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julio

01:44Suele recordar Gonzalo M. Quintero que los nombres de las guerras son todos "falsos", ya que la mayor parte de las veces se ponen a posteriori e incluso de forma confusa. Y eso es lo que ocurre con la llamada Guerra de la Independencia de los EEUU, un conflicto m�s de los que durante el siglo XVIII enfrent� a las principales potencias imperiales (la espa�ola y la francesa, por un lado, y la brit�nica por otro) que tuvo como consecuencia, no como objetivo inicial, que 13 de las 26 colonias brit�nicas en el norte del continente americano declarasen conjuntamente su independencia el 4 de julio de 1776. Una uni�n circunstancial que ser�a el germen de un nuevo pa�s, EEUU, cuya Constituci�n tendr�a que esperar a�n hasta 1788 y un a�o m�s para elegir a su primer presidente, George Washington.Aunque sea poco conocido, pese a la cada vez m�s abundante bibliograf�a sobre la cuesti�n, en aquella primera Declaraci�n de Independencia, de la que ahora se celebra el 250 aniversario, la Monarqu�a espa�ola jug� un papel determinante. No pod�a ser de otra forma, ya que para esas fechas, al menos dos tercios de lo que hoy es el territorio estadounidense pertenec�a a Espa�a, desde el valle del r�o Misisipi hasta la costa Oeste, lo que inclu�a la Luisiana, California y M�xico. Adem�s, desde ah�, y hasta el Estrecho de Magallanes, salvo Brasil y algunos enclaves franceses y holandeses, la mayor parte del continente hablaba espa�ol.Para saber m�sPor otra parte, la Guerra de Sucesi�n, iniciada en 1701 y que supuso la salida de los Austrias y la llegada de los Borbones a nuestro pa�s, hab�a abierto un nuevo periodo de encarnizadas luchas por la hegemon�a mundial y el control de las riquezas del continente americano entre el imperio brit�nico (contra quien Felipe II hab�a mandado la Armada Invencible a finales del siglo XVI) y la reci�n inaugurada alianza entre las monarqu�as espa�ola y francesa, que ya compart�an dinast�a reinante.Por todo esto, el conflicto que se inicia en 1775 no tiene lugar s�lo en Norteam�rica, sino que se libra tambi�n en el Caribe y Centroam�rica, as� como en Gibraltar y Menorca, en manos inglesas desde el Tratado de Utrech (1714). En su monumental y exhaustiva obra publicada por Alianza El enemigo de mi enemigo: Espa�a en la Guerra de Independencia de los Estados Unidos de Norteam�rica (1775-1783), el diplom�tico e historiador Gonzalo M. Quintero se�ala que "la entrada en el conflicto de Francia primero, y Espa�a despu�s, determinar�a que lo que comenz� como una revuelta en 1775, que la Declaraci�n de Independencia de 1776 transform� en una revoluci�n, acabase convirti�ndose en una guerra de �mbito global (...) La humillaci�n de la ocupaci�n brit�nica de La Habana y Manila durante la Guerra de los Siete A�os (1756-1763) y de la p�rdida de las Floridas supuso una llamada de atenci�n para el gobierno espa�ol, que decidi� acometer en�rgicamente un plan de reformas imperiales".'La marcha de G�lvez' (2018).AUGUSTO FERRER-DALMAUReinaba entonces Carlos III y entre sus ministros sobresal�an figuras como la de los condes de Aranda y de Floridablanca, adem�s de "una brillante generaci�n de servidores del Estado entre los que destacaba Bernardo de G�lvez (1746-1786)", militar y pol�tico espa�ol, que desde 1777 era gobernador en la Luisiana y que se convertir�a en h�roe gracias a su victoria en la batalla de Pensacola (1781), que permiti� que Espa�a recuperase Florida y que Gran Breta�a perdiese un alto n�mero de efectivos.EL ENEMIGO DE MI ENEMIGO"Cuando Espa�a entra en guerra", explica Quintero en conversaci�n con LOC, "ten�a una serie de objetivos entre los cuales no estaba la independencia de las 13 colonias brit�nicas. Espa�a se plantea a qui�n quiere tener como vecino, a un imperio como el brit�nico o a unas colonias que eran d�biles, que no ten�an ej�rcito, que eran pobres y que terminar�an pele�ndose entre ellas. Entonces se pensaba que s�lo pod�an ser viables las rep�blicas en territorios peque�os como Holanda o Venecia. Las cosas cambiaron, pero 30 a�os despu�s".De esta forma, Espa�a apoy� financiera y militarmente a los revolucionarios norteamericanos a trav�s de comerciantes que suministraron armas y municiones e incluso armaron buques corsarios con el principal objetivo de debilitar al imperio brit�nico. "Una prueba m�s de que la raz�n de Estado o el inter�s nacional ser�an los que guiasen las acciones de todos los contendientes es que ni a Espa�a ni a EEUU les conven�a la victoria total de las armas del otro, sino que este continuase combatiendo para dividir las fuerzas navales y militares brit�nicas, aplicando el principio de ayudar al enemigo de mi enemigo". Por eso, algunos �xitos espa�oles como el conseguido por G�lvez en Pensacola, no eran celebrados por las colonias independentistas, "porque se pod�an ver amenazadas sus pretensiones de expansi�n territorial, principalmente en las Floridas".De los objetivos en la guerra, concluye Quintero, "Espa�a �nicamente no pudo conseguir el de la restituci�n de Gibraltar, y pese a que era el principal, los dem�s no carec�an de importancia. En la defensa de sus intereses nacionales, el gobierno espa�ol de la �poca ten�a una visi�n imperial o atl�ntica y no peninsular, lo que supon�a que los territorios americanos eran tan vitales como los europeos. Cuando en el transcurso de las negociaciones para la firma del tratado final de paz los brit�nicos ofrecieron devolver Gibraltar a cambio de Puerto Rico, el gobierno espa�ol rechaz� la propuesta por considerar que la presencia brit�nica en la isla caribe�a representaba un riesgo mucho mayor para el conjunto del imperio".