06/07/2026 06:00 Actualizado a 06/07/2026 07:06 Cuando hace unos años llegábamos a la habitación de un hotel, lo primero que hacíamos era conectar el aparato de televisión. Hoy muchos de nosotros hace tiempo que ya no la encendemos ni una sola vez a lo largo de nuestras estancias.La explicación nos llega desde el otro lado del Canal de la Mancha.Por primera vez en la historia, los adultos británicos pasan más tiempo con sus celulares que viendo televisión. Hoy un británico dedica diariamente unas siete horas y media a navegar por ambos tipos de pantallas. De este modo, la televisión deja de ser el medio dominante. Los móviles están always on (siempre conectados) y nadie puede ya competir con esta nueva extensión electrónica.Y mucho más las nuevas generaciones. Según un estudio de Ofcom solo el 48% de británicos entre 16 y 34 años ven televisión convencional. Cuando en 2018 ese porcentaje era de 76%.Periódicos, revistas y radios (los viejos medios) fueron siempre víctimas de la “pantalla tonta”. Lo que ahora está cambiando, y para siempre, es que los móviles integran todas estas plataformas (nuevas y viejas).Es la nueva versión del “todo en uno”.La buena noticia para los medios tradicionales es que cada uno de ellos (diarios, semanarios, revistas, radios y televisiones) siguen aumentando sus audiencias.Los medios tradicionales se han sofisticado y cada vez más modulan su oferta de contenidos en función de nuevas realidadesNunca como ahora la prensa diaria tuvo más lectores, on y off line. Igual que las revistas o los programas de radio y televisión.Antes de Internet, La Vanguardia tuvo en sus mejores tiempos más o menos un millón de lectores diarios. Cada ejemplar de un diario impreso era entonces leído por una media de tres a cuatro personas. Hoy esa audiencia se ha multiplicado exponencialmente. Y así todos los grandes periódicos del mundo.Redacción de La Vanguardia.LVEl dominio noticioso se extendía además a muchos otros medios porque en sus comienzos la radio y la televisión se limitaban a leer el contenido informativo de los diarios delante de micrófonos y cámaras. Por eso a sus periodistas se les llamaban en el mundo inglés news readers (lectores de noticias).Hoy esos mismos medios tienen ya redacciones que generan gran parte de los contenidos informativos que difunden los nuevos medios digitales. Dependencia que demuestra la necesidad de obtener noticias propias y exclusivas para conseguir la lealtad de millones de personas.Para no ser fagocitados por esas nuevas plataformas de información y entretenimiento, los medios tradicionales se han sofisticado y cada vez más modulan su oferta de contenidos en función de todas estas nuevas realidades.El ejemplo más reciente es The Economist, el semanario británico, que ya era un medio muy selectivo con artículos breves y sintéticos pensados para lectores, audiencias y comunidades críticas y sofisticadas con poco tiempo libre, acaba de rediseñar sus ediciones móviles en dos versiones: de lunes a viernes su página web se limita a dar titulares y textos muy condensados; y durante el fin de semana hace lo contrario con más historias que noticias, más periodismo de análisis y explicación, y formatos más gráficos y audiovisuales. Por ejemplo, cientos de videoclips de uno a tres minutos que ahora son también accesibles por TikTok, Instagram o YouTube.The Economist responde así a los nuevos hábitos de sus lectores. Mientras mantiene inalterable su edición impresa, las suscripciones digitales y en papel llegan ya a casi un millón trescientos mil personas, en las redes sociales llega a 70 millones de seguidores; su aplicación móvil ofrece ahora dos modos de consumo muy diferenciados para una versión móvil que el último año tuvo unos más de 300 millones de visitantes activos. Y cuyos nuevos suscriptores son ya en un 84% digitales y un 16% impresos.Lo más relevante es que si antes la edad media de los suscriptores de The Economist era de 51 años, ahora es de 61 años, una audiencia más madura pero que aumenta conforme la revista es cada vez más digital. Una demostración de que lo digital manda no sólo con la gente más joven, sino que también atrae a los seniors.La revista cuenta con un staff de 462 profesionales (de ellos 319 son periodistas) y donde las mujeres son el 51%. Los ingresos del último año superan ya los 433 millones de euros, con unos beneficios brutos de 59 millones de euros.Cuando comenté estos datos con un directivo del Grupo Economist me dijo: “Nuestro futuro está ligado a la calidad de nuestra redacción y gerencia, pero también a la rentabilidad de todas nuestras operaciones periodísticas, tanto impresas como digitales”.