CulturaLa historiadora brit�nica, que lleva d�cadas desmontando t�picos sobre Grecia y Roma, publica 'Cl�sicos sin filtros', un ensayo que en tiempos de algoritmos, simplificaciones y certezas instant�neas reivindica el valor de la duda, la complejidad y el asombroLa historiadora brit�nica Mary Beard ayer a su paso por Madrid.Actualizado Jueves,
junio
22:54En 1960, cuando ten�a solamente cinco a�os, Mary Beard ya supo que dedicar�a su vida a investigar y conocer el pasado. Su flechazo no se produjo aprendiendo lat�n de ni�a, fascin�ndose con las vidas de h�roes y emperadores o a trav�s del arte grecolatino, sino mediante algo tan sencillo como un peque�o trozo de pan. Un pan, eso s�, con m�s de 4.000 a�os de antig�edad que sigue recordando con asombro m�s de seis d�cadas despu�s. "Era mi primera visita al Museo Brit�nico y ver aquel pedazo de pan, que adem�s un trabajador sac� de la vitrina para m� porque era muy peque�a para observarlo bien, me hizo pensar en c�mo ser�a vivir en el pasado, acort� esa brecha entre ellos y nosotros. Ni siquiera era del mundo cl�sico, era egipcio, pero todav�a puedo rememorar hoy esa sensaci�n de asombro", asegura.Pocas personas han hecho m�s que Beard (Much Wenlock, 1955) para demostrar que el mundo cl�sico sigue siendo un territorio vivo. Profesora em�rita de Cambridge, Premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales y autora de libros fundamentales como Mujeres y poder, SPQR o Emperador de Roma, la historiadora brit�nica lleva d�cadas desmontando t�picos sobre Grecia y Roma, pero tambi�n sobre nosotros mismos, pues su trabajo nunca ha consistido �nicamente en explicar el pasado, sino en interrogar los usos que hacemos de �l. Los cl�sicos, insiste desde hace a�os, "no son un museo de respuestas sino una f�brica de preguntas".Esa idea atraviesa su sabio y divertido Cl�sicos sin filtros (Cr�tica), un libro singular, el m�s personal y autobiogr�fico, que recorre los encuentros, hallazgos y obsesiones que han marcado una vida dedicada al estudio de la Antig�edad. Es tambi�n una defensa apasionada de la curiosidad, de la capacidad de detenerse ante aquello que parece insignificante y preguntarse qu� historia contiene. En tiempos de algoritmos, simplificaciones y certezas instant�neas, Beard, a sus 71 a�os, y tras m�s de cinco d�cadas estudiando Grecia y Roma, reivindica el valor de la duda, la complejidad y el asombro; y la convicci�n, no por evidente descartable, de que el pasado sigue siendo una de las mejores herramientas para pensar el presente.Para saber m�sDefiende la curiosidad como motor intelectual. �Le preocupa que estemos construyendo una sociedad cada vez menos capaz de detenerse ante algo aparentemente insignificante y preguntarse por su historia?Es algo que se dice muy a menudo, como tambi�n se repite constantemente que la gente ya no es capaz de leer libros largos o complejos y que nadie tiene tiempo para detenerse y maravillarse ante ciertas cosas. Entiendo de d�nde viene esa preocupaci�n, pero, como sabes, trabajo en el Museo Brit�nico y cuando paseo por las galer�as veo much�simos ni�os que todav�a se detienen ante objetos especiales, que sienten asombro y curiosidad. Estoy completamente de acuerdo en que tenemos que luchar para preservar eso, pero no creo que haya desaparecido. De hecho, cuanto m�s vivimos rodeados de r�plicas digitales, realidad virtual y experiencias mediadas por pantallas, m�s nos gusta estar delante de cosas reales. As� que, aunque entiendo perfectamente la preocupaci�n, en el fondo soy optimista.En el libro habla de los distintos filtros culturales con los que observamos la Antig�edad. �Qu� distingue la mirada espa�ola, o mediterr�nea, sobre este mundo grecolatino de la mirada anglosajona?Yo har�a una distinci�n entre una visi�n europea, en la que yo sigo incluyendo al Reino Unido aunque