Lamine Yamal nunca escondió su fanatismo por Neymar. De pequeño, cuando saltaba de la casa de su abuela en Mataró a la de su madre en Granollers, Lamine miraba vídeos de YouTube del brasileño. Fue entonces cuando descubrió que había algo diferente en su bota izquierda: “Cuando bajaba al parque e intentaba hacer lo que hacía Ney, me salía a la primera”.La vida unió a Lamine Yamal con Neymar. Fue el verano pasado, en Brasil. Invitado por el paulista, Lamine viajó a conocer a su ídolo. La acogida superó cualquier expectativa: “Estás en tu casa”. Entre paseos en carrito de golf por el resort que tiene Neymar en Río de Janeiro, partidos de futvóley, otros de iniciación al póker y alguna salida nocturna, Lamine y Neymar conversaban sobre la vida. “Le explicaba cómo cuidar el dinero, cómo invertirlo”, recuerda uno de los presentes. Una frase de Neymar llamó la atención de Lamine: “Mucha gente dice que no gané un Balón de Oro ni un Mundial, pero yo siempre jugué al fútbol para salvar a mi familia. Y eso lo logré”.Neymar y Lamine también hablaron de fútbol, claro. Aunque Yamal entiende que el futuro lo espera en el callejón del 10, conversaron sobre los beneficios y las obligaciones de jugar de extremo. El brasileño, entonces, recordó su temporada 2014-2015, cuando, con Luis Enrique en el banquillo y con Messi y Luis Suárez en el ataque, el Barça se quedó con el triplete, el segundo de su historia. “Corrí para caramba”, le explicó Neymar. A Lamine le hizo gracia la expresión, que significa correr a lo bestia.Era otro Neymar el de 2015. Al servicio de Messi y del equipo, el brasileño fue clave para el Barcelona. Lo hizo en la sombra. No se llevó el MVP de la final (Iniesta), tampoco el del torneo (Messi), pero terminó como máximo goleador de la competición, empatado a diez tantos con Leo y Cristiano. Y, además, corrió para caramba. En esa Champions, Neymar recorrió una media de 10,26 kilómetros por partido. Messi, 8,25.“Cuando llegó al Barça, Neymar cerraba la banda y regresaba en las acciones defensivas. Luego se fue diluyendo y le dejaron a Luis Suárez el trabajo sucio”, recuerdan en la entidad catalana. De entrada en el Camp Nou, Neymar priorizó el colectivo y el Barcelona levantó su quinta Orejona en Berlín 2015. Una lección que Lamine pareció aplicar ante Portugal. Lamine recorrió 9,6 kilómetros. Menos, en cualquier caso, que Oyarzabal, 10,2. Sin embargo, el extremo del Barcelona realizó 10 presiones directas. Pedri y Dani Olmo, segundos en la lista, terminaron con seis. “Para mí hoy Lamine habrá hecho uno de los partidos más importantes de su vida, y al margen de la brillantez o no brillantez, para mí ha sido uno de los partidos que mejor le ha servido para seguir creciendo. Ha trabajado muchísimo. Ha sido espectacular”, subrayó Luis de la Fuente, después de que la Roja se asegurara el pase a los cuartos de final.Según el seleccionador español, el trabajo de Lamine marcó un punto clave en el duelo: la lesión de Nuno Mendes. “Seguramente sea producto de la exigencia que le ha marcado Lamine. No sabemos, pero normalmente cuando a alguien le pasan ese tipo de lesiones es porque estás al límite de tu poder físico”, completó el técnico de España.El análisis de De la Fuente se sustenta en la planilla de Lamine: completó ocho entradas (tres ganadas), tres bloqueos y se impuso en cuatro duelos físicos. “Ha sufrido por el equipo, ha defendido para el equipo”, insistió el seleccionador.Pero Lamine es Lamine. Es decir, no solo se dedicó a agotar a Nuno Mendes y a colaborar en misiones defensivas. Aunque Dani Olmo fue el jugador más influyente en el ataque de España con 17 rupturas de línea intentadas (14 completadas), cinco progresiones con el balón y tres remates, Lamine fue el más determinante: mismos remates que Olmo, nueve progresiones, ocho regates completados. “Cuando ha tenido el balón ha generado siempre dudas e incertidumbres en el rival, ha generado mucho. Creo que puede ser un día muy importante de cara a su crecimiento y a la trayectoria que tiene por delante”, remarcó De la Fuente.No solo el seleccionador valoró el esfuerzo de su chico maravilla. Lamine, que todavía se amarga cuando se le cierra la portería, se marchó feliz de Dallas. “Insisto”, repitió De la Fuente: “Uno de los partidos más importantes en la historia de Lamine en su corta historia, pero brillantísima historia. Y lo que le queda”.Cuando era pequeño copiaba los regates de Neymar; de grande, si se le puede llamar grande a un chaval de 18 años, el sacrificio que enseñó el brasileño en la Champions de 2015. Primero lo imitó, luego lo escuchó. Lo sufrió Portugal.