Finlandia y Suecia se unieron a la OTAN convencidas de que contar con el respaldo de Estados Unidos como pilar fundamental de la defensa europea era la mejor forma de protegerse frente a la amenaza latente de Rusia. Pero desde entonces, el presidente norteamericano Donald Trump ha amenazado con tomar por la fuerza Groenlandia, ha detenido temporalmente el envío de ayuda militar a Ucrania y ha anunciado que las tropas norteamericanas se retirarán progresivamente de Europa. Todo ello, acompañado de una retórica agresiva de la Casa Blanca hacia sus aliados, una tormenta de aranceles y una nueva estrategia de seguridad nacional del Pentágono que mantiene un enfoque marcadamente crítico con las relaciones transatlánticas. Nadie podría culpar a los nuevos socios nórdicos de sentirse como los dos últimos pasajeros del Titanic: llegaron justo a tiempo para subirse a un barco destinado a hundirse. No es que sus gobiernos, ni sus sociedades, se arrepientan de haber entrado en la Alianza Atlántica. Pero la inquietud creciente sobre el compromiso de Estados Unidos está erosionando la confianza mutua dentro de la OTAN en vísperas de la cumbre anual que se celebrará en Ankara los próximos 7 y 8 de julio. En la declaración sobre las principales líneas de la política exterior sueca, la ministra de Asuntos Exteriores, Maria Malmer Stenergard, afirmó este año que “Estados Unidos está actuando de una manera que socava la confianza y contradice los valores europeos”. A la misma conclusión también llegó el Comité de Defensa del gobierno finlandés, que en uno de sus informes subrayaba que “el entorno de la cooperación transatlántica se caracteriza ahora por la imprevisibilidad, los cambios bruscos de estrategia y una retórica más dura”. En el trasfondo de las preocupaciones está el hecho de que, hasta ahora, la OTAN había sido una alianza militar de defensa basada en la premisa de que un ataque contra uno de los aliados era un ataque entre todos, también contra los EEUU. La garantía de seguridad era que esta premisa era incondicional. Sin embargo, los países que conforman el flanco norte y comparten frontera con Rusia temen que, con Trump en la Casa Blanca, todo sea negociable, y la ayuda entre aliados puede cambiar en cualquier momento. TE PUEDE INTERESAR “La OTAN que teníamos antes está muerta”, asegura Magnus Christiansson, investigador de la Academia de Defensa Nacional sueca. “Se producen muchas reuniones, la organización tiene mucha actividad y se firman acuerdos, pero mientras no se pueda confiar en los estadounidenses y el Artículo 5 (que garantiza la defensa colectiva) sea negociable, entonces no tenemos la OTAN que teníamos antes” dice el experto. Desde Helsinki, la experta en el Instituto Finés de Asuntos Internacionales (FIIA), Iro Särkkä, también lo expresa con contundencia: “Es un hecho que la OTAN a la que Finlandia se unió en 2023 ya no es la misma OTAN que es hoy”. Sin descanso Una vez pasó el temor por Groenlandia, en parte gracias a la diplomacia aduladora del secretario general de la OTAN, Mark Rute, llegó la guerra de Irán, que volvió a confrontar a los países europeos con los EEUU. Más tarde, a mediados de mayo, Polonia quedó atónita al enterarse de que Washington había cancelado el despliegue de 4.000 soldados estadounidenses, mientras que en Alemania la Casa Blanca anunció la reducción de efectivos en el país. “Lo preocupante es que se hace sin ningún tipo de proceso ordenado, EEUU se retiran de estos acuerdos por lo que pasó en la Operación Furia en el estrecho de Ormuz para castigar a los europeos” dice el analista Magnus Christiansson. TE PUEDE INTERESAR En este escenario, “Suecia es consciente de que debe asumir una mayor responsabilidad en materia de seguridad, invertir en defensa y fortalecer su cooperación con los países vecinos del Báltico y el Ártico, y esto se debe llevar a cabo con rapidez” señala Christiansson. En relación a esto, desde su ingreso en la OTAN en 2024, Suecia ha acelerado de forma significativa su rearme, incrementando el presupuesto en defensa un 18% en el último año respecto a 2025, y aumentando de forma gradual el número de reclutas hasta llegar a los 8.000 soldados que cada año completen la formación básica. Otro movimiento de Suecia ha sido su acercamiento a Francia para debatir sobre la disuasión nuclear europea como posible complemento del paraguas nuclear de la OTAN. Esta aproximación no implica acceso al arsenal francés, sino la creación de un canal de cooperación política y estratégica entre París, Estocolmo y ocho países más que los franceses han denominado como “disuasión avanzada”. Por su parte, el retiro de tropas estadounidenses en Europa preocupa menos en Finlandia, ya que según la analista Iro Särkkä, “cuando nos unimos a la OTAN no pedimos una mayor presencia militar en Finlandia gracias a que nuestra defensa nacional es muy sólida”. La experta subraya que “mientras Estados Unidos mantenga la capacidad básica y la capacidad real de disuasión nuclear en Europa, lo demás nos afecta poco, más allá de desmantelar el clima de confianza dentro de la alianza” dice Särkkä. La integración avanza muy lentamente Pero, a pesar de las señales enviadas por los líderes europeos y del esfuerzo de los países de la UE por aumentar sus capacidades en defensa y reducir su dependencia de Estados Unidos, los expertos advierten de que este proceso avanza muy lentamente. "Dado que entre los países nórdicos compartimos un entorno, unos riesgos y unas amenazas similares a nuestra seguridad, creo que deberíamos integrarnos, pero dentro de la OTAN, haciendo que sea más europea” sostiene Särkka. No obstante, la experta finlandesa reconoce que ese cambio de mentalidad aún está lejos de completarse: “Finlandia aún tiene mucho trabajo por hacer en ese sentido, para comprender que ahora también debemos abrir las puertas a otros”. TE PUEDE INTERESAR Según el investigador Magnus Christiansson, tras la adhesión de Suecia y Finlandia a la OTAN, la arquitectura de seguridad del norte de Europa puede entenderse como un "pastel de varias capas". "La base son las capacidades de defensa nacionales, sobre las que se construye la cooperación bilateral entre los países del flanco norte", explica. “El siguiente nivel corresponde a la cooperación regional, a través de iniciativas como la Fuerza Expedicionaria Conjunta (JEF), que reúne a los países nórdicos y bálticos junto con Reino Unido y Países Bajos, mientras que la capa superior la constituye la estructura de defensa colectiva de la OTAN”. Con todo, Christiansson advierte de que esa integración exige también un cambio de enfoque: "Tenemos que superar nuestra cultura estratégica tradicional y una visión demasiado nacional de la defensa para que este modelo funcione plenamente".