El mundo clásico es hoy objeto de deseo de una ultraderecha que intenta apropiarse de sus ideas imperiales y su estética pero, por fortuna, tiene una defensora que llegó mucho antes, Mary Beard, con la energía y la vehemencia intactas. La gran experta en griegos y romanos, catedrática emérita de la Universidad de Cambridge y Premio Princesa de Asturias 2016, aborda el fenómeno en Clásicos sin filtros (Crítica), una demostración de que el conocimiento convive mejor con la amenidad y el entusiasmo. Beard, nacida Much Wenlock (Reino Unido) tiene 71 años.Pregunta. ¿Por qué los clásicos hoy inspiran a la ultraderecha?Respuesta. La extrema derecha más profunda está haciendo apropiación del clasicismo, pero los clásicos no tienen color político. También han sido referentes para la izquierda, para la democracia, para los cambios sociales… Inspiraron la Revolución Francesa o la Americana y Marx hizo su tesis sobre filosofía griega. Los clásicos son a la vez revolucionarios y conservadores, por eso son interesantes.P. Pero nos cuenta en su libro que hoy se han apropiado más fuertemente que otros.R. En el siglo XX fue así con Hitler o Mussolini, y hoy Trump está muy comprometido con la arquitectura clásica. Necesitamos reconocerlo y enfrentarlo, ser conscientes de que la tradición del mundo antiguo ha abordado valores civiles, pensamiento, política o la vida en comunidad. Tomemos a Espartaco, un esclavo rebelde que rompe barreras y que ha sido un símbolo de libertad para los esclavizados por siglos. La extrema derecha está usando el mundo antiguo, pero no tienen el monopolio.P. ¿Lo están manipulando?R. Lo simplifican y en general se equivocan. El mundo antiguo está ahí para todos, no para los académicos. Pero mi trabajo es decir que no es lo que creen. Uno de los casos más obvios es la admiración de la extrema derecha por las esculturas de blancos puros y yo debo decirles: muchas de esas esculturas no eran originalmente blancas, sino coloridas. Mi obligación como académica es decir que Roma no era como en las películas, Era colorida, maloliente, sucia, diversa, y eso para mí la hacía más interesante, no menos. Es importante que contrarrestemos esas cosas. Nadie tiene el derecho a controlar el mundo clásico, es parte de la forma en que pensamos.P. ¿Cuáles son las películas más fieles a la realidad?R. Partes de Gladiator, como las escenas de batalla o el combate de los gladiadores, lo son. Ridley Scott lo pilló bien. La segunda entrega es terrible, pésima. P. ¿Y Ben-Hur o Espartaco?R. Me encanta Ben-Hur, aunque creo que la carrera de carros quedó muy floja comparada con la realidad, que era horrible. Y me encanta Espartaco, aunque esa solidaridad entre esclavos no sé si fue verdad. Él fue una persona real, tenemos algunas evidencias. Y no fue una película de la extrema derecha, sino muy de izquierdas, hecha por gente vetada por McCarthy. Nos demuestra que el simbolismo romano no es solo de la derecha, Espartaco no lo era.P. Narra cómo Mussolini rediseñó la Roma antigua. ¿Seguimos viéndola con sus ojos?R. Sí. Pero lo emocionante de Roma es que no tienes que excavar muy hondo para encontrar otras muchas cosas sobre las mujeres, los pobres, los esclavos. Disfrutamos de que Roma era ese exterior magistral que gustaba a Mussolini, pero también las calles malolientes de Pompeya, la suciedad, la vida…P. ¿Todos los imperios acaban en ruinas?R. Los romanos lo habrían dicho así: los imperios surgen y caen. Sabían que un día no habría Imperio Romano. Cuando Escipión conquistó brutalmente Cartago Nova lloró y, cuando le preguntaron por qué, dijo: “Esto le pasará a Roma un día”. La idea romana era que los imperios no duran.P. ¿Y usted qué cree?R. Estaría muy sorprendida si en 300 años encontráramos