La semana pasada hubo un anuncio importante con respecto a las negociaciones sobre la continuidad o no del Tratado de Libre Comercio entre México, Estados Unidos y Canadá, mejor conocido como T-MEC. El anuncio consistió en la posición de partida negociadora de cada uno de los tres países: mientras que México y Canadá externaron su deseo de ampliar la vigencia del T-MEC por 16 años más (esto es, hasta 2042), el gobierno de Estados Unidos manifestó su postura de no extenderlo todavía, sino de continuar negociando y revisando aspectos específicos del Tratado. Esta postura, sin embargo, no implica, ni mucho menos, el fin del Tratado. Como es sabido, el Tratado tiene vigencia hasta el año 2036, es decir, seguirá operando al menos por una década más. Mientras tanto, las tres partes podrán continuar dialogando sobre temas específicos que deseen revisar. Si en algún momento llegaran a resolverse las diferencias existentes, el acuerdo podría extenderse por 16 años más.Evidentemente, esta situación no es la óptima para la región, ya que se mantiene la incertidumbre sobre la duración del acuerdo comercial. Esto perjudica especialmente a proyectos cuya rentabilidad depende de perspectivas y escenarios de mediano y largo plazo. Sin embargo, tampoco es una situación tan grave, ya que el Tratado continúa vigente y, lo más importante, se manda la señal de que existe la voluntad política de las tres partes para continuar avanzando en la resolución de las diferencias existentes. Es por esta razón que el anuncio no afectó en forma significativa a los mercados financieros ni al tipo de cambio. Es claro para todos los analistas que el tratado comercial permanece y que, tarde o temprano, se llegará a algún acuerdo entre los tres países de la región.¿Por qué se piensa que eventualmente se llegará a algún acuerdo? ¿Qué produce tanta seguridad entre observadores y analistas? La razón estriba en que ningún político come lumbre. Para todos es evidente que el tratado comercial es indispensable para la región entera y que los habitantes de los tres países se han beneficiado de la existencia del tratado, ya sea como consumidores o como productores. La integración de las cadenas de valor y de producción en la región es tan poderosa que ni siquiera el presidente Trump está dispuesto a interrumpirla. A eso se debe que la imposición de aranceles ha respetado en su gran mayoría a los productos que se comercian bajo este acuerdo (la excepción han sido los productos de acero y aluminio, pero esos responden a una lógica distinta y a la presión de grupos de interés muy poderosos en Estados Unidos). El costo para los consumidores estadounidenses sería altísimo si esto cambiara súbitamente.En este contexto, resulta interesante comentar los resultados de una encuesta trinacional reciente sobre el tema del T-MEC. La encuesta fue realizada al alimón por Buendía & Márquez en México, por The Chicago Council on Global Affairs en Estados Unidos y por Nanos Research en Canadá. A la pregunta de “¿Cree que el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (también conocido como T-MEC) es bueno o malo para la economía de su país?”, el 73% de los mexicanos considera que es bueno, al igual que el 78% de los estadounidenses y el 81% de los canadienses.De entrada, llama la atención que el porcentaje de gente que cree que el tratado ha sido bueno para su país sea más alto en Estados Unidos que en México. Sin embargo, lo más sorprendente de todo, es la creciente percepción positiva del T-MEC en Estados Unidos, ya que, en 2017, el primer año de la primera presidencia de Trump, este porcentaje era de solo el 54%, por lo que el aumento de la percepción positiva del tratado en menos de una década ha sido de 24 puntos porcentuales.Otro resultado de la encuesta que llama la atención es el relativo a qué situación describe mejor la postura de los encuestados: si creen que su país debe mantenerse en el T-MEC en su estado actual, si creen que debe hacer lo necesario para renegociar el tratado o si creen que su país debe salirse. El 51% de los estadunidenses cree que su país debe continuar en el tratado en las condiciones actuales, lo que contrasta con los mexicanos, de los cuales solo el 19% está de acuerdo con esta postura. Sorprendentemente, el porcentaje de estadunidenses que creen que debe renegociarse el T-MEC es muy inferior al de los mexicanos (36% versus 50%). De igual forma, la población estadunidense es muy poco entusiasta de la opción de salirse del acuerdo, ya que solo el 8% coincide con esta postura.Como se puede ver, la gran mayoría de los estadunidenses están satisfechos con el T-MEC, creen que este ha sido positivo para su país y más de la mitad de ellos creen que no es necesario renegociar los términos del acuerdo. En México y Canadá la percepción de satisfacción con el acuerdo es también muy positiva, lo que coincide con la postura de sus respectivos gobiernos. En ese sentido, es muy poco probable que el T-MEC no vaya a continuar, a menos que el gobierno de Estados Unidos decida ir en contra de la opinión mayoritaria de su población. Evidentemente, esto es muy poco probable, lo que explica la confianza y certidumbre de observadores y analistas de que más temprano que tarde se ratificará el T-MEC.