Nos hemos acostumbrado tanto a que no se puedan debatir las cosas sin caer en una trinchera de polarizaci�n, que corremos el riesgo de que pasen como normales disparates como doblar el censo de los residentes en el exterior de golpe y porrazo, en funci�n de una instrucci�n sobre una disposici�n adicional de una ley de hace cuatro a�os.El voto de los espa�oles que residen en otros pa�ses ha sido objeto de debate durante toda la democracia y por las razones evidentes: qu� seguridad ofrece un sistema de votaci�n a cientos o miles de kil�metros de Espa�a, que depende de la colaboraci�n de otros pa�ses y sobre el que ha habido permanentes sospechas.Adolfo Su�rez incluy� a los emigrantes en la votaci�n del refer�ndum para la reforma pol�tica de 1976, pista de salida de la Transici�n. A partir de ah�, se fue articulando un sistema, reconocido primero en la Constituci�n y articulado despu�s en la Ley Electoral de 1985 con la creaci�n del CERA, un censo propio para lo que se defini� como "residentes ausentes", nombre que da la medida de lo que se trataba: espa�oles que se hab�an ido a otro pa�s a trabajar. En la cabeza de los legisladores estaba la emigraci�n de los a�os 50 y 60, mucha de la cual regres� a Espa�a en los 80 y 90, sin que el CERA disminuyera, sino todo lo contrario. Es tan evidente que lo de ahora es otra cosa distinta que deber�a ser absurda, por obvia, la discusi�n sobre la necesidad de afrontar una reforma del sistema.Como en 2026 hablar de fraude electoral o de garant�as democr�ticas ha pasado a ser se�al de conspiranoia y trumpismo, dejemos que hablen nuestros diputados en algunos de los muchos debates que ha acogido el Congreso sobre el voto exterior. Sin remontarnos de m�s, en 2011, cuando se aprob� una reforma restrictiva que elimin� el CERA de las elecciones municipales e introdujo el voto rogado para las dem�s, el diputado Francisco Jorquera, del BNG, argumentaba "las escasas garant�as para asegurar la personalidad de los electores" y aseguraba que "en cada proceso electoral se detectan irregularidades". Por ello, ped�a Jorquera "limitar el alcance del derecho al sufragio strictu sensu, es decir, a aquellos ciudadanos espa�oles que hayan nacido o residido en el Estado espa�ol durante un cierto periodo de tiempo".Todo un Aitor Esteban, omnipresente, dec�a en un debate el 9 de julio de 2010 que "nos encontramos con personas que tienen la nacionalidad espa�ola y nunca han pisado el territorio del Estado espa�ol". Le parec�a que "no ten�a mucho sentido" que votaran en elecciones municipales y a�ad�a que "se podr�a poner en cuesti�n el voto a las Cortes". Entonces el CERA ten�a 1,3 millones, hoy va hacia los 5 millones.En 2022, en un ambiente muy distinto, el Congreso anul� el voto rogado. La diputada socialista Pilar Cancela, con el PSOE ya entonces gobernando con Podemos, pidi� perd�n en la C�mara, como suena, pero justific� que "hab�a la sospecha de la existencia de irregularidades en la emisi�n y en el recuento del voto exterior".Cancela es hija de emigrantes, nacida en Alemania, con juventud vivida en Venezuela y retornada despu�s a Galicia. O sea que no era sospechosa y m�s bien sab�a de lo que hablaba. Cerr� su intervenci�n pidiendo "aportar garant�as de fiabilidad y confianza en el proceso electoral". �Se han aportado? Cancela es hoy secretaria de Estado de Migraciones, debe saberlo mejor que nadie.El diputado de Bildu Jon I�arritu dec�a ufano en ese debate que "hay mucha gente inscrita en el CERA que falleci� hace muchos a�os" y aseguraba que �l personalmente hab�a hecho una consulta al censo exterior y hab�a encontrado "m�s de siete personas nacidas antes del a�o 1900". Por su parte, el parlamentario del PNV Mikel Legarda citaba las "fundadas sospechas de fraude electoral" y que "se lleg� a denunciar la existencia de m�s gallegos centenarios en Buenos Aires que en toda Galicia".El PP apoy� aquella reforma, pero pidi� reforzar los "tr�mites de identificaci�n de la identidad del lector". "Facilitar la participaci�n de nuestros compatriotas en el exterior, s�, pero sin merma de garant�as", finalizaba su intervenci�n el diputado Berm�dez de Castro. Galicia estaba en boca de todos porque Galicia siempre fue el lugar del voto exterior. Unas elecciones en concreto estuvieron marcadas por el CERA, las auton�micas de 2005 en las que el PP perdi� la mayor�a absoluta. "Galicia pendiente de la emigraci�n", titulamos en EL MUNDO a cinco columnas la jornada electoral. Las sacas exteriores de la provincia de Pontevedra ten�an que decidir el �ltimo esca�o y se desataron unos d�as fren�ticos. Fraga lleg� a telefonear a Ra�l Castro para que Ch�vez liberara miles de papeletas que supuestamente ten�a bloqueadas en el aeropuerto de Caracas, y en Argentina se publicaron noticias de que Touri�o, el candidato del PSOE, se hab�a reunido con el entonces presidente argentino, N�stor Kirchner, a petici�n de Zapatero. "Ayuda secreta de la Casa Rosada al triunfo de los socialistas en Galicia", lleg� a titular Clar�n.Portada de las elecciones gallegas de 2005.El MundoEl asunto es que el PSOE se dispar� en el voto CERA en Pontevedra, pasando del 23% al 44%, y eso le asegur� el Gobierno de Galicia. Historia de nuestro voto exterior que tuvo dos testigos de excepci�n desde la segunda l�nea. Uno se llamaba Alberto N��ez Feij�o y era vicepresidente de la Xunta e inminente sucesor de Fraga. El otro se llamaba Pedro S�nchez y hab�a sido enviado a Galicia por Pepe Blanco dentro del equipo electoral socialista. Una competici�n en diferido 20 a�os antes de la que ahora juegan en directo. Es de suponer que algo aprender�an entonces. Qui�n sabe si ahora acabaremos con un titular de "Espa�a pendiente de la emigraci�n".