Los expertos creen que una agresión militar por parte del principal aliado a un socio más pequeño supondría un golpe a la Alianza del que sería difícil que se recuperara

Donald Trump ha puesto a la OTAN ante un dilema existencial. El presidente estadounidense lleva tiempo cargando contra la organización militar. Ha llegado incluso a poner en duda su corazón, su principio fundamental: la cláusula de la defensa mutua. Ahora, las amenazas de la Casa Blanca contra Groenlandia, un territorio autónomo que forma parte de Dinamarca —país como Estados Unidos miembro de la OTAN—,

ga-con-groenlandia-somos-una-superpotencia.html" data-link-track-dtm="">sin descartar la opción militar, pueden dinamitar la alianza transatlántica en la que Europa ha confiado para su seguridad desde el final de la Segunda Guerra Mundial.

La primera ministra danesa, Mette Frederiksen, ha lanzado una advertencia inusualmente dura: “Si Estados Unidos elige atacar militarmente a otro país de la OTAN, entonces todo se detiene, incluida la OTAN y, por lo tanto, la seguridad que se ha establecido desde el final de la Segunda Guerra Mundial”. Pero la herida ya está abierta en canal y el resto de países europeos digiere a la fuerza que el nuevo orden ha llegado para quedarse.