Por Ana Báez |

Ciudad de México (EFE).- En menos de cuatro años, Las Panas, un colectivo de mujeres panaderas, convirtieron un local en obra negra en un proyecto para combatir la violencia de género. Este refugio, arropado por personas en condición de vulnerabilidad social, será demolido para construir un edificio habitacional en el centro de Ciudad de México, actualmente amenazado por la gentrificación.

El olor a pan recién horneado y las consignas feministas escritas en los murales de esta panadería social son un oasis en medio de la superpoblada alcaldía Cuauhtémoc, donde las inmobiliarias y las grandes cadenas comerciales provocan sin descanso el desplazamiento y el cierre de los negocios del barrio.

La repostera Alma Ponce prepara pan durante una entrevista con EFE, en Ciudad de México (México). EFE/ Mario Guzmán

Rosalía Trujano, directora del proyecto, relata a EFE cómo, en los últimos cuatro años, la gentrificación ha ido devorando la zona hasta dejarla sin agua, sin economía local y convertida en un enclave de megaproyectos millonarios impulsados con motivo del Mundial de fútbol, como la Calzada Flotante de Tlalpan, ubicada a unos metros de la panadería.