No tiene redes sociales, no graba videos virales inaugurando hospitales o asfaltando calles. Hasta hace nada era un perfecto desconocido, pero ahora ya es una figura popular entre los habitantes de Río de Janeiro. Ricardo Couto, de 61 años, es, desde finales de marzo, el gobernador interino del estado. Llegó al cargo de carambola, tras la dimisión del anterior gobernador, acorralado por la corrupción. Couto, un señor gris, sin un gran carisma, casado y padre de dos hijos, era la solución provisional, pero no ha parado. En tres meses ha cambiado la toga de presidente del Tribunal de Justicia de Río por el traje del tecnócrata que llega para poner orden: ha despedido a miles de trabajadores nombrados a dedo por altos cargos políticos e incluso ha logrado colocar a Río en la senda del equilibrio fiscal.Poco dado a las cámaras, parco en palabras y de discurso monocorde, esta semana se le vio esforzándose para dar algo de empaque a un momento histórico. Firmó con el presidente Luiz Inácio Lula da Silva la entrada del estado de Río en un programa de renegociación de la deuda del Gobierno federal. El segundo estado más rico de Brasil declaró la bancarrota en 2016, en plenos Juegos Olímpicos, y desde entonces estaba asfixiado por una deuda millonaria con Brasilia. A partir de ahora, seguirá pagando (hasta 2056) pero en condiciones más ventajosas y sin intereses. A largo plazo, se espera un ahorro de más de 40.000 millones de reales (7.700 millones de dólares).Con la firma, Couto logra el principal objetivo que se marcó al embarcarse en esta aventura: dejar atrás los números rojos y volver a pensar en grandes inversiones. Como contrapartida, el Gobierno federal exige que ahora se priorice el gasto en salud y educación. “Que Dios te dé toda la suerte del mundo y que puedas transformarte en el gobernador que hizo las correcciones necesarias para que Río de Janeiro funcione”, le deseó Lula en el acto.Nada se sabe sobre las preferencias ideológicas del discreto magistrado, pero es notorio el aprecio que le tiene Lula, que le ha dedicado elogios en varias ocasiones y le ha pedido que continúe al frente del gobierno de Río lo máximo posible. Y es que este juez llegó al sillón de gobernador por una vía sinuosa y sin una fecha de caducidad clara, por la ausencia de sustitutos en la línea sucesoria natural tras la salida del exgobernador bolsonarista Cláudio Castro.No había vicegobernador, y la tercera opción, el presidente de la Asamblea Legislativa, tampoco funcionaba (había sido apartado por vínculos con el narcotráfico). Ya que ni el poder ejecutivo ni el legislativo ofrecían alternativas, la siguiente opción era convocar al máximo representante del poder judicial, el presidente del Tribunal Superior de Justicia.Era un arreglo temporal, hasta que el Tribunal Supremo decidiera si había que elegir a un nuevo gobernador por la vía parlamentaria o si había que convocar a los fluminenses a las urnas. Sus señorías no se han decidido todavía y mientras tanto, los días van pasando. Cada vez parece más claro que Couto se queda hasta que el 1 de enero asuma el cargo el gobernador que salga de las elecciones de octubre.Dadas las extrañas circunstancias de su presentación en sociedad, el juez empezó con cautela, a sabiendas de que no cuenta con la legitimidad que dan las urnas, como reconoció en una de sus escasas entrevistas, con la cadena Globonews: “La idea era hacer una transición para que el Gobierno electo asumiera, pero hay cierto retraso y el estado no puede quedarse parado”, decía, justificando sus primeros movimientos.Ahora, no hay día en que el Diario Oficial no amanezca con un nuevo tijeretazo. Ha puesto en marcha una auditoría interna, ha eliminado 3.600 cargos de trabajadores colocados a dedo por padrinos políticos y ha llevado a la Fiscalía varios indicios de la existencia de trabajadores fantasma. También ha creado nuevas plazas para opositores de perfil técnico.Esos gestos están provocando escenas sorprendentes, como una reciente manifestación de funcionarios públicos en su favor, ataviados con escobas y guantes de látex para apoyar su “limpieza general” y la puesta en valor del servicio público. También llegan aplausos desde la sociedad civil. En el movimiento ecologista, por ejemplo, celebraban incrédulos que por primera vez en años haya una reputada bióloga al frente del órgano que se encarga de la fiscalización ambiental. Donde apenas ha hecho cambios es en un área especialmente sensible, la de seguridad; eso quedará para el próximo gobernador.Durante su trayectoria en la magistratura Couto tenía fama de escuchar con atención a todos sus colegas antes de tomar una decisión. También de ser un gran lector, con su casa y su despacho repletos de libros. No está vinculado a ningún partido, pero le llueven elogios desde la izquierda hasta la derecha moderada. El único sector donde su llegada ha causado resquemor es en el bolsonarismo, que confiaba en poder seguir dominando la maquinaria del estado para llegar con fuerza a las elecciones de octubre.La extrema derecha asumió el poder en Río en 2018, subida a la ola ultra que también llevó a Bolsonaro al Palacio del Planalto en Brasilia. Ahora los vientos soplan en otra dirección. Las encuestas apuntan como claro favorito a Eduardo Paes, el exalcalde de Río, un político de centro aliado de Lula, al que la inesperada llegada de Couto le ha venido de maravilla. Cada vez que el interino levanta una alfombra, aparecen recordatorios de la desastrosa gestión anterior, un regalo en plena precampaña. Si se confirman los pronósticos y gana, Paes encontrará una casa más limpia y ordenada, o al menos no tan diabólica como se esperaba en un principio.