El precio del petróleo se desplomó en las últimas semanas, y esa caída es una buena noticia para la economía mundial. El alivio, sin embargo, no llega de manera uniforme ni instantánea, y convive con dos tensiones que conviene analizar. Por un lado, la inflación de los Estados Unidos muestra una persistencia que preocupa. Por otro, un dólar que se fortalece a escala global encarece el fondeo para los países emergentes. El resultado es un cuadro internacional de luces y sombras, donde el respiro por el lado de la energía se combina con nuevas presiones por el lado financiero. Por qué no baja la nafta en Argentina tras el acuerdo entre Estados Unidos e Irán El punto de partida es la fuerte baja del crudo. Tras el pico que alcanzó durante el conflicto entre los Estados Unidos e Irán, cuando el barril de Brent llegó a superar los 118 dólares, la cotización retrocedió con fuerza hasta ubicarse en torno a los 73 dólares. Es una descompresión considerable que debería moderar la inflación mundial en los próximos meses, a través de menores costos de energía, transporte y producción. Ahora bien, un matiz importante es que la nafta baja más lento que el crudo. Mientras el barril se desplomó, el precio de la nafta regular en los Estados Unidos apenas cedió, lo que implica que el alivio para el bolsillo del consumidor llegará con cierto rezago respecto de la caída de la materia prima.
El petróleo más barato descomprime al mundo, pero la inflación de Estados Unidos se resiste a ceder
El efecto desinflacionario del petróleo más barato será global, pero se sentirá con distinta intensidad según la región. El alivio será más visible en Europa, donde la actividad económica es más débil y la energía pesa más en la dinámica de precios.








