Se llamaba Eve Babitz y se hizo famosa por convertir el pecado en costumbre. Con estas cosas, un día que iba conduciendo su Volkswagen escarabajo por Los Ángeles, tuvo la mala pata de que una cerilla fuese a caer sobre su vestido. Y ardió viva con un cigarro en la boca.
Fue en 1997 y las quemaduras la llevaron a encerrarse en sí misma, cayendo en una depresión que le hizo abandonar la escritura, aunque no la costumbre del pecado. Para quien no sepa todavía quién fue esta mujer, hay que decir que hubo un tiempo en que su presencia hizo brillar el movimiento hippie de California; nadie se pudo resistir a su magnetismo. Ni Zappa ni Dalí, a los que juntó en una cena lisérgica, ni tampoco Jim Morrison que fue su amante junto a un joven carpintero que vendía marihuana antes de montárselo como Indiana Jones. Porque en aquellos tiempos de porro y flores en el pubis, Harrison Ford se lo hacía con el serrucho y el canuto trompetero.










