recep Tayyip Erdogan, en persona, o tal vez por los altos impuestos al vino espumoso vigentes en Turquía. Pero la corbeta Contralmirante Roman, valorada en 223 millones de euros, fue entregada con mucho ceremonial a Rumanía el 20 de junio pasado en Estambul. Es el primer buque militar que Turquía exporta a un país de la OTAN. Y habrá más, si se cumplen las expectativas turcas para la cumbre de la Alianza Atlántica que comienza este martes en Ankara. La cumbre (7 y 8 de julio) marcará líneas fundamentales para el futuro de la OTAN en un momento en el que el presidente estadounidense, Donald Trump, especula con dar carpetazo a la alianza militar euroamericana y con Rusia proyectando planes de dominio sobre el este de Europa. La postura ante la guerra en Ucrania será el principal tema en la agenda, pero justo en esa cuestión el país anfitrión se pondrá de perfil. De discurso, Ankara siempre ha apoyado la "soberanía e integridad territorial de Ucrania", incluyendo no solo todo el Donbás, sino también Crimea. En la práctica, rehúsa imponer sanciones a Rusia y mantiene buenas relaciones con Moscú, no solo por esa hermosa amistad masculina que a Erdogan le gusta cultivar con tipos que conciben el liderazgo como él mismo, sino también porque no le queda otra. Entre las exportaciones agrícolas turcas a Rusia y el dinero que trae el turismo ruso (6,7 millones de visitantes en 2025), para no hablar del gas, Turquía depende de su vecino. Ya se vio en 2016, cuando Moscú impuso restricciones a ambos sectores (agrícola y turístico, el gas no se toca) en castigo por el derribo de un caza ruso en la frontera sirio-turca en 2015. Puede que la adquisición del sistema antimisiles S-400 a Moscú, en 2017, unos 2.500 millones de dólares por lo que hoy es chatarra, no fuera un descabellado capricho de Erdogan, sino la multa cobrada a Ankara. TE PUEDE INTERESAR Pero si frente a Rusia Turquía no quiere reclamar el respaldo de la OTAN, frente a los demás vecinos no puede. En su eterno rifirrafe con Grecia (y eso incluye Chipre), el papel de la Alianza es únicamente evitar que la cosa llegue a mayores, respaldando a Atenas cuando sea necesario. La guerra contra los kurdos de Siria, ahora congelada, ha sido para Bruselas más una aventura geopolítica innecesaria de un socio díscolo que una valiente defensa de las fronteras de la Alianza. También en su resuelto apoyo militar a Azerbaiyán contra Armenia —la guerra de 2020 la ganaron los drones turcos y sus operadores—, Ankara va por libre. Y frente a su mayor adversario geopolítico, Israel, la OTAN nunca moverá un portaaviones, eso se da por descontado. Y menos con Trump al mando. No, el interés de Turquía al albergar esta cumbre no es buscar un consenso geoestratégico con los socios. Su objetivo coincide mucho más con el del propio Trump: buscar dinero. En los discursos de Trump abogando por una salida de la OTAN, ya desde su primera legislatura en 2019, siempre sale el dinero. Si los demás socios no empezaban a gastar al menos el 2% de su PIB en defensa —marca orientativa acordada en 2014 y sistemáticamente incumplida por los europeos—, el pueblo estadounidense iba a dejar de asumir un gasto que no le corresponde. Simple justicia. Hoy, Estados Unidos representa un 62% del presupuesto militar total de la Alianza (y un 39% de su población y alrededor del 50% de su PIB combinado). Desplazar a Corea del Sur Pero tras la indignación hay interés. Estados Unidos produce el 58% de las armas importadas por los miembros europeos de la OTAN entre 2021 y 2025. Y el volumen no para de subir. Tendencia seguramente impulsada no tanto por los discursos de Trump como por los de Vladimir Putin y sus asesores sobre el derecho natural de Rusia de controlar su flanco occidental. Tras una década de destinar poco más del 1% del PIB a armamento, en 2025 la mayoría de los países europeos ya superan la marca del 2%. En el periodo 2021-2025, Europa ha triplicado su volumen de compra de armamento en comparación con el lustro anterior. Incluso contando solo los países europeos de la OTAN, dejando fuera a Ucrania, la subida ha sido del 143%. Un mercado