Estados Unidos firmó dos acuerdos para pacificar Oriente Medio que son, en la práctica, contradictorios. Incluso, uno de los acuerdos puede boicotear el éxito del otro. Ambos son difíciles de aplicar y hay pocas probabilidades que aguanten en el tiempo y desemboquen en una “paz” duradera en la región.
Esto no es de extrañar, teniendo en cuenta la errática diplomacia estadounidense en Oriente Medio desde la vuelta de Donald Trump a la Casa Blanca, en enero de 2025. En octubre de ese año, el presidente y su equipo negociador impusieron un acuerdo de 20 puntos para terminar la guerra en Gaza que no solo no detuvo el genocidio contra los palestinos (más de 1.050 han sido asesinados desde octubre hasta ahora), sino que permitió que Israel amplíe su control sobre la Franja y consolide la ocupación de la misma.
Lo mismo puede ocurrir en Líbano, después de que el Gobierno de Beirut haya sellado un acuerdo con Israel y EEUU que no garantiza la retirada de las tropas hebreas de la amplia zona que ocupan en el sur del país árabe (alrededor del 10% del territorio) ni el fin de los ataques israelíes —que han matado a más de 4.000 libaneses desde el pasado mes de marzo—. Más de 700.000 desplazados no han podido regresar a sus hogares en el sur de Líbano de los más de 1,2 millones que fueron obligados a marcharse por Israel.






