La Luna llena aparece suspendida en lo alto del valle iluminado como si acabara de emerger detr�s de la espesura. Redonda, inmensa, amarillenta, con sus cr�teres perfectamente definidos. Los turistas se detienen y levantan el m�vil. Todos buscan el mismo encuadre. Ser�a una postal espectacular si no fuera por un detalle: la Luna no es real. Es una estructura artificial colocada estrat�gicamente sobre la ladera de Wangxian Valley, uno de los destinos tur�sticos de moda en China. Desde abajo parece un cuerpo celeste atrapado entre las monta�as. Desde cerca es una pieza m�s del decorado.Una gigantesca Luna de atrezo en una antigua mina de granito abandonada y reconvertida en un pueblo de fantas�a. Quiz� no exista mejor met�fora para entender la relaci�n que mantiene hoy China con su pasado.Cuando cae la noche, Wangxian Valley, enclavado entre las monta�as de Jiangxi, una provincia interior del sureste chino situada entre Shangh�i y Cant�n, parece un lugar dise�ado por un algoritmo capaz de combinar todos los elementos destinados a viralizarse en TikTok y en Instagram. Casas tradicionales suspendidas sobre acantilados. Puentes iluminados. Pagodas escalonadas que ascienden por la monta�a como una versi�n oriental de un bel�n barroco. Calles comerciales saturadas de puestos de comida picante, especialmente sopas de fideos de arroz. J�venes disfrazadas con t�nicas de seda. Fuegos artificiales. Danzas rituales. Percusi�n ancestral amplificada por decenas de altavoces. Y miles de visitantes con sus tel�fonos en alto.La primera impresi�n es deslumbrante. La segunda resulta inquietante. Porque Wangxian Valley no es una ciudad antigua restaurada. Ni siquiera es una localidad hist�rica adaptada al turismo. Es, en gran medida, un escenario levantado desde cero. Un pasado fabricado donde el visitante atraviesa un puente de piedra bajo el cual discurre un arroyo artificial. Y, a ambos lados, aparecen edificios de madera envejecida (tambi�n artificialmente).En la plaza central comienza un espect�culo. Una joven vestida de rojo danza en c�rculo mientras actores con m�scaras demon�acas la rodean golpeando enormes tambores decorados con demonios amarillos. Los movimientos remiten a antiguas ceremonias del sur de China, pero el resultado est� calibrado para el consumo tur�stico contempor�neo: suficiente exotismo para parecer ancestral; suficiente ritmo para no aburrir a un p�blico joven acostumbrado a v�deos de 20 segundos.A pocos metros, decenas de chicas, la gran mayor�a veintea�eras que han alquilado vestidos tradicionales hanfu, posan bajo l�mparas de papel, entre cortinas rojas y escenarios que evocan a las antiguas bodas imperiales. En la parte m�s baja del valle, en una zona bautizada como Distrito occidental, m�sicos interpretan baladas pop en bares con terrazas. Las cervezas artesanas conviven con c�cteles tem�ticos. Y a lo lejos contin�an las obras. M�s casas escalando otros acantilados. El decorado sigue expandi�ndose...Para saber m�sDurante d�cadas, China fue el pa�s que destru�a su pasado para levantar autopistas, rascacielos y urbanizaciones. Hoy es tambi�n el pa�s que lo reconstruye. El fen�meno de las ancient towns falsas constituye uno de los movimientos urban�sticos, econ�micos y culturales m�s fascinantes del gigante asi�tico. Impulsados por gobiernos locales desesperados por generar crecimiento econ�mico, prometen experiencias inmersivas de autenticidad mientras ofrecen exactamente lo contrario: versiones idealizadas, higienizadas y rentables del pasado chino.�China tiene una larga historia de reconstrucci�n, reparaci�n, sustituci�n y reconfiguraci�n de ciudades, monumentos, templos y paisajes. Lo que algunos observadores describen como falso puede seguir siendo percibido por los visitantes chinos como algo significativo, bello o culturalmente evocador�, explica el profesor Yujie Zhu, uno de los mayores expertos chinos en Patrimonio, Turismo y Nacionalismo, autor de varias tesis con un enfoque interesante: en el pa�s asi�tico, la autenticidad no depende necesariamente de la antig�edad material, sino del significado cultural y emocional que las personas atribuyen a los lugares.�Estas ciudades reconstruidas suelen dise�arse para evocar determinadas ideas sobre la Historia, la tradici�n y la identidad cultural, al tiempo que cumplen funciones econ�micas y tur�sticas�, se�ala.