t�cnicamente, por nuestros errores, quiz� ya no lo sea, y una mirada estadounidense. Lo que une a la mayor�a de los europeos es la sensaci�n de que seguimos viviendo, de alguna manera, dentro del antiguo territorio romano. Una de las cosas que comparto con muchos espa�oles es que crecimos rodeados de huellas romanas. Hab�a un asentamiento romano cerca de donde me cri� y no hac�a falta viajar muy lejos para encontrarse con ese pasado. Eso es muy distinto de estudiar Grecia y Roma en lugares donde nunca estuvieron, como ocurre en Estados Unidos o incluso en algunos pa�ses del norte de Europa. Y digo m�s. Recuerdo la impresi�n que me produjo visitar Argelia y Marruecos, esas provincias romanas del norte de �frica. Entr� en un museo argelino y vi objetos que me resultaban familiares porque se parec�an enormemente a los que hab�a estudiado junto al muro de Adriano. Hay una especie de globalizaci�n romana que conecta el norte de Europa con el norte de �frica y el Mediterr�neo. Por supuesto existen diferencias culturales y nacionales, pero el Imperio romano dej� un espacio compartido que todav�a hoy podemos reconocer."Todos los pol�ticos, de izquierdas y derechas, se han apropiado del mundo cl�sico. Pero lo importante es que siga vivo aunque se utilice mal"Ahora qu� me dice esto, el mi�rcoles ve�amos a los dirigentes de la extrema derecha celebrar en el Parlamento Europeo en Bruselas el endurecimiento de las pol�ticas migratorias. Siempre ha insistido en que Grecia y Roma no pertenecen ni a la izquierda ni a la derecha, pero pocas tradiciones culturales han sido tan utilizadas como arsenal ideol�gico. �Cu�l es el uso pol�tico del mundo cl�sico que m�s le preocupa hoy?Quiz� lo que m�s me preocupa no es quien utiliza los cl�sicos, sino quien piensa que ya no importan. Si hay un enemigo real es la idea de que el mundo cl�sico ha dejado de ser relevante y que los ni�os ya no deber�an tener acceso a �l. No te sorprender� saber que no simpatizo precisamente con la extrema derecha, as� que, por supuesto, me genera ansiedad ver c�mo determinados movimientos utilizan Grecia y Roma de manera tan flagrante. Pero tambi�n creo que debemos recordar que los cl�sicos han sido utilizados durante siglos tanto por la derecha como por la izquierda. La Revoluci�n estadounidense recurri� constantemente a modelos republicanos romanos y, como dijo Marx, en la Revoluci�n francesa se luch� con im�genes romanas. Es demasiado f�cil afirmar que la extrema derecha se ha apropiado de los cl�sicos, porque tambi�n han servido para causas emancipadoras y progresistas. La cuesti�n es que siguen proporcion�ndonos un lenguaje para pensar la pol�tica y para pensarnos a nosotros mismos, por eso aparecen una y otra vez en los debates contempor�neos. Yo, a pesar del odio en redes, discutir� siempre con los supremacistas blancos cuando utilizan las estatuas griegas para defender sus ideas, porque adem�s se equivocan hist�ricamente: las esculturas griegas no eran blancas, eran extraordinariamente coloridas. Pero m�s importante que controlar las interpretaciones es que los cl�sicos sigan formando parte viva de nuestra conversaci�n cultural. En el libro escribe que desde hace 2.000 a�os siempre ha habido alguien en alg�n lugar leyendo una p�gina de la 'Eneida' de Virgilio. Hablando del declive de las Humanidades, �puede imaginar un mundo en el que Virgilio deje de existir no porque desaparezcan sus libros sino porque desaparezcan sus lectores?Cielos, sinceramente espero que no. Una de las cosas m�s extraordinarias de Virgilio es, precisamente, que ha atravesado el tiempo sin desaparecer nunca. Ha permanecido generaci�n tras generaci�n en la vida de los lectores y cada �poca lo ha reinterpretado, hecho suyo, modificado y rele�do desde perspectivas distintas. Soy optimista y creo que eso va a continuar, aunque tambi�n intento hacer