Un usuario enciende su aire acondicionado. (Foto: Agencia Andina)Dormir con el aire acondicionado encendido en plena ola de calor es, para muchos, la única forma de descansar. Sin embargo, el temor a que mantenerlo en funcionamiento durante toda la noche dispare el gasto eléctrico sigue muy presente, aunque buena parte de esa preocupación se basa en ideas equivocadas.Dejar el aire acondicionado funcionando toda la noche no tiene por qué traducirse en una factura eléctrica desorbitada. Miguel Ángel Sagredo, representante de la asociación de empresas instaladoras de climatización Agremia, lo explica con una comparación en conversación con Infobae: en modo noche, “el consumo no llega ni al de una bombilla encendida, prácticamente”. La clave está en cómo funciona la tecnología que incorporan los equipos actuales y en una serie de hábitos que marcan la diferencia entre un gasto razonable y uno innecesario.PUBLICIDADLos aparatos modernos funcionan con tecnología inverter, un sistema que regula de forma continua la potencia del motor en función de la temperatura de la estancia, sin arranques y paradas bruscas. “No es un todo o nada”, explica Sagredo. “El equipo llega a la temperatura de consigna y a partir de ahí baja mucho su potencia para simplemente mantenerla”. El modo noche lleva ese principio al extremo: reduce aún más la velocidad del ventilador y ajusta ligeramente la temperatura para evitar el frío excesivo durante el sueño. Este mecanismo se diferencia del utilizado por los equipos más antiguos, que funcionaban a potencias muy altas para apagarse al llegar a la temperatura deseada, teniendo que volver a repetirlo cuando la habitación se calentaba de nuevo. “Era como pisar el acelerador de un coche a tope todo el tiempo”, señala el representante de Agremia.PUBLICIDADAdemás de aprovechar el modo noche, los consumidores pueden ajustar su uso de formas adicionales para maximizar el ahorro en luz. La temperatura de consigna es, según los expertos, la variable sobre la que el usuario tiene más control directo y una de las que mayor impacto tiene en el consumo diario. Uno de los errores más extendidos es fijar una temperatura demasiado baja. Sagredo advierte de que todo lo que baje de 26 °C en verano incrementa exponencialmente el consumo energético. Descubre por qué la percepción de la temperatura varía tanto de una persona a otra. La ciencia explica cómo factores como la genética, la grasa corporal y el estrés influyen en si eres más propenso a sentir frío o calor.Otra creencia extendida es que apagar el equipo cuando no se está en casa ahorra dinero. “Es mucho más barato mantener una temperatura más o menos constante que dejar que se enfríe mucho y luego calentar”, afirma Sagredo. La recomendación es, si es posible, programar el aparato para que arranque poco antes de la llegada a casa, sin haberlo tenido en marcha durante horas.PUBLICIDADLa ventilación también tiene su técnica. Sagredo aconseja aprovechar las horas nocturnas o las primeras de la mañana para airear la vivienda, cuando las temperaturas exteriores son más bajas. Al mediodía, abrir las ventanas supone introducir directamente el calor acumulado en el exterior.Otro factor a tener en cuenta es el aislamiento de la vivienda, que determina en buena medida cuánto trabaja el aire acondicionado. Sagredo señala que gran parte del parque residencial español pierde frío en verano y calor en invierno a través de ventanas con escasa hermeticidad, fachadas sin aislar y huecos mal sellados. Bajar las persianas o los toldos en las fachadas con mayor exposición solar, y mantener las puertas cerradas mientras el equipo está en marcha, reduce de forma directa el esfuerzo del aparato.PUBLICIDAD
Miguel Sagredo, técnico de aire acondicionado, explica cómo dejar el aire encendido toda la noche sin disparar la factura: “El consumo no llega ni al de una bombilla”
Un instalador desmiente que tener el aire encendido toda la noche conlleve siempre un gasto excesivo y dan las claves para reducir la factura sin renunciar al confort