�Muchos de estos lugares est�n moldeados por una l�gica similar a la de las redes sociales y el consumo de v�deos cortos. Se dise�an para resultar visualmente impactantes, f�cilmente compartibles y emocionalmente estimulantes. Esto puede generar una forma de consumo r�pido del patrimonio: bella, inmersiva y placentera, pero a menudo superficial y ef�mera. El peligro es que el patrimonio se convierta en comida r�pida o en un v�deo breve: capta la atenci�n, pero no necesariamente fomenta una reflexi�n m�s profunda sobre la Historia, el cambio social, el conocimiento local o la experiencia humana�, a�ade el experto.Visitantes chinas suben una escalera de piedra colocada en una ladera de la monta�a.ARTUR WIDAKGETTYSentados en unos peque�os taburetes de pl�stico frente a un puesto callejero de dumplings, una pareja turca da sorbos apresurados de t� helado. Han llegado a Wangxian Valley tras recorrer varias ciudades chinas y, como todos los visitantes extranjeros que uno se cruza aqu�, han descubierto el lugar a trav�s de las redes sociales. �Vimos v�deos y pensamos que era demasiado bonito para ser real�, cuenta ella entre risas. �Y cuando llegas aqu� entiendes que la autenticidad tampoco importa demasiado. Es espectacular�. Su pareja asiente: �Es como entrar en un decorado de Disney�.Sus palabras reflejan una transformaci�n en la estrategia tur�stica china. Durante a�os, la inmensa mayor�a de visitantes de estos complejos eran locales. Ahora, a medida que Pek�n trata de reconstruir su imagen exterior y flexibiliza la entrada sin visado para numerosos pa�ses, cada vez son m�s los extranjeros que incorporan a sus itinerarios estas ciudades fake. En esa ofensiva del poder blando, las redes sociales son fundamentales. Gobiernos provinciales y organismos tur�sticos organizan viajes para creadores de contenido extranjeros, invit�ndolos a recorrer paisajes id�licos, probar platos aut�ctonos y retransmitir a millones de seguidores una imagen seductora del pa�s. Influencers de Oriente Pr�ximo, �frica, Am�rica Latina o Europa se han convertido en embajadores de esta nueva narrativa del encanto. Sus v�deos rara vez se detienen en la cuesti�n de si una ciudad tiene 500 a�os o cinco. Lo importante es que el encuadre funcione y que la Luna sobre la monta�a siga pareciendo, durante unos segundos, absolutamente aut�ntica.�La reconstrucci�n ha sido una caracter�stica recurrente de la Historia china mucho antes del siglo XX. Ciudades, templos, palacios y barrios hist�ricos han sido destruidos y reconstruidos repetidamente a causa de guerras, incendios, desastres naturales, cambios pol�ticos y procesos de desarrollo urbano. En este sentido, la reconstrucci�n no es s�lo una actividad comercial, sino tambi�n una pr�ctica cultural y pol�tica. Refleja esfuerzos por reconectar con determinadas versiones del pasado y crear un sentido de continuidad en el presente�, explica el profesor Yujie.Tras la invasi�n japonesa, la guerra civil, el fervor revolucionario y la turbulenta Revoluci�n Cultural de Mao Zedong, durante la cual innumerables templos, mansiones y reliquias fueron destruidos en nombre de la modernidad socialista, emergi� una nueva China gracias a las reformas econ�micas del aperturista Deng Xiaoping. A ello se sum� la fiebre urbanizadora que arranc� a finales de la d�cada de 1990.En el pa�s asi�tico, el Estado posee formalmente todo el suelo urbano. Los ciudadanos adquieren derechos de uso, pero no propiedad plena. Esto ha permitido a las administraciones locales impulsar proyectos de reurbanizaci�n con enorme capacidad coercitiva. Los residentes pueden ser desplazados mediante expropiaciones. As�, barrios hist�ricos enteros desaparecieron bajo las excavadoras. En su lugar surgieron centros comerciales, urbanizaciones y avenidas monumentales... Y nuevas ciudades antiguas."Centrarse exclusivamente en si una ciudad es real o falsa corre el riesgo de pasar por alto la complejidad de las experiencias"Chujun Wang, especialista en Patrimonio y Turismo de la Universidad de HokkaidoLejos del Wangxian Valley, uno de los ejemplos paradigm�ticos es Datong, en la provincia de Shanxi. All� se demolieron extensas �reas urbanas para reconstruir una ciudad hist�rica idealizada. Murallas. Puertas monumentales. Palacios. Templos. Todo impecable. Todo nuevo. Incluso estructuras originales con siglos de antig�edad fueron sacrificadas para crear r�plicas m�s perfectas. El resultado abri� en su d�a un peque�o debate nacional entre conservar ruinas poco rentables o construir un pasado espectacular capaz de atraer turistas.Ahora, esa tensi�n entre autenticidad y rentabilidad se ha esfumado. Para los visitantes chinos, la experiencia emocional importa m�s que la autenticidad material. Los populares hutongs de Pek�n -callejones tradicionales de la capital- ofrecen otro ejemplo. Con motivo de los Juegos