los poderes imperiales que vemos hoy. Si hubiéramos vivido en el siglo XIX creeríamos que el imperio británico iba a continuar, pero los imperios son muy frágiles porque también son atacados desde dentro. Roma nos muestra que las críticas más poderosas vienen desde dentro. Tácito pone en boca de un rebelde británico una frase que es el mejor resumen de lo que son los imperios: “Hacen un desierto y lo llaman paz”. En el siglo XXI aún estamos haciendo desiertos y lo llamamos paz.P. ¿Qué es el latín para usted?R. Fue usado para excluir gente y algo de eso queda. Yo nunca diría a la gente que no lea traducciones, pero el placer de entrar en la versión del mundo que escribían los propios romanos nos permite entenderlos. Es emocionante leer la Eneida de Virgilio en latín y descubrir cómo se escribió, qué dice en realidad. Es una literatura que se expande desde hace 2000 años. Las primeras palabras: “Arma virumque cano” (“Canto a las armas y al varón”) prácticamente no tienen sentido en inglés, pero no es un simple trozo aburrido de latín, sino que significa: os voy a dar batallas, os voy a dar armas, os voy a dar al hombre, os voy a dar al héroe homérico. Si solo ves la traducción, te aburres. Pero es emocionante entrar en la piel de otra cultura diferente, especialmente tan remota. Ves el mundo diferente. El mundo es diferente en diferentes lenguas y más aún en latín. Una de las cosas malas en el mundo moderno es no preguntarnos cómo son las cosas para el diferente. Cada uno cree que su punto de vista es el único válido y correcto. Para mí, aprender lenguas es aprender que el mundo es diferente para diferente gente. Y eso no significa que yo quiera ser romana o que tuvieran razón.P. ¿Por qué hay que seguir estudiando a los clásicos?R. Nunca diría —como se decía— que es la única forma de entender la civilización occidental, pero hay algo en Occidente que siempre ha estado en conversación con el mundo antiguo: ideas políticas, ciudadanía, justicia, leyes… Y ver dónde empezaron los debates te ayuda a entenderlos. Si me preguntas qué echaría más de menos si no pudiera leer latín o griego sería la Odisea de Homero, de la que por cierto ahora viene una gran nueva película de Christopher Nolan. La Odisea es algo integrado en nuestra cultura occidental y si lo eliminas te quedas sin conocer el inicio de lo que somos. Algunos estudiantes hoy creen que el debate sobre libertad de expresión ha nacido con las redes. Cuando les dices que dura 2.000 años primero no te creen y luego lo empiezan a ver de forma diferente. Mucha gente se equivoca al pensar que el mundo antiguo tiene una respuesta, no la tiene, pero sí diferentes perspectivas que te ayudan a pensar a través de tus debates. Cuando Nelson Mandela estuvo en prisión puso en escena Antígona para los demás prisioneros, fue una forma de hablarles. Y eso le ayudó a formular sus pensamientos sobre conciencia, moralidad política y tiranía.P. ¿Hay que devolver los mármoles del Partenón o el busto de Nefertiti?R. Yo soy miembro del Consejo del British Museum, pero hablo a título personal. Y el tema es siempre más complicado de cómo se presenta. Se suele plantear como en un divorcio: ¿los niños con Grecia o con Inglaterra? Y lo que me gustaría ver, aunque seguramente no viviré para verlo, es que estos tesoros fueran compartidos con el mundo. Me gustaría ver a los museos como bibliotecas de préstamos y que los grandes objetos de arte se prestaran, viajaran, se compartieran. Hay objetos que trascienden su propiedad. ¿Quién es dueño de la Mona Lisa? El Louvre, sí, pero es una forma muy estrecha de verlo. Me gustaría que pensáramos en una cultura global en la que pudiéramos compartir. Los grandes objetos de arte deben ser compartidos.