La defensa de Manuel Adorni y el desgaste de sostenerlo durante 107 días no es la única razón sobre las dificultades que tiene el oficialismo en el Congreso. El otro problema es que, por ahora, en el Senado el Gobierno no logra reunir las voluntades suficientes para avanzar con los objetivos que fijó Javier Milei. Por eso Diego Santilli se mueve con celeridad, porque sabe que hay una dura realidad después de la caída de su antecesor. En su primera jornada como ministro coordinador, Santilli buscó imprimirle a su estreno el ritmo de la urgencia, especialmente para destrabar los textos que el Ejecutivo quiere sacar. El acto de la jura de este martes duró muy poco, pero le alcanzó al nuevo ministro para exhibir su mayor capital político dentro de la administración libertaria: la buena relación con los gobernadores de distinto signo. Desde aliados aliados esquivos, como radicales y macristas, hasta interlocutores inestables, como los mandatarios peronistas no kirchneristas. En el Salón Blanco hubo sillas para 14 gobernadores. Participaron el catamarqueño Raúl Jalil, el chaqueño Leandro Zdero, el correntino Juan Pablo Valdés, el jujeño Carlos Sadir, el mendocino Alfredo Cornejo, el neuquino Rolando Figueroa, el rionegrino Alberto Weretilneck, el sanjuanino Marcelo Orrego, el tucumano Osvaldo Jaldo, el entrerriano Rogelio Frigerio, el salteño Gustavo Sáenz, el cordobés Martín Llaryora, el santacruceño Claudio Vidal y el jefe de Gobierno porteño Jorge Macri. Para demostrar que la ceremonia tenía mucha relevancia, cada uno de los mandatarios fueron especialmente saludados por la secretaria General de la Presidencia, Karina Milei y por el ministro de Economía Luis Caputo. La gestualidad, insisten en el Gobierno, es parte de las señales que construirán para arropar al nuevo ministro coordinador.