pluma invitadaLa respuesta también depende de cómo definamos y midamos el retroceso democrático.
La democracia es inherentemente compleja. En su esencia reside la dificultad de traducir las preferencias individuales en una elección social coherente, un problema que el economista y premio Nobel Kenneth Arrow plasmó magistralmente en su teorema de imposibilidad y que posteriormente desarrolló otro premio Nobel, Amartya Sen, en su libro de 1970, Elección colectiva y bienestar social. Arrow y Sen dotaron a la economía política de un marco axiomático riguroso, revelando así los límites de la toma de decisiones colectivas.
Sin embargo, a pesar del avance en la comprensión teórica de la democracia, el análisis empírico se ha quedado rezagado. Ante la falta de datos consistentes, nuestras opiniones sobre por qué ciertas democracias prosperan o fracasan suelen estar motivadas por prejuicios más que por evidencia. Para abordar esta brecha, el Instituto V-Dem publica sus Informes Anuales sobre la Democracia.
El último informe del Instituto ofrece una cruda evaluación de la trayectoria actual de EE. UU. Advierte que la velocidad con la que se está desmantelando la democracia de este país no tiene precedentes en la historia moderna. Dada la posición de EE. UU. como la principal democracia del mundo, este rápido deterioro tiene implicaciones que van mucho más allá de sus fronteras. Si bien países como Turquía e India han experimentado una erosión democrática en los últimos años, el informe señala un declive aún más pronunciado en Europa Occidental, donde los líderes populistas se inspiran cada vez más en el presidente estadounidense, Donald Trump.