muy apetecible para Turquía. TE PUEDE INTERESAR Ankara tiene buenas cartas para ir desplazando a su competidor más cercano, que es Corea del Sur. Tras años vendiendo especialmente a los insaciables países del Golfo, a naciones africanas enzarzadas en guerras civiles y a aliados como Pakistán, en 2021 firmó la primera venta de su producto estrella, el dron armado Bayraktar TB2, a un país de la OTAN y la UE: Polonia. Le siguieron Albania, Rumanía y Croacia. Al mismo tiempo, Macedonia y Estonia fueron comprando artillería y vehículos blindados. En diciembre de 2024 acordó la venta de dos buques logísticos auxiliares a la Marina de Portugal (la construcción acaba de arrancar en los astilleros de Tuzla, en la periferia oriental de Estambul). Y en octubre pasado, Madrid firmó un acuerdo para adquirir 30 aviones de entrenamiento Hürjet, de diseño turco, aunque se fabricarán en España, bajo el nombre de Saeta II. Llegar hasta ahí ha tomado su tiempo. A partir de 2010, el Gobierno de Erdogan impulsó un ambicioso programa de desarrollo armamentístico, reclamando la necesidad de disponer de tanques, helicópteros y hasta cazas de fabricación propia, para no depender de potenciales enemigos. Los expertos sabían que el discurso era ficción. Las piezas clave de alta tecnología se siguen importando desde Europa y Norteamérica. TE PUEDE INTERESAR Por eso mismo, al negociar la luz verde al ingreso de Suecia en la OTAN en 2022, Ankara no solo insistió en que el país escandinavo levantara su embargo de venta de armas a Turquía, impuesto por el conflicto con los kurdos en Siria en 2019, sino que Canadá hiciera lo mismo, ya que las piezas canadienses son fundamentales para los drones. Lo consiguió en 2024. Pero la disponibilidad de mano de obra altamente cualificada a la par que barata, clave para la exportación de productos de calidad a bajo coste en el sector textil y automovilístico, también ha facilitado la venta de armas made in Turkey a medio mundo. Desde el lustro 2016-2020 al actual, Turquía ha duplicado su exportación de armamento y se sitúa ahora en el puesto 11 mundial, entre España y Países Bajos. Por ahora, sus principales clientes son Pakistán (un 16 % del volumen), seguido de Emiratos y Ucrania. En la última feria de armamento SAHA, celebrada en Estambul en mayo pasado, el jefe de la industria pública de armamento, Haluk Görgün, aseguró que Turquía exportó 230 "productos de defensa" por valor de 10.500 millones de dólares en 2025, un neto incremento desde los 7.100 millones del año anterior, y diez veces más que en 2010. Una industria de defensa consolidada Cinco compañías turcas se encuentran en la lista del top 100 de la revista Defense News: Aselsan, TAI, Roketsan, Asfat y MKE. A ellos se añaden Arca Defense y Otokar, que produce tanto vehículos civiles como militares, y por supuesto Baykar, que fabrica los drones TB2, empresa propiedad de los hermanos Haluk y Selçuk Bayraktar; el segundo es no solo un ingeniero carismático, sino también yerno de Erdogan. De los 10.500 millones exportados en 2025, unos 4.300 millones fueron a clientes en Europa; 5.600 millones si se añade Estados Unidos. La exportación de armas total turca se ha triplicado desde 2021; la destinada a Europa y Norteamérica se ha cuadruplicado. Este año en SAHA, el sector firmó contratos por valor de 17.900 millones, según Görgün. Los días 7 y 8 de julio toca otra gran feria de armamento: el Foro de Industrias de Defensa, que Ankara organiza de forma paralela a la cumbre de la OTAN. No es la primera vez que este mercadillo de ferretería se coloca al paso de los jefes de Gobierno de la Alianza. Ya se hizo el año pasado en La Haya. Pero esta vez será casi la parte principal del encuentro, a tenor del discurso del secretario general de la Alianza, Mark Rutte, en una comparecencia en Washington el 25 de junio. "En la cumbre tendremos el primer día un gran día de la industria de defensa, veremos un volumen masivo de nuevos contratos, memorandos y declaraciones de intenciones", dijo Rutte. Alabó especialmente el talento de los ingenieros de Aselsan, la fábrica de armas que había recorrido