Correr una maratón no solo consiste en ser capaz de mantener un ritmo rápido durante 42 kilómetros. También exige administrar con precisión una reserva de energía limitada y evitar la temida “pájara”, un desplome brusco del rendimiento que obliga a reducir drásticamente el ritmo. Un análisis de más de 873.000 participantes en el Maratón de Berlín revela que, aunque los hombres completan la prueba en menos tiempo de media, tienen aproximadamente el doble de probabilidades que las mujeres de sufrir este fenómeno.El ritmo de Berlín durante 27 añosLa pájara es una experiencia habitual entre quienes afrontan una maratón y suele relacionarse con el agotamiento de las reservas de glucógeno, el combustible que almacenan los músculos y el hígado para producir energía de forma rápida durante esfuerzos prolongados. Cuando ese depósito comienza a vaciarse, el cuerpo debe recurrir cada vez más a las grasas, una fuente de energía mucho más abundante, pero más lenta de aprovechar.Estudios anteriores ya habían sugerido que las mujeres administran mejor el esfuerzo en carreras de larga distancia, aunque la mayoría analizaban muestras mucho menores o se centraban en deportistas de élite. El trabajo, publicado en Scientific Reports, amplía esa evidencia al analizar 873.334 llegadas a meta del Maratón de Berlín entre 1999 y 2025. Su recorrido prácticamente llano y la relativa estabilidad de las condiciones ambientales lo convierten en un escenario idóneo para estudiar las estrategias de carrera.Cómo identificaron el fenómenoLos investigadores analizaron los registros oficiales del maratón, que incluían el tiempo final, el paso por la media maratón, los parciales de cinco kilómetros, la edad y el sexo de cada participante.Consideraron que un corredor había sufrido una pájara cuando tardaba al menos un 20% más en completar la segunda mitad de la prueba que la primera. Los autores aclaran que este criterio no demuestra directamente el agotamiento del glucógeno, sino que sirve para identificar desaceleraciones extremas. Además, comprobaron que los resultados se mantenían al utilizar umbrales alternativos del 15% y el 25%.También agruparon a los corredores en cinco categorías de rendimiento —desde menos de tres horas hasta más de cuatro horas y media— y ajustaron los análisis por edad para comparar hombres y mujeres con un nivel similar.Los resultados muestran que los hombres redujeron su velocidad una media del 10,7% en la segunda mitad de la carrera, frente al 8,3% de las mujeres. Pero la diferencia fue aún mayor al analizar las desaceleraciones extremas: el 17,6% de los hombres sufrió la pájara frente al 9,7% de las mujeres. En términos relativos, ellos tenían aproximadamente el doble de probabilidades de sufrir ese colapso del ritmo.Lejos de desaparecer entre los corredores más experimentados, la diferencia aumentó. En la categoría de quienes completaron la maratón en menos de tres horas, los hombres fueron unas seis veces más propensos a experimentar una desaceleración radical que las mujeres con un rendimiento equivalente. En el extremo contrario, entre quienes tardaron más de cuatro horas y media, casi la mitad de los hombres acabó sufriendo una pájara, frente a menos de dos de cada diez mujeres. Los parciales de cinco kilómetros mostraron además que ellos mantenían un ritmo menos uniforme y acusaban una pérdida de velocidad más intensa en el tramo final.Biología y estrategiaLos autores consideran que las diferencias observadas probablemente respondan a una combinación de factores fisiológicos y conductuales. Las mujeres tienden a utilizar una mayor proporción de grasas durante el ejercicio prolongado, preservando mejor las reservas de glucógeno. Pero esa no sería la única explicación.Aunque el estudio no analizó variables psicológicas, el primer autor, Aldo Seffrin, apunta a una posible influencia de la economía del comportamiento. “Los hombres tienden, de media, a sobreestimar su capacidad competitiva y a tolerar mejor el riesgo en situaciones de competición. En una carrera en la que cada uno marca su propio ritmo, eso puede traducirse precisamente en lo que observamos: salir demasiado rápido y pagarlo en la segunda mitad”, explica a La Vanguardia.Seffrin advierte, sin embargo, de que sería un error concluir que la estrategia pesa tanto como la fisiología. El estudio no incluyó datos sobre entrenamiento, nutrición, frecuencia cardiaca, glucógeno o variables psicológicas. Lo que sí demuestra es que la estrategia de carrera desempeña un papel importante y, a diferencia de la fisiología, puede modificarse.Los investigadores consideran que tampoco puede descartarse la influencia de factores socioculturales. Algunos trabajos en psicología y economía del comportamiento han descrito que, en contextos competitivos, los hombres tienden a mostrar determinadas expectativas sociales asociadas a la masculinidad, como la necesidad de demostrar fortaleza, competitividad o ambición desde el inicio, lo que podría favorecer estrategias de carrera más agresivas. No obstante, si esa influencia existe, todavía no se refleja en los datos, pues la diferencia entre hombres y mujeres ha permanecido prácticamente inalterada durante los 27 años analizados. “Me encantaría que se volviera a analizar este tema dentro de diez o veinte años”, concluye Seffrin.
Las mujeres sufren menos pájaras que los hombres cuando corren maratones
La ventaja femenina en la administración del esfuerzo aparece incluso entre participantes de alto rendimiento












