Dentro del movimiento que se acentuó tras la pandemia de covid y que se ha ido extendiendo para reducir el consumo de tecnología digital entre los niños y adolescentes, se prohibieron los teléfonos móviles en muchas aulas (y se quieren vetar redes sociales y plataformas a menores de 16 años). Ahora, hay docentes y pediatras que piden restringir también el uso de ordenadores portátiles y tabletas en clase. Aducen que perjudican la tarea docente y la salud del alumno, porque son una entrada al mundo digital y no se tiene en cuenta estos aparatos, pero fácilmente suman las dos horas de pantalla que algunos expertos –no hay un consenso– señalan que debería ser el tope de consumo diario a estas edades. Jesús Hellín / Studiomedia19 / ArchivoVisto con la perspectiva actual, quizás pecamos de entusiastas o de papanatismo cuando aceptábamos orgullosos hace unos pocos años que nuestros hijos cambiaran los manuales escolares de papel por libros digitales. Todo en el iPad. Parecía el camino para formarlos para el mundo digital. Ahora, somos más críticos con la manera como funcionan las tecnologías, en manos de unos empresarios que vemos desalmados, con sus algoritmos adictivos y la IA que quiere sustituirnos. Pero este mundo está aquí para quedarse y crecer. Hay que regularlo, modelarlo para que no nos devore, sino que nos facilite las cosas, pero no desaparecerá.¿Puede el sistema educativo, pasado ya el primer cuarto del siglo XXI, dar la espalda a la digitalización de la sociedad?Y en cambio, hay voces en la escuela que parecen llamar al “suelo sagrado” ante la tecnología que nos vampiriza, que abogan por recuperar un mundo de papel y boli, que tampoco es ya. Se añora cuando se escribía con buena letra porque se hacía caligrafía o se estudiaba álgebra sin calculadora. Tengo curiosidad por ver cómo enfocan la educación los nativos digitales cuando –pronto– sean ellos quienes la impartan y dirijan. Saber qué recursos manejarán y de qué maneras.Claro que pueden y deben haber espacios libres de conexión –incluso vetarla en las edades más tempranas– en las aulas, como en otros ámbitos de la vida. Y sí, escribir a mano no es lo mismo que hacerlo en el ordenador, ya no digamos que lo escriba ChatGPT por ti. Pero, ¿puede el sistema educativo, pasado ya el primer cuarto del siglo XXI, dar la espalda a la digitalización de la sociedad?. ¿Qué competencias digitales enseñará si evita las pantallas? ¿Cómo se desenvolverán después los jóvenes en el mundo si se les prepara para uno que ya no funciona así? Quienes tratan a adolescentes por adicción a las pantallas lo que piden es que se enseñe a hacer un buen uso y autocontrol. La duda es si esto pueden conseguirlo las familias solas, si la escuela se declara ajena.Redactora jefe de Opinión. En La Vanguardia desde 1989, ha escrito sobre Barcelona, salud y otras áreas en Vivir, Sociedad y Magazine