15 de junio, 2026 - 07h00Nos juntamos un grupo de empresarios para ver el arranque del Mundial de Fútbol 2026. Nos convocó el fútbol, pero la conversación fue más allá del partido. Antes de la inauguración, escuchamos a José Antonio Briz, dirigente del fútbol ecuatoriano vinculado al Club Guayas, quien trabaja en la formación de jugadores con visión de largo plazo.Fue una mañana para disfrutar el fútbol y conversar. También para aprender. Porque, cuando uno mira con profundidad, incluso del entretenimiento surgen grandes lecciones.Una de ellas es que ganar copas en un Mundial empieza mucho antes: cuando nadie aplaude, cuando no hay cámaras, cuando el talento apenas se está formando y cuando las decisiones importantes parecen pequeñas.La competitividad también se mide en la comparación con los mejores. Podemos recibir premios, reconocimientos o felicitaciones locales, pero la prueba verdadera llega cuando competimos contra quienes han construido capacidades de clase mundial. Ahí se revela nuestro verdadero nivel competitivo.En el fútbol esto se ve con claridad. Una selección competitiva no se construye en un mes, sino en años, desde las divisiones inferiores, con formación, exigencia, método y paciencia. Para que un jugador llegue listo a una Copa del Mundo, alguien tuvo que verlo antes, formarlo antes, exigirle antes y acompañarlo antes.Los datos que se presentaron en la charla impresionan: alrededor de 300 millones de personas practican fútbol en el mundo; 265 millones juegan, 38 millones están registradas en un club y apenas 110 mil llegan a ser profesionales. Solo uno de cada 2.400 logra vivir del fútbol. La cifra es contundente. Llegar a la élite exige bastante más que talento. Exige proceso, disciplina y una estructura capaz de sostener el desarrollo durante años.La charla también nos puso a pensar en Lionel Messi. Jugó 2.315 minutos en cinco mundiales. Menos de 39 horas en cancha. Pero detrás de esas horas hubo años de preparación, frustraciones, derrotas, aprendizaje y construcción silenciosa. Lo que el mundo vio como genialidad fue también el resultado de un proceso largamente trabajado.He apreciado algo similar en estos años trabajando con empresas. Muchas veces queremos crecer sin formar talento, competir sin construir cultura, profesionalizarnos sin método y trascender sin preparar sucesores. Pero ninguna empresa llega a ser de clase mundial sin trabajo duro y sostenido.Como dijo José Antonio Briz, hay líderes que celebran las copas que se ganan ahora. Y hay otros que siembran las copas que se ganarán cuando ellos ya no estén. Eso se llama legado.Todavía no sabemos quién levantará la copa al final del Mundial. Como ecuatoriano, deseo profundamente que nuestra selección llegue a las mayores instancias y tenga el éxito que todos anhelamos. Estoy seguro de que durante estos casi 40 días todos disfrutaremos de la emoción, la alegría y la felicidad que solo el fútbol puede generar.Aspiro a que, en medio de esta fiesta, también nos quede una ambición: construir empresas, equipos y líderes capaces de competir con éxito frente a los mejores del mundo. (O)