Ciudad abiertaSi ya cuesta hacerse una idea del impacto que Estados Unidos ha tenido en la modernidad, es m�s dif�cil a�n hacerlo sin caer en los extremos del antiamericanismo y del excepcionalismo norteamericanoPreparativos para la celebraci�n del 4 de julio en Washington.EfeActualizado Jueves,

julio

00:08Audio generado con IASe dice a veces que las elecciones en Estados Unidos tienen un impacto tan grande que el resto del planeta tambi�n deber�a poder votar en ellas. Algo parecido puede se�alarse sobre el 250 aniversario de su Declaraci�n de Independencia, que se celebra este s�bado: todos podr�amos decir unas palabras durante el brindis. Porque es dif�cil pensar en un acontecimiento que haya tenido mayores repercusiones en este tiempo que el nacimiento de EEUU. Desde Wall Street hasta Hollywood, desde los electrodom�sticos hasta Elvis Presley, desde la participaci�n en las guerras mundiales hasta la CIA, desde Edison hasta el iPhone, los cambios sociales, pol�ticos, tecnol�gicos y culturales impulsados por ese pa�s han transformado el resto del planeta.Si ya cuesta hacerse una idea del impacto que Estados Unidos ha tenido en la modernidad, es m�s dif�cil a�n hacerlo sin caer en los extremos del antiamericanismo y del excepcionalismo norteamericano. Es decir, calibrar su influencia sin verlo por ello como la fuente principal de males o de bienes del planeta Tierra. Aunque esto tambi�n forma parte de su historia: las respuestas contra la americanizaci�n han sido a veces tan importantes como la propia americanizaci�n.El impacto global de los Estados Unidos es tan extenso y variado que cada cual se fijar� en el aspecto que m�s le atraiga -o que m�s rechazo le provoque-. Yo prefiero quedarme con la iron�a que supone que un pa�s tan habitualmente acusado de ser materialista, inculto y zafio haya producido una cantidad asombrosa de grandes obras literarias. �Grandes� por ser verdaderamente excepcionales, o por haber tenido tanta repercusi�n que ya forman parte de nuestra tradici�n cultural. Moby Dick, Bartleby, Hojas de hierba, Huckleberry Finn, la poes�a de Emily Dickinson, los relatos breves de Poe, Carver, Cheever, Baldwin o Capote, El despertar, El gran Gatsby, El ruido y la furia, Adi�s a las armas, Las uvas de la ira, Muerte de un viajante, Aullido, En el camino, La campana de cristal, Meridiano de sangre, Submundo, Pastoral americana, Ciudad abierta... Y es cierto que la literatura solo pertenece a los lectores, sean de donde sean; pero hay pocas cosas que reconcilien tanto con aquel pa�s como la imagen de Huckleberry y Jim subidos a su balsa, contemplando en silencio el Mississippi.