Sorprendentemente, el mundial tan criticado antes de su inicio por la cantidad de selecciones participantes nos tiene con el alma en un hilo. La repudiada FIFA ha dado muestras de una organización y planeación impecables. Estamos entregados al futbol y parece que, en efecto, el mundo gira tras un balón.El desfile de aficiones de los países más variados es una muestra del poder y el alcance de ese deporte. En México, nuestra tradición futbolera ha encontrado por fin un lugar para el encuentro y la alegría colectiva. Es curioso cómo un grupo de 26 jóvenes tiene a sus pies -literalmente- a un país. Las celebraciones de los triunfos de nuestra selección han llegado al delirio generalizado. Nacidos para la fiesta, los mexicanos hemos tomado las calles y plazas del país para cantar y bailar, lo mismo La Chona que la infantil A la víbora de la mar, por aquí pueden pasar; el Cielito lindo, el Payaso de rodeo, o advertir a gritos que “Inglaterra va a probar el chile nacional”. El entusiasmo es desbordante y, aunque lamentablemente ha cobrado vidas, no parece haber nada que detenga la euforia mexicana. Empujados por el talento y el sentido de equipo de nuestra selección, no encontramos freno para la admiración de quienes han puesto el talento individual en un juego común. El escritor italiano Alessandro Baricco, en su libro El nuevo Barnum (Anagrama), cuenta que cerca de su asiento en el estadio del Torino se sentaba un hombre tranquilo, “una persona educada que te saluda cuando llegas, aplaude cuando sacan la pancarta contra el racismo”. Hasta un juego contra el Nápoles en que el escritor se sorprendió porque de pronto el sujeto dejó su tranquilidad y “soltó un rosario de maldiciones contra las gentes del sur, sin el menor sentido de la medida y sin ninguna posibilidad aparente de controlar el tono de voz, la hinchazón de la yugular, la propensión de los ojos a abandonar las órbitas. Palabra por palabra, lo que decía era tan vulgar, grosero y humillante que costaba un gran esfuerzo pillar todo. Continuó así durante un minuto largo. Luego se sentó, se colocó bien la solapa de la chaqueta y, desde ese día, no lo hemos vuelto a oír. Buenos días, buenas tardes, aplausos a la pancarta contra el racismo”. La anécdota sirve, comenta Baricco, porque independientemente de los vándalos futboleros, “hay violencia que late, inevitablemente, en las personas normales” y “nunca nos detenemos el tiempo suficiente para reflexionar sobre la cantidad de violencia que el fútbol absorbe, metaboliza, descarga y, de una manera u otra, desactiva”. Son días alegres, sorpresivos para un país acostumbrado a hablar de fosas clandestinas, secuestros, extorsiones, que presenta y debate el número de homicidios diarios, el crecimiento de bandas de crimen organizado y cuyas principales noticias en otros países son la mezcla a nivel gubernamental de política y narcotráfico. Ahora, todo es comentar las posibilidades de Gilberto Mora a nivel internacional, la bendición de la nacionalización de Quiñones, la despedida de Ochoa —ahora conocido como Don Memo—, la hiperactividad de Lira, la destreza de Montes, el rigor de Edson Álvarez, la habilidad en la portería de Tala Rangel y así con cada uno de los seleccionados, sin dejar a un lado al estratega mayor: Javier Aguirre, cuyo nombre quedará inscrito en las glorias nacionales junto a Ignacio Zaragoza, último arquitecto de las defensas ante el extranjero hasta la llegada del famoso entrenador. Por supuesto que en este maravilloso país donde hay enchiladas suizas en los restaurantes típicos y cacahuates japoneses como botana, a nuestro mayor técnico se le apoda El Vasco. Tendremos tiempo de volver a los temas pendientes. La agenda no se fue, los problemas no desaparecieron: todo se ha pospuesto para ver girar el balón. Y vale la pena. Cuando el interés de la gente está en saber cómo quedarían los británicos contra los congoleses o ver sufrir a los argentinos con Cabo Verde, solamente a la presidenta se le ocurre estar hablando de los dislates de su gobierno y sus colaboradores. De cualquier forma, los temas volverán en unos días o en tres semanas, pero volverán. Por lo pronto, es tiempo de futbol y, como bien dijo Jorge Valdano: Inglaterra vuelve a la escena del crimen.@juanizavala