todo lo que est� en mi mano para que as� sea. A veces hablo con algunos pol�ticos, y les planteo una pregunta muy sencilla: �realmente quieren vivir en un mundo donde nadie pueda leer a Virgilio o a Homero? La respuesta casi siempre es no, pero... Lo curioso es que incluso quienes dicen que los cl�sicos no les importan suelen reaccionar cuando se les plantea esa posibilidad. En el fondo nadie quiere un mundo sin Virgilio ni sin Homero. Y creo que eso seguir� ocurriendo. Lo vemos incluso ahora. Este verano llegar� la nueva adaptaci�n cinematogr�fica de la Odisea, la de Christopher Nolan. No s� si me gustar� o no, probablemente no ser� la Odisea que existe en mi imaginaci�n, pero precisamente �sa es la grandeza de Homero, que cada generaci�n pueda volver a contarlo de una manera distinta.Hace unos meses la historiadora Eve MacDonald nos contaba c�mo los descubrimientos recientes han transformado nuestra visi�n de Cartago. Despu�s de m�s de medio siglo estudiando la Antig�edad, �cree que todav�a es posible un hallazgo capaz de cambiar radicalmente nuestra imagen de Grecia o Roma?Es posible, �qui�n sabe? Durante m�s de 50 a�os he visto c�mo nuestra comprensi�n del mundo antiguo cambiaba constantemente, pero esos cambios no proceden �nicamente de los descubrimientos arqueol�gicos. Hoy podemos analizar restos biol�gicos encontrados en letrinas romanas y obtener informaci�n sobre la salud o la alimentaci�n de las personas que las utilizaron, eso era impensable hace d�cadas, pero tan importante como la tecnolog�a es la pregunta que decidimos formular. Cuando yo era estudiante, a principios de los a�os 70, pr�cticamente no estudi�bamos a las mujeres. El mundo antiguo que aprend�amos era un mundo masculino y, si acaso, al final del curso nos permit�an escribir un ensayo opcional sobre las mujeres, pero como era opcional, todos sab�amos que no era importante. Nos dec�an, adem�s, que apenas exist�an fuentes para estudiarlas. Result� que aquello era completamente falso. En cuanto empezamos a plantear nuevas preguntas, aparecieron nuevas respuestas. Durante mi vida acad�mica hemos recuperado incluso poemas de Safo que antes desconoc�amos. As� que los grandes cambios nacen siempre de una combinaci�n entre descubrimientos, t�cnicas y preguntas, y el mundo griego y romano que estudian hoy los j�venes se parece muy poco al que estudi� yo cuando ten�a su edad.Su libro 'Mujeres y poder' est� a punto de cumplir una d�cada y hoy muchos de los temas que planteaba entonces forman parte del debate p�blico global. Si tuviera que reescribir aquel libro en 2026, �ser�a m�s optimista o m�s pesimista?Escrib� ese libro justo antes de la explosi�n del movimiento #MeToo y lo que me sorprende es que, cuando intento evaluar lo que ha ocurrido durante estos a�os, tengo la sensaci�n de que las cosas no han cambiado tanto como parec�a. El #MeToo fue extraordinariamente estimulante y gener� una enorme sensaci�n de transformaci�n, pero despu�s tambi�n hemos visto flagrantes retrocesos. Pienso, por ejemplo, en Estados Unidos, donde algunos derechos y aspiraciones de las mujeres se encuentran hoy en una situaci�n m�s precaria que hace unos a�os. Si me preguntas si soy optimista, dir�a que no especialmente. Hay m�s mujeres en los parlamentos, s�, y existen cambios visibles, pero si busco una gran revoluci�n que haya transformado de ra�z la situaci�n de las mujeres en Occidente, me cuesta encontrarla.Beard publica 'Clasicos sin filtros', una reivindicaci�n del asombro que produce el pasado.�NGEL NAVARRETE"S� que no es una opini�n popular, pero un historiador no debe ser neutral, la historia exige comprender y juzgar al mismo tiempo"Otra de sus grandes aportaciones ha sido desmontar la visi�n rom�ntica de la democracia ateniense y de la Rep�blica romana. En un momento en que nuestras democracias parecen fatigadas y vulnerables, �tendemos a buscar en la Antig�edad ejemplos edificantes cuando quiz� ser�a m�s �til estudiar sus fracasos? Sin duda, a menudo extraemos del pasado exactamente las conclusiones equivocadas. Hemos convertido la democracia ateniense en una especie de objeto de admiraci�n casi reverencial, nos gusta pensar que somos sus herederos y contemplarla como el origen noble de nuestras instituciones, pero esa visi�n resulta peligrosa. Si observamos Atenas con cierta distancia veremos a un grupo de hombres, �nicamente hombres, participando en instituciones muy distintas de las nuestras. Y veremos tambi�n una democracia profundamente conflictiva, cuyos sistemas de elecci�n estaban condicionados por el prestigio y la influencia social, y atravesada por golpes de Estado, desaf�os olig�rquicos, luchas de poder y episodios de enorme inestabilidad. La lecci�n importante no es sentirnos herederos, sino que la democracia exige trabajo constante, vigilancia y compromiso. No es algo que recibimos en herencia y que despu�s funciona autom�ticamente. Durante demasiado tiempo hemos pensado que bastaba con tener elecciones, urnas y sufragio universal, pero la democracia exige una lucha permanente para conseguir que siga funcionando.En 'Emperador de Roma' mostraba hasta qu� punto el poder personalista es mucho m�s resistente de lo que solemos creer. Viendo el panorama pol�tico actual, �estamos asistiendo al regreso de una cultura que admira m�s al emperador que a las instituciones?Me temo que s�, y lo digo con cierta tristeza. Si realmente quisi�ramos una dictadura al estilo romano, podr�amos tenerla. Una de las preguntas que me plante� al escribir Emperador de Roma era precisamente c�mo pod�a sobrevivir durante tanto tiempo un sistema basado en el poder de una sola persona. Evidentemente exist�an mecanismos de violencia, represi�n y estructuras destinadas a proteger al emperador como una especie de polic�a pol�tica. Pero la respuesta fundamental es que la autocracia sobreviv�a porque la gente permit�a que sobreviviera. La mayor�a de las personas pod�an quejarse de un emperador concreto, criticarlo o burlarse de �l, pero rara vez se organizaban para desafiar el sistema en s� mismo. Y eso me parece una lecci�n importante para el presente porque la pol�tica exige que todos desempe�emos nuestro papel. La ciudadan�a no consiste �nicamente en acudir a votar cada cierto n�mero de a�os, las instituciones s�lo sobreviven si existe una voluntad colectiva de sostenerlas.Durante a�os ha sido muy criticada por opinar sobre ciertos aspectos de la historia. �Le preocupa que el an�lisis hist�rico haya sido sustituido por una especie de juicio moral permanente sobre el pasado?Aqu� probablemente voy a resultar un poco combativa. Conozco perfectamente el argumento seg�n el cual no deber�amos juzgar el pasado con criterios actuales, pero yo nunca he compartido del todo esa idea. Por supuesto que el pasado debe ser comprendido, �sa es una de las tareas fundamentales del historiador, pero tambi�n debe ser juzgado. No creo que podamos ni debamos desprendernos por completo de nuestros principios morales en nombre de una supuesta objetividad. Por ejemplo, ser�a absurdo afirmar que no debemos tener ning�n juicio moral sobre la esclavitud o sobre la muerte de los gladiadores, porque claro que lo tenemos. Debemos intentar comprender c�mo funcionaban esas sociedades y, al mismo tiempo, reconocer nuestra reacci�n moral ante ellas. El trabajo del historiador consiste precisamente en mantener ese equilibrio, es decir, la historia exige comprensi�n, pero tambi�n juicio."No me preocupa la inteligencia artificial porque s�lo los humanos podemos otorgarle significado al pasado"Durante siglos los cl�sicos sobrevivieron gracias a copistas, bibliotecas y lectores. Ahora estamos entrando en una �poca en la que parte de esa memoria cