NoticiaEste restaurante construyó su reputación de la manera más auténtica: haciendo comida rica.Mauricio Silva Guzmán, periodista y escritor. Foto: Pablo Salgado05.07.2026 10:11 Actualizado: 05.07.2026 10:11

En 2021, en un local de apenas 30 puestos, Sakura abrió sus puertas en el norte de Bogotá. Era un rincón medio escondido con una propuesta tan simple como puntual: un buen plato de ramen. Hace un año, aquel proyecto modesto se transformó en un restaurante –digamos que japonés con ingredientes colombianos– con el doble de capacidad, bien montado, cálido y apetitoso: Sakura Ramen Bar. LEA TAMBIÉN Lo admirable, por supuesto, no fue solamente su crecimiento. Fue la forma en que ocurrió. El local no se volvió popular por una estrategia de mercadeo. Creció porque es rico –y a precios asequibles– y porque la gente salía y sale satisfecha. En otras palabras, construyó su reputación de la manera más auténtica: haciendo comida rica. Así de sencillo, así de difícil.Sus generosos ramen siguen siendo los protagonistas. Hay cinco tipos: tres de cerdo –uno de ellos picante–, uno de vaca y uno vegano, todos ellos con caldos profundos e ingredientes bien trabajados. Dos de campeonato: el tradicional, con caldo de pollo y cerdo –en cocción lenta por 12 horas–, con bondiola y huevo marinado, aromatizado con aceite de ajonjolí; y el de caldo de res, con sobrebarriga en cocción lenta, huevo marinado y aguacate, aromatizado con aceite de cilantro. Muy restauradores, sólidos y, ambos, a un precio de 54.000 pesos. LEA TAMBIÉN Pero sería injusto reducir el éxito del lugar a un solo plato. Hay una pretensión clara detrás de una propuesta japonesa que no le teme al diálogo con el producto local, con otros sabores, con otras culturas. Para empezar, muy recomendados los dumplings de langostinos, vegetales y especias, acompañados de mayonesa de miso y salsa de tamarindo (gran bocado). Atención a su milhoja de papa, acompañada de una mayonesa de chiles fermentados y queso azul; así como a sus croquetas (que son una especie de korokke reinterpretado) de pollo y setas, servidas con salsa de pimentón ahumado y hojuelas de atún seco. Esta últimas dos, bien gustosas.Entre sus fuertes, destaca un arroz cremoso de langostinos, de sabor profundo y ahumado, con shitakes frescos y espárragos que recomiendo mucho, así como sus raviolis de berenjenas, queso de cabra, aceite de trufa, salsa de ajonjolí, dashi y cilantro.Y en la sección dulce, hay que probar un curioso mousse de té matcha con capas de galletas bañadas en café (aún me sigo preguntando si es una genialidad o un error) y un cheesecake de chocolate oscuro, con crema de queso Mascarpone y cristales de caramelo salado (ese sí, impecable). LEA TAMBIÉN Sakura, que repito es una especie de restaurante japonés colombianizado, ha sabido mantener una propuesta accesible para el nivel de experiencia que ofrece. La sensación al salir no es la de haber pagado por una moda, sino la de haber recibido exactamente lo que se esperaba: buena comida, bien hecha, a precio justo. Ojalá hubiera más lugares así en Bogotá.Sakura. Carrera 10 n.º 96-55, Bogotá. Cel: 3133631151.Mauricio SilvaPara EL TIEMPO@msilvaazul Sigue toda la información de Cultura en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.