Ol�mpicos de 2008, enormes extensiones de estos barrios desaparecieron. Algunas zonas fueron preservadas y embellecidas. Otras se transformaron en versiones tematizadas del viejo Pek�n. Un periodista espa�ol visit� pocos a�os despu�s una siheyuan rehabilitada -conjunto de edificios construidos alrededor de un patio central cuadrado- y encontr�, entre fotograf�as hist�ricas, una retrato del entonces alcalde de Madrid, Alberto Ruiz-Gallard�n, durante una visita institucional. La autenticidad arquitect�nica conviv�a sin complejos con el relato pol�tico y la escenograf�a tur�stica.Un turista retrata con el m�vil a su familia en Wangxian Valley.ARTUR WIDAKGETTYWangxian Valley es la representaci�n extrema de este fen�meno. No se trata de la reconstrucci�n de un barrio hist�rico, sino de la transformaci�n de una antigua mina en parque tem�tico. Lo mismo que Furong, otra localidad tur�stica del interior del pa�s. Convertida en fen�meno gracias a sus cascadas y sus edificios iluminados, hoy llegan hasta ella autobuses enteros de visitantes nacionales y extranjeros guiados por itinerarios perfectamente coreografiados. Los funcionarios locales defienden que la espectacularizaci�n se convierte as� en herramienta de desarrollo regional. El turismo genera empleo, activa inversi�n y redistribuye flujos hacia regiones menos favorecidas.M�s exitoso resulta Gubei Water Town. Promocionado frecuentemente como un pintoresco pueblo acu�tico ancestral junto a una de las secciones de la Gran Muralla de Pek�n, constituye en realidad un complejo tur�stico de construcci�n reciente, cuidadosamente gestionado y muy rentable.A veces la apuesta falla. En la provincia de Hunan, la Ciudad Antigua de Dayong recibi� hace una d�cada inversiones astron�micas. Pero los turistas nunca llegaron y el complejo se convirti� en un pueblo fantasma.Una de las investigadoras que m�s ha estudiado las ancient towns es Chujun Wang, especialista en Patrimonio y Turismo de la Universidad de Hokkaido (Jap�n), que dedic� su investigaci�n doctoral precisamente a analizar estos complejos recreados. Para ella, el debate sobre si lugares como Wangxian Valley son aut�nticos o falsos resulta, en ocasiones, demasiado simplista.�No s�lo los observadores extranjeros, sino tambi�n los propios actores implicados –desde los turistas hasta los promotores tur�sticos o los habitantes desplazados– utilizan la dicotom�a entre falso y aut�ntico para interpretar estos lugares�, explica. Sin embargo, advierte de que �centrarse exclusivamente en si una ciudad es real o falsa corre el riesgo de pasar por alto la complejidad de las experiencias, emociones e interpretaciones de quienes la visitan�.La investigadora considera que estos proyectos nacieron fundamentalmente con objetivos comerciales, aunque en los �ltimos a�os han incorporado con creciente intensidad discursos sobre revitalizaci�n cultural y activaci�n del patrimonio. En el caso de Gubei Water Town, Chujun sostiene que la cuesti�n depende de c�mo se defina la continuidad cultural. "Si entendemos la continuidad cultural como una reconstrucci�n de la identidad nacional china, entonces s�, podr�amos decir que existe", afirma. "Pero si hablamos de cultura local, la historia es muy diferente". Seg�n explica, el proyecto implic� el traslado de habitantes, la demolici�n del pueblo original y la ruptura de los v�nculos que los vecinos manten�an con su propio patrimonio. "En ese sentido, resulta dif�cil sostener que la continuidad cultural local simplemente se haya conservado o reconstruido".Frente a quienes presentan la conservaci�n patrimonial, el turismo y el desarrollo econ�mico como objetivos incompatibles, Chujun recuerda que China lleva d�cadas utilizando el turismo como una herramienta para conciliar la protecci�n del patrimonio con el crecimiento de las econom�as locales. �No considero que estos tres elementos sean inherentemente contradictorios�, se�ala.El verdadero desaf�o, a�ade, consiste en evitar que el desarrollo econ�mico subordine otros aspectos de la vida social o del entorno natural. Y rechaza la idea de que exista una f�rmula perfecta para resolver esa tensi�n. �No creo que exista algo parecido a un equilibrio ideal, porque la cultura est� cambiando constantemente. Incluso restaurar un bien patrimonial a su estado original es, en cierto sentido, una forma de transformarlo�, se zafa. Lo importante, concluye, es analizar c�mo la comercializaci�n y la transformaci�n del patrimonio afectan a la vida de las personas y al medio ambiente, y reflexionar sobre c�mo esos procesos pueden contribuir al bienestar general de la sociedad.