La caída de uno de los hombres de máxima confianza de la administración libertaria se consumó tras meses de asfixia política, escándalos éticos y un frente judicial que terminó por volver insostenible su permanencia en la Casa Rosada. Manuel Adorni presentó su renuncia indeclinable a la Jefatura de Gabinete de la Nación, forzado por el avance de causas penales en los tribunales federales de Comodoro Py, acusaciones de nepotismo estructural y una inminente ofensiva legislativa opositora.

Apenas medio año después de asumir el cargo tras suceder a Guillermo Francos, el otrora vocero presidencial y defensor acérrimo del ajuste fiscal debió dimitir a través de una carta pública en la que adujo ser víctima de un complot mediático y ataques desmedidos hacia su entorno familiar, dejando vacante una de las sillas más calientes del Poder Ejecutivo. La salida se precipitó tras el regreso del presidente Javier Milei de su viaje, momento en el que el oficialismo activó un reordenamiento de urgencia designando a Diego Santilli como nuevo titular de la Jefatura de Gabinete.

El derrumbe del exfuncionario se aceleró en un raid cronológico que comenzó a tomar estado público a principios de este año, cuando se detectó la presencia de su esposa, Bettina Angeletti, en una comitiva oficial a Nueva York a bordo del avión presidencial para asistir a la Argentina Week de la ciudad estaounidense. El hecho dinamitó la credibilidad del discurso anticasta de Adorni, quien meses antes había ponderado el fin de los privilegios políticos mediante normativas que prohibían el traslado de familiares en transportes del Estado.