El inicio de la segunda Administración Trump estuvo marcado por una imagen que persiste en el imaginario colectivo: el advenimiento de los barones de Silicon Valley a los más altos círculos del poder. No es que antes no estuviesen, es que ahora están decididos a expandir su poderío estableciendo lazos estrechos con la política. Una nueva oligarquía. La tecnología que aportan a los objetivos del Gobierno estadounidense se ha convertido en una pieza indispensable y el máximo exponente de ello es Palantir, la empresa de vigilancia e inteligencia fundada por el magnate tecnológico Peter Thiel, que financió el trumpismo desde sus inicios.

Frente a ese escenario, ha explotado la insurrección dentro del mismísimo movimiento MAGA. Las bases, aquellas que han hecho posible que Donald Trump llegase al poder en dos ocasiones y que defienden a rajatabla a su presidente, han levantado la voz: “Estados Unidos no se ha convertido en la mayor nación del mundo permitiendo que unas élites no elegidas realicen experimentos con la población sin garantías ni obligación de rendir cuentas”. Este es un extracto de la carta de la coalición Humans First, liderada por Steve Bannon, dirigida a Trump. Se trata de una advertencia del sector más leal y a la vez más radicalizado que ya tiene nombre propio: el populismo tecnonegativo.