Hay puertas que uno nunca quisiera cruzar.Las de una Unidad de Cuidados Intensivos son frías, silenciosas y, a veces, intimidantes. Detrás de ellas se suspenden las certezas, los minutos parecen alargarse y la esperanza aprende a respirar más despacio.En el mes del Padre le había prometido a mi papá, Javier de Jesús Vásquez, que mi columna estaría dedicada a él. Pensé escribir sobre sus enseñanzas, sus logros y las historias que nos ha regalado durante sus 80 años de vida.Lo que nunca imaginé es que terminaría escribiéndola desde una sala de espera, detrás de las puertas de una UCI, aferrada a la fe de volver a verlo sonreír.Mis hermanos y yo hemos aprendido a conocer estos pasillos. También hemos descubierto que esperar puede ser una forma de amar.“Este cáncer no es mío”: la lección más poderosa de mi madreAprendimos que una llamada del médico puede cambiar por completo el rumbo de un día. Que un reporte favorable devuelve el aire cuando parecía faltar. Que la fe deja de ser una idea abstracta y se convierte en el lugar donde uno decide permanecer cuando ya no tiene el control de nada.Detrás de esas puertas está mi padre.Un hombre que construyó su historia a pulso, con disciplina, trabajo y perseverancia. Alguien que nunca esperó que las oportunidades llegaran, sino que salió a buscarlas.Mientras los monitores acompañan el ritmo de sus latidos, nosotros recordamos la intensidad con la que él ha vivido cada uno de sus días.Y entonces entendemos que la verdadera fortaleza no consiste en evitar las tormentas, sino en encontrar el valor para atravesarlas.Quizá eso es lo que más nos enseñan estos lugares.La enfermedad cambia la escala de las prioridades.Las conversaciones pendientes dejan de poder esperar.Los abrazos cobran otro significado.El tiempo deja de medirse en semanas o meses y empieza a contarse entre una visita y otra, entre un parte médico y el siguiente.Hoy deseo, con todo mi corazón, que el suyo siga latiendo con fuerza. Que cada amanecer le regale una nueva oportunidad. Que su cuerpo recupere vigor y que todavía tenga muchos sueños por cumplir.Porque quienes lo conocemos sabemos que su historia aún tiene muchas páginas por escribir.Este mes del Padre celebro su vida, su ejemplo y la serenidad con la que ha enfrentado cada desafío.Y mientras sigo esperando detrás de estas puertas frías, continúo creyendo que vendrán días mejores.Que volveremos a escuchar su risa.Que volveremos a compartir la mesa.Y que, cuando todo esto pase, entenderemos que el mayor regalo nunca fue dar por sentado el tiempo, sino aprender el inmenso privilegio que significa poder compartirlo con quienes amamos.Verónica Vásquez Echeverri, CEO Ecomujeres
Escribiéndole a mi padre desde la sala de espera de una UCI
La autora reflexiona sobre lo que significa acompañar a un padre desde la sala de espera de una UCI y cómo la enfermedad cambia la forma de entender el tiempo, la esperanza y el amor familiar.






