Interior día. Un joven periodista desempolva una primera edición de un libro de Jack Kerouac que ha encontrado en la biblioteca de Carolyn Cassady, y se sorprende ante lo valioso del ejemplar.“¡Vaya!”, se dice, “¡Nunca había visto algo así!”, ojeándolo, ante la atenta y hastiada mirada de una Carolyn anciana. “La única razón por la que a la gente le intereso es porque estuve casada con Neal Cassady, y fui amante de Jack Kerouac”, dice, en uno de los momentos del poco conocido documental Love Always, Carolyn, de Maria Ramström...
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y Malin Korkeasalo. A ratos viste una camisa a rayas, y a ratos, una especie de jersey verdoso, y siempre mira como si el que la contempla no tuviese ni la más remota idea. Y no la tiene. No la tenemos.
¿Cómo era vivir en la Era Beatnik cuando primero esperabas que tu marido volviese de su horrendo trabajo en el ferrocarril y luego esperabas a que regresase de sus aventuras de semanas con otros tipos, todos escritores, tan perdidos como él, o aún más, tan engreídamente ridículos que se trataban como si fuesen estrellas cuando sólo eran críos que nunca jamás iban a saber lo que querían? ¿Cómo era oírle decir que deberías acostarte con su amigo Jack porque no hacerlo sería estar siendo una mala anfitriona? ¿Cómo era enterarte de que ibas a tener otro hijo del legendario muso de Kerouac, y a la vez, su perdición, ese auténtico homme fatale, cuando él acababa de tener otro con una tal Diana y seguía citándose en Denver con su primera mujer, Luanne? Horrible, ¿no?






