Una de las mayores decepciones que mi padre vivió en relación con el FC Barcelona fue la marcha de Luisito Suárez al Inter de Milán. La mía, sin duda, fue la marcha de Leo Messi.Qué gran error dejarle marchar, y qué desperdicio futbolístico y de imagen global ha supuesto para la entidad barcelonista. Jorge Valdano lo resumió con precisión cuando el 10 se fue a París: “Hasta ahora Messi era propiedad del Barcelona, pero a partir de hoy es de todos”. ROBERTO SCHMIDT / AFPMessi se marchó llorando al PSG, forzado por la directiva de Joan Laporta, y dos años después, cuando intentó regresar al Camp Nou, el presidente volvió a cerrarle la puerta.Quienes no se la cerraron fueron los vigilantes del Camp Nou una noche en que el jugador, de visita en Barcelona con la selección argentina, quiso volver a pisar el césped. En un primer momento el club aseguró conocer sus intenciones de visitar el estadio; después reconoció que el astro argentino se había presentado sin previo aviso. Un episodio que dice mucho sobre la relación con el actual presidente.Laporta negó por dos veces a Messi sin medir la proporción de su tremendo errorSentí una enorme alegría, mezclada con una inevitable nostalgia, al ver a Messi levantar el trofeo del Mundial de Qatar en el 2022 y comprobar estos días la admiración que sigue despertando en este Mundial de 2026, al margen de cualquier resultado.Convertido ya en un icono global, cada vez que le veo jugar pienso en el grave error que supuso dejar marchar al mejor futbolista de todos los tiempos y en todo lo que el Barcelona perdió, dentro y fuera del terreno de juego. Pero ese no será el único legado por el que deberá responder Laporta. El Camp Nou no albergará de forma permanente al primer equipo hasta el 2028. Habrán transcurrido cinco años con socios y abonados yendo y viniendo como peones de una obra interminable.La historia acabará situando cada decisión en su lugar. Pero hay una imagen que resume mejor que ninguna otra estos años, la del estadio a medio construir esperando el regreso de una hinchada que ya no puede ver jugar, en esa misma grada, al mejor futbolista de su historia. Dos ausencias distintas, dos decisiones distintas, pero una misma sensación de patrimonio dilapidado. Ninguna cubierta nueva podrá compensar ni borrar la sensación de que el FC Barcelona dejó escapar la oportunidad de conservar para siempre a quien mejor representó su grandeza.
Renunciar al mejor, por Albert Montagut
Una de las mayores decepciones que mi padre vivió en relación con el FC Barcelona fue la marcha de Luisito Suárez al Inter de Milán. La mía, sin duda, fue la marcha de Leo Messi. Qué gran error dejarle marchar, y qué desperdicio futbolístico y de imagen global ha supuesto para...