durante su visita a Ankara en abril. En los mismos días, Haluk Güngör había viajado a Bruselas para reunirse con la directora de la Conferencia de Directores de Armamento (CNAD) de la OTAN, Tarja Jaakkola, y otros altos responsables europeos. TE PUEDE INTERESAR Pero pese al entusiasmo de Rutte, Turquía tiene delante un gran obstáculo en forma, precisamente, de la herramienta de la UE diseñada para fomentar la compra de armas: los créditos SAFE. Aprobados en marzo de 2025, ofrecen un volumen total de 150.000 millones para compra de armamento, desde munición y artillería a sistemas de misiles y drones. ¡Drones! Los hermanos Bayraktar estarían encantados, pero ahí está la cláusula. Para pedir un crédito SAFE, el producto adquirido se tiene que haber fabricado en la UE, con un máximo de un 35 % de componentes extranjeros. Se admiten los países EFTA —Noruega, Liechtenstein e Islandia— y Ucrania. Turquía, no. Las empresas turcas ya se preparan para saltarse la barrera porque están invirtiendo en iniciativas de producción conjuntas con empresas europeas, ya no, como antes, con fábricas en Turquía bajo licencia de tecnología foránea, sino al revés: llevando su propia tecnología a los países clientes. El avión de entrenamiento Hürjet, o Saeta II, que se fabricará en España gracias a un acuerdo de TAI con Airbus e Indra, por valor de 2.600 millones, es un ejemplo. La empresa turca Nurol Makina ya manufactura vehículos militares en Hungría, Otokar hace lo mismo en Rumanía, y otra compañía turca, Repkon, prepara en Alemania una planta de producción de granadas de 155 mm, la principal munición gastada en Ucrania. En julio del año pasado, Baykar adquirió la firma italiana Piaggio Aerospace, venerable fabricante de avionetas de lujo, pero insolvente desde 2018, y al mismo tiempo anunció un acuerdo con la empresa de armas italiana Leonardo, una de las mayores del mundo, para producir al 50/50 sus drones Bayraktar en Italia. El trato recibió luz verde de Roma el 17 de junio pasado. TE PUEDE INTERESAR Porque no todo son intereses empresariales de coste, oportunidad y beneficio. La política tiene su voz y veto. Analistas griegos creen que Turquía no podrá acceder a participar —ni siquiera con ese 35 % permitido en los contratos bajo los créditos SAFE— mientras no firme un acuerdo garantizando la ausencia de conflictos con la política exterior de la Unión Europea. Acuerdo que sería fácil de bloquear en el Parlamento Europeo, invocando a Chipre. Pero queda por ver si los gobiernos europeos y sus aliados en la industria no encontrarían alguna circunvalación. Con Putin ante puertas y Trump amenazando con la retirada, Turquía está camino de convertirse en una pieza clave. O eso intentará hacer ver a la alianza este julio en Ankara. También hará ver que es un socio fiable, capaz de mantener todo bajo control. Los asistentes a la cumbre tendrán una experiencia grata, sin molestas interrupciones: no solo estará cerrado al tráfico un área de casi 20 kilómetros cuadrados alrededor del palacio presidencial, donde se celebra el evento; no solo se ha denegado la acreditación a decenas de periodistas turcos inclinados a las preguntas incómodas, no solo estará estrictamente prohibida toda congregación, marcha, protesta, pancarta o folleto en la ciudad; también han sido detenidas y enviadas a prisión preventiva bajo la vaga acusación de "vínculos terroristas" más de 200 personas, entre académicas, abogados, sindicalistas y ecologistas, susceptibles de caer en la tentación de tuitear durante la cumbre. Otra cuestión es si ese control es compatible con la misión, formulada en el preámbulo del Tratado del Atlántico Norte, de "salvaguardar la libertad, la herencia común y la civilización de sus pueblos, basados en los principios de la democracia, las libertades individuales y el imperio de la ley".
Todo por la pasta. El interés de Turquía en la OTAN
Ankara tiene buenas cartas para ir desplazando a su competidor más cercano, que es Corea del Sur. En 2021 firmó la primera venta de su producto estrella, el dron armado Bayraktar TB2, a un país de la OTAN y la UE: Polonia













