El mar ha conseguido que confundamos el horizonte con la esperanza, el rumor de las olas con el silencio y su azul intenso con una promesa de paz. Lo miramos desde la terraza de un bar o con los pies ya en el agua y decidimos que es imposible odiar algo tan hermoso. Y olvidamos que su realidad es mucho más oscura. Es el escondite perfecto para todo lo que no se quiere volver a mirar. Debajo de su piel azul caben promesas, cuchillos, alianzas, motores, nombres olvidados... corales y peces que se extinguen, anillos perdidos y joyas robadas, millones de microplásticos y basuras que nunca podrán reciclarse. Y muchísima gente sin miedo, más de la que creemos, que un día creyó que el agua tenía mejor carácter que la tierra, que se pisa más fácil. David Guzmnán / EFEDicen que el nuestro, el Mediterráneo, es tranquilo. Será para quienes lo observan solo en verano con la piel salada y un cóctel deshaciéndose en sus manos frías. Porque es el mismo mar que ha hundido imperios, ha cambiado mapas y ha convertido miles de nombres en estadísticas para escribir en su menos del uno por ciento de la superficie hídrica de todo el planeta una grandísima parte de toda la historia de Occidente.Nuestro Mediterráneo tampoco es tan tranquilo... hay demasiada gente que no le tiene ni respeto ni miedoLos fenicios comerciaban por estas aguas cuando buena parte de Europa no sabía ni escribir. Los romanos lo bautizaron Mare Nostrum porque confundieron el dominio con la eternidad. Y ninguno de ellos pudo domesticar a este mar que nunca va a pertenecer a nadie. En octubre del 2018 se enfadó tanto que levantó lenguas de olas de más de diez metros. En septiembre del 2023 la tormenta Daniel convirtió su vertiente oriental en una autopista de destrucción hasta Libia. Y desde el 2014 decenas de miles de personas han desaparecido o muerto intentando cruzar sus líquidas puertas. Pero seguimos desafiándolo...Unos ofreciéndose sin protección a su abrazo (sin preparación, compañía ni boya ni nada) y otros buscando el no va más y provocándolo desde las rocas. De hecho cada vez hay más distancia entre los dos tipos de personas que convergemos en las playas de este siglo extracálido y superloco. Los que se tiran desde lo alto de un acantilado porque “parece muy hondo” y luego ya ven cómo salen. Y los que, ¡cobardes!, preferimos quedarnos en lo alto o en la arena sin comprobar si el punto escogido por los pros era suficientemente fondo.Hay quien cree que el peligro está en la altura y que el último pensamiento pertenece a la caída. Se equivocan. La caída solo es una forma rápida de dejar de discutir con la gravedad y el problema empieza luego, en ese mar que nunca levanta la voz ni corre detrás de nadie. Ese mar que con su manual de seducción se ha convertido en el mejor cobrador del mundo. Solo espera y siempre gana.Margarita Puig (Barcelona). Empezó su carrera profesional en el Diari de Barcelona . Desde entonces la hemos visto y escuchado en programas tan variados como Gol a Gol ; Tot l’esport ; Bonic vespre ; Versió Original; El club; Catalunya, parada i fonda ; Senyores i senyors , en el programa de Toni Clapés Versió RAC1 ; en Els matins de Josep Cuní , en TV3; en 8 al dia , de 8TV; Escletxes en BTV y Blanc sobre Blanc , en el Canal 33. Conocedora de los rincones más recomendables e insólitos de Barcelona, también es autora de guías como Restaurantes de Barcelona donde nunca te han llevado