Zeina Salih quiere ver el mar. Tras realizar la charla Cuando la guerra es una nota a pie de página en el CCCB junto a la periodista palestina Mariam Barghouti, la reportera sudanesa apura sus días en la capital catalana con largos paseos y pregunta cómo llegar andando del centro a la playa. El cuerpo le pide paz después de cubrir desde el terreno la guerra de su país, Sudán, y convertirse en una de las pocas periodistas del mundo en lograr acceso a la primera línea del sufrimiento y que sus reportajes, publicados en The Guardian , Financial Times o BBC , le costaran el exilio. Graduada en Relaciones Internacionales en Londres y en Periodismo Internacional en Cardiff, lleva diez años dando voz a las víctimas de uno de los conflictos más olvidados del mundo. “Es un sufrimiento sin fin. Ha habido muchos crímenes, demasiados. El horror que he visto en la guerra de mi país es simplemente inimaginable”.Desinterés mediáticoTuve acceso a lugares donde nadie podía llegar y me costó publicar mis reportajes¿Por qué Sudán, pese a ser una de las mayores crisis humanitarias, apenas aparece en la agenda internacional?No lo sé, sinceramente. Quizás una de las razones es que no es algo nuevo. La guerra civil empezó en 1955, meses antes de la independencia de Reino Unido y Egipto. Siempre ha habido personas huyendo de la guerra en mi país. Quizás el olvido también viene de que Sudán está geográficamente lejos de vosotros, los medios occidentales. Supongo que los editores priorizan historias más cercanas y que preocupen más a su audiencia. Además, creo que las redacciones aún no incluyen la misma diversidad que hay en las calles y eso afecta a su mirada.Debe de ser frustrante…Es triste. Soy periodista freelance y tengo muchos problemas para publicar mis historias a pesar de que he tenido acceso a lugares donde casi ningún reportero ha logrado acceder. He estado en zonas controladas tanto por las Fuerzas de Apoyo Rápido (FAR) como por las Fuerzas Armadas Sudanesas (FAS) y regresé con vida con historias únicas, realmente interesantes, pero fue muy difícil publicarlas. Viajé a EE.UU. y Europa para formarme, aprendí inglés porque pensé que así sería más fácil, pero no lo fue. Es bastante frustrante.Sufrimiento sin finHe visto asesinatos, violaciones, mercados de armas a plena luz del día, arrestos arbitrarios de inocentes, familias atrapadas que mendigan por algo de comida…Las matanzas de civiles tras el sitio de El Fasher por parte de las FAR atrajeron brevemente la atención mundial.El sufrimiento fue mucho mayor del que la gente pudo haber visto en los medios o redes sociales. He estado en la ciudad de El Fasher tres veces, viajo independientemente, sin acompañar a ningún grupo armado u organización humanitaria, y puedo asegurar que la población sufrió enormemente. Fue una advertencia: quienes os resistáis, sufriréis el mismo destino y moriréis.El beneficio de la guerraEl oro tiene un papel clave, ambos bandos compran apoyos con esa enorme riqueza¿Qué viste en aquellas zonas en guerra?He visto asesinatos, violaciones, mercados de armas a plena luz del día, arrestos arbitrarios de personas inocentes que son detenidos durante meses o simplemente desaparecen, familias atrapadas que tenían una buena vida y ahora mendigan por algo de comida… También hay mucho odio racial. Un primo mío, que no tenía ninguna conexión con ningún grupo político o armado, fue asesinado porque era de una etnia diferente. Hay miles de casos así.La Primavera Árabe en Sudán derrocó al dictador Omar Al Bashir, pero derivó en una guerra atroz. ¿Crees que la revolución fue un error?De ninguna manera, la revolución fue algo verdadero, representó el sentir del pueblo sudanés. No creo que el error fuera que nos rebeláramos ante la injusticia y la dictadura; acabó mal porque las élites y los poderes regionales e internacionales se aprovecharon de ello, pero la revolución era el único camino para que el pueblo sudanés se deshiciera de la opresión y la violencia. Espero que en el futuro lo consigamos.Precisamente en tus textos siempre denuncias que en la guerra de Sudán participan decenas de países extranjerosHay muchos actores internacionales detrás de la guerra, incluso occidentales, pero aún así nadie parece interesado en el sufrimiento de los sudaneses. No es solo una lucha por el poder de los generales Burhan y Hemedti. Empezó como algo local pero ya es una guerra proxy donde hay evidencias de que Emiratos Árabes Unidos apoya a las FAR, que recibe armas de contrabando desde Libia o Chad, o de que el ejército de Sudán tiene el apoyo de Egipto, Irán, Turquía o Qatar.Refugiados sudaneses llegan a un campamento en Oure Cassoni, en la frontera de Chad, el pasado mes de febrero. Dan Kitwood / Getty¿El oro es la riqueza maldita de Sudán?El oro juega un papel clave en esta guerra. Sudán tiene las terceras mayores reservas de oro de África y ambos bandos comercian con esa riqueza para comprar apoyos. El oro de las zonas rebeldes de las FAR viaja a Emiratos y hay compañías de Egipto, a quien también interesan las tierras fértiles, al frente de minas de oro.¿Qué responsabilidad tienen las élites sudanesas?Hay que señalarlas totalmente. El derrumbe del estado ocurre por su culpa porque no han sido capaces de gestionar la diversidad del país y han dejado que intereses extranjeros entren en Sudán.¿Y el futuro? ¿Qué heridas serán más difíciles de cicatrizar?Creo que lo más difícil será volver a unirnos como pueblo y ser capaces de confiar en el otro y vivir pacíficamente. Ese odio es una de las cosas más peligrosas que ocurre en una guerra. La desconfianza envenena todo.Tu trabajo te ha costado el exilio por amenazas de muerte.Mis reportajes molestaron a ambos bandos porque los dos son criminales y si les señalas sus crímenes te odian. Por eso me amenazan de muerte tanto unos como otros. Vi cómo mataban a civiles y violaban a mujeres, cómo robaban casas… los dos cometen crímenes y es lo que conté. Ahora no puedo volver porque me amenazan por lo que vi y escribí, pero pienso seguir contándolo.Licenciado en Periodismo y eterno estudiante de Ciencias Políticas. Amante de las maletas improvisadas y de abrir bien los ojos al viajar, tengo predilección por África y sus gentes