Vacunarse contra la nostalgia no es incompatible con echar la vista atrás y señalar aciertos; se pueden celebrar los logros del pasado sin santificarlo y señalar sus defectos sin demonizarlo. En esto pensaba mientras veía el pasado domingo el programa que dedicó Anatomía de... a Homo zapping. Ahora la idea misma del zapping nos resulta de otro tiempo. El mando a distancia, apéndice emblema del dominio de la tele generalista, ha sido sustituido por el móvil. Nuestra familia contemporánea de homínidos es el homo scrolling. Tras la irrupción y consolidación de las privadas a primeros de los noventa, en el año 2003, cuando se estrenó Homo zapping, la tele todavía era el ecosistema vicario en el que nos movíamos, el principal altavoz y modelador de la cultura popular, el alfa y el omega de las referencias de la calle. Por eso funcionaban tan bien los programas de zapping: a velocidad tiktokera, los enterados disfrutaban de lo que ya habían visto y los que no lo estaban se ponían al día. Fue mucho más que un programa de imitaciones. Se convirtió en un fenómeno de culto y lanzó a sus intérpretes como estrellas.📱Esta noche, (21:30h): ‘Homo Zapping, fabricando estrellas’ pic.twitter.com/IzvaCIRSCY— ANATOMÍA DE (@anatomia_tv) June 7, 2026