Decía el otro día Lamine Yamal con la pachorra que le caracteriza que ser lateral es mucho más ingrato que ser extremo. Su explicación tenía una lógica aplastante. “Yo puedo intentar irme de mi marcador quince veces y escaparme una sola y marcar, y al acabar el partido se hablará de mi gol y no de las quince veces que me frenaron”.A Lamine no le hizo falta marcar para sobresalir contra Portugal. Nuno Mendes, probablemente el mejor lateral izquierdo del mundo, se rompió un músculo en el minuto 53 cuando sucumbió al fin a uno de sus explosivos cambios de ritmo. A Nelson Semedo, su sustituto, le mareó hasta arrancarle una tarjeta amarilla. Demandamos de Lamine una versión cinematográfica en cada partido, olvidando que tiene 18 años y que no hace falta anotar un gol para dejar huella en una función nocturna. Lamine fue un imán para atraer defensas, aspecto que favorece los intereses de todo el colectivo, y no abusó del regate esta vez apostando racionalmente por otra parte de su repertorio: la búsqueda de compañeros en el interior del área. El suyo fue un recital de balones filtrados. Encontró a Olmo, a Oyarzabal, a Ferran Torres... y se entendió de fábula con Pedro Porro.Lamine sigue por tanto en el Mundial dispuesto a vivir nuevas aventuras y a desafiar a nuevos laterales mientras Cristiano Ronaldo, que tiene un año más que el padre del de Rocafonda, se va. El advenimiento del catalán ha coincidido con el declive del fenómeno portugués, convertido hoy en un lastre con peso de yunque para su selección, muy condicionada por un futbolista con más pasado que presente, ya sin futuro. Se fue entre lágrimas.No fue el España-Portugal una oda al buen juego pese a la concentración de talento de ambas selecciones, pero la segunda parte dictó sentencia: Portugal se aculó y España empujó, lo suficiente para premiar la ambición de ganar contrapuesta al miedo a perder. A veces el fútbol detecta esas ligeras diferencias. En el minuto 91, España, a través del triángulo formado por Ferran-Fabián-Merino, fue a por el partido y no se dejó seducir por la agonía de la prórroga, mientras sus rivales se acomodaban ya con descaro hacia ella. Fueron castigados.Abrazo entre Lamine Yamal y Cristiano Ronaldo al acabar el partidoLARS BARON / AFPEl día y la nocheSintiéndolo mucho, hay que referirse a lo sucedido antes de la nocturna victoria de España. Es demasiado gordo.El día nació torcido por culpa de Infantino y Trump, también conocidos como Gianni & Donald, herederos de una larga estirpe de cómicos por parejas (el gordo y el flaco, Abbott y Costello, Faemino y Cansado...), pero sin gracia. Su capacidad de contaminar lo que tocan es radioactiva. La sumisión del primero respecto al segundo roza la práctica del BDSM, así que si el presidente de EE.UU. le pide al de la FIFA que le quite una roja a un jugador de su país contraviniendo una tradición establecida durante décadas se procede y ya está. El supuesto gag consiste en escuchar después a Trump reconocer que de fútbol no tiene ni idea. “No sabía qué demonios era una tarjeta roja”. Resumen gráfico: Trump convertido en el Manneken Pis regando desde Bruselas a toda Bélgica, selección damnificada que tuvo la desgracia de cruzarse en el camino de EE.UU. El mundo del fútbol se queja, pero no se rebela.Redactor Jefe de Deportes de La Vanguardia. Antes subdirector de Mundo Deportivo. Colaborador habitual en medios como RAC1, Esport3 (TV3) y Catalunya Ràdio. Autor del libro 'Jugada personal'.