El último diagnóstico del FMI sobre España ofrece una visión particularmente positiva de la situación actual y el próximo futuro del país, aunque también nos advierte de la necesidad de reforzar la consolidación fiscal. Y ello porque, dado el creciente envejecimiento de la población, la dinámica de la deuda pública será determinante de nuestro futuro. En lo tocante a ella, mantenemos un elevado desequilibrio, herencia parcial del boom inmobiliario que las autoridades fueron incapaces de frenar: una vez estalló la burbuja, y para evitar un colapso todavía mayor (entre el 2008 y el 2013 se perdieron cerca de 4 millones de empleos), la acumulación de deuda privada mutó en pública. Y esta pasó del 35% del PIB en el 2007, al 98% en el 2019, al 119% en el 2020 (covid) y al 101% en el 2025; y previsiones para el 2031 del 91% ( Fiscal Monitor , 2026).En este contexto, el FMI destaca algunos relevantes aspectos de ingresos y gastos públicos. Para estos últimos, estima presiones alcistas en defensa, en pensiones indexadas con el IPC y en el servicio financiero de la deuda; para los primeros, recomienda aumentar la imposición indirecta sobre el consumo y el medio ambiente: aumento del IVA para hoteles, restauración, alquileres vacacionales, sanidad y educación y de la imposición especial de hidrocarburos sobre el diésel hasta igualarla a la de la gasolina.En el medio y largo plazo se acumulan nubarrones fiscales que acabarán descargandoApuesta por estas reformas por tres motivos de orden diferente. Primero, porque los elevados valores de imposición sobre la renta y cotizaciones sociales no aconsejan aumentarlos por sus negativos efectos sobre el crecimiento, mientras que incrementar la imposición indirecta no debería alterar su dinámica; segundo, porque los tipos reducidos de IVA no contribuyen a la redistribución de la renta: su carácter actual es claramente regresivo; finalmente, porque en su conjunto estas reformas podrían generar hasta un 2% del PIB en ingresos adicionales que, combinados con apoyos a las rentas más bajas, deberían permitir reducir la financiación del Estado a la Seguridad Social, al tiempo que contribuir a la reforma del sistema de financiación de las autonomías. El FMI estima que costará un 1,1% del PIB, que debería permitir resolver los problemas de infrafinanciación y dotar a las comunidades de recursos para atender las crecientes necesidades en sanidad y dependencia. En suma, hacer frente al inevitable aumento de gastos, pero manteniendo la senda de consolidación fiscal.Estimulada por el consumo y la recuperación de la inversión, vinculados al aumento del empleo y la inmigración, la economía va bien. De hecho, va muy bien. Pero en el medio y largo plazo se acumulan nubarrones fiscales que acabarán descargando. Por ello, el FMI advierte que debería utilizarse la actual bonanza para reducir déficit y endeudamiento. Pese a los buenos tiempos, el pasado continúa presionándonos.
Bonanza hoy, tensión mañana, por Josep Oliver Alonso
El último diagnóstico del FMI sobre España ofrece una visión particularmente positiva de la situación actual y el próximo futuro del país, aunque también nos advierte de la necesidad de reforzar la consolidación fiscal. Y ello porque, dado el creciente envejecimiento de la...








