SaludEl director de Cardiolog�a Intervencionista del Centro Monzino en Italia habla sobre los hitos "heroicos" de la cirug�a a coraz�n abierto y la importancia de protegernos de las altas temperaturas El doctor Piero Montorsi.CORRIEREAldo GrassoCorriere della Sera Actualizado Viernes,
julio
17:50El Centro Cardiol�gico Monzino de Mil�n es toda una instituci�n en Italia, un hospital dedicado en exclusiva a la salud del coraz�n y los vasos sangu�neos. Al frente de su Departamento de Cardiolog�a Intervencionista se encuentra el profesor Piero Montorsi, catedr�tico de Enfermedades Cardiovasculares en la Universidad de Mil�n. Hijo y hermano de prestigiosos cirujanos, Montorsi apost� por la medicina interna y el coraz�n en una �poca en la que la cardiolog�a depend�a casi exclusivamente del ojo cl�nico y el estetoscopio. Hoy, en plena ola de calor estival, atiende a la prensa para analizar los desaf�os de la especialidad, los avances tecnol�gicos y el impacto de las altas temperaturas en la salud de los m�s vulnerables.El verano y las cada vez m�s frecuentes olas de calor ponen a prueba el sistema cardiovascular. �Qu� consejo le dar�a a la poblaci�n anciana?Voy a decir algo que puede sonar provocador: habr�a que regalar un aparato de aire acondicionado a todos los mayores de 75 a�os. El aire acondicionado, bien utilizado, salva vidas. La idea de que es perjudicial es un prejuicio que deber�amos desterrar. Por supuesto, tambi�n es fundamental hidratarse bien, comer correctamente, no fumar y dormir lo suficiente. Pero vivir en un entorno adecuadamente refrigerado es vital.Y si el coraz�n falla, �C�mo se act�a en un centro de alta especializaci�n como el suyo?En urgencias todo empieza en el triaje. Si es un infarto agudo, el paciente pasa directamente a la sala de hemodin�mica para realizar una angioplastia. Si sospechamos de una disecci�n a�rtica, activamos el protocolo diagn�stico y quir�rgico en cuesti�n de minutos. En las urgencias m�dicas, el tiempo no es dinero: es supervivencia.�Qu� hace tan especial al Monzino en el panorama m�dico europeo?Nos dedicamos exclusivamente a las enfermedades cardiovasculares. En Italia no existe nada igual y, de hecho, en Europa y en el mundo este nivel de super especializaci�n es muy raro. Centralizar los recursos nos ha permitido desarrollar un conocimiento extremadamente profundo en todo lo relacionado con el coraz�n y el sistema vascular.El centro naci� de la alianza entre un gran m�dico, Cesare Bartorelli, e Italo Monzino, un gran empresario (fundador de los emblem�ticos almacenes Standa). �Quedan hoy fil�ntropos as�?Fue una historia maravillosa. Bartorelli, uno de los grandes cardi�logos del siglo XX, ten�a una idea revolucionaria: reunir cardiolog�a, cirug�as y departamentos de investigaci�n en un mismo espacio. Monzino, un empresario ilustrado, entendi� de inmediato que no se trataba solo de construir un hospital, sino de dejar un legado civil al pa�s.Cuando el centro abri� sus puertas hace cuarenta a�os, la cardiolog�a era completamente distinta.No ten�a nada que ver. El cardi�logo se fiaba sobre todo de la exploraci�n cl�nica, de escuchar al paciente y de su propia experiencia. Hoy disponemos de tecnolog�as de imagen extraordinarias: ecocardiograf�a avanzada, TAC, resonancia magn�tica card�aca... Podemos observar el coraz�n con una precisi�n que hace cuarenta a�os habr�a parecido ciencia ficci�n.�Qu� ha pesado m�s en esta evoluci�n: la investigaci�n pura o el desarrollo tecnol�gico?La investigaci�n siempre va primero. Es la ciencia la que hace las preguntas y obliga a la ingenier�a a desarrollar herramientas cada vez m�s sofisticadas para encontrar las respuestas.En las �ltimas d�cadas se ha popularizado el TAC coronario. �Ha sido la gran revoluci�n diagn�stica?Sin duda. Es un examen radiol�gico no invasivo que permite visualizar el coraz�n y las coronarias en tres dimensiones. Se realiza en pocos segundos, se sincroniza con el electrocardiograma y ofrece una nitidez absoluta.�Y la cirug�a m�nimamente invasiva? Antes los peri�dicos abr�an con titulares solemnes sobre operaciones a coraz�n abierto.Aquello era una cirug�a heroica, extraordinaria, pero sumamente agresiva: implicaba abrir el t�rax, parar el coraz�n, sustituir sus funciones temporalmente con circulaci�n extracorp�rea y luego intentar reanimarlo. Hoy los riesgos se han reducido dr�sticamente. Podemos sustituir v�lvulas card�acas a trav�s de cat�teres, sin abrir el pecho, o implantar endopr�tesis vasculares. El paciente llega con el diagn�stico hecho, se le interviene y, si todo va bien, al d�a siguiente recibe el alta y se va a su casa.Por curiosidad cient�fica, �existe realmente el "morir de desamor" o de "pena", como en las novelas del siglo XIX?El "s�ndrome del coraz�n roto" existe. Es una miocardiopat�a por estr�s emotivo severo. A diferencia del infarto, las coronarias no est�n obstruidas. La buena noticia es que, en la mayor�a de los casos, el coraz�n recupera su funci�n normal en unas pocas semanas.Usted es hijo de Walter Montorsi, una leyenda de la cirug�a digestiva en Italia, y sus hermanos siguieron esa misma senda. �Por qu� prefiri� la cardiolog�a a los quir�fanos de la cirug�a general?Me enamor� de la cardiolog�a en la facultad. Adem�s, en una familia llena de cirujanos, hac�a falta alguien que recordara que la medicina interna existe. Mientras los dem�s estaban obsesionados con operar grandes tumores, alguien ten�a que encargarse de las dolencias m�dicas del d�a a d�a.Para terminar, usted es un firme combatiente contra el tabaquismo, y s� que tiene una historia personal muy ligada al 11 de septiembre.As� es. El 11 de septiembre de 2001 yo volaba hacia Washington para un congreso. Mientras sobrevol�bamos Escocia, nuestro avi�n fue obligado a dar la vuelta por los atentados de las Torres Gemelas. Mi mujer sab�a que cruzaba el Atl�ntico y, al no tener noticias, pas� horas aterrorizada. Me confes� despu�s que en ese milisegundo de p�nico hizo un voto: si yo regresaba vivo, ella dejar�a de fumar.�Y cumpli�?A rajatabla. Cuando aterric�, el hospital ya la hab�a avisado de que estaba a salvo. Pero la promesa estaba hecha y con eso no se juega. Desde entonces no ha vuelto a tocar un cigarrillo.











