¿Era verdad que la Selección de fútbol tenía opciones de triunfo en el Mundial 2026, o fue un optimismo exacerbado por el marketing que sedujo a los principales jugadores y los hizo voceros e imágenes de muchos productos comerciales más que de un buen desempeño? El debate recién empieza, una vez terminada la participación de Ecuador en el Mundial.Antes del viaje se dijo que teníamos una de las mejores defensas del mundo y que eso sería fundamental en nuestras aspiraciones. Lo que no se dijo con igual tono y fuerza fue que de medio campo hacia adelante íbamos con nuestras flaquezas ancestrales: delanteros que no concretan las oportunidades de gol que crean; que como ante Curazao son capaces de elevar a la categoría de héroe a un golero al que la mayoría de los disparos se los hicieron a las manos.Entonces reviven las dudas: salvo el gran desempeño de Pacho, ¿sus compañeros de zaga, que igual que él juegan en importantes ligas, están a la altura de la competencia mundialista? ¿Por qué Moisés Caicedo, que debía ser el baluarte delante de esa zaga, apareció más en los cortes comerciales que organizando como líder el medio campo, defendiendo e iniciando ataques? ¿Le quedó grande este Mundial a Moi?¿Tuvo un 10 (o como se lo llama ahora “mediapunta de enganche”), o no lo tuvo la Selección? Porque esa pausa cerebral y el pase exacto desde el medio campo brillaron por su ausencia. Y en el ataque, ¿se debió insistir en un delantero del que todos los relatores y comentaristas destacaban que era el “histórico” que ahora también podría denominarse “exgoleador”, como fue Enner Valencia? Que la edad no es un condicionante, es muy cierto, y para ejemplo están en el mismo torneo Cristiano Ronaldo y Lionel Messi, pero nuestros delanteros no tienen, lamentablemente, las virtudes de ese par, por múltiples razones. Y ya que lideraba el “histórico”, ¿debía o no estar mejor acompañado? Los que saltaron a la cancha hicieron su mayor esfuerzo, pero persiste la duda de si ellos debieron ser. Incluso de si Valencia debió ser mejor el alternante de algún joven forward (ariete o delantero asociativo, como se le llama ahora).El primer técnico que nos llevó al Mundial, allá por 2002 a Japón-Corea, fue muy criticado cuando en una declaración dijo que habíamos ido a aprender, y de hecho, no superó la primera fase. Han pasado 24 años y cuatro mundiales más y sus palabras podrían volverse a aplicar, porque la selección nacional no ha dado muestras de solvencia, de ser ese equipo que ya casi no tiene jugadores en la liga local, sino en las grandes ligas del mundo. Equipo cuyos jugadores están muy solicitados por las marcas que ven en ellos vehículos de marketing efectivo por la idolatría con la que llegaron al torneo, derivada de los éxitos logrados en la Champions, la Premier League y otras.Reitero, por lo visto y alcanzado, parece que a esta aventura norteamericana de fútbol fuimos nuevamente a aprender, no solo porque no se superó el primer escaño, sino porque la estrategia, el orden y la definición fueron lecciones que no se materializaron ni remotamente en las canchas. ¿Y para cuándo entonces la graduación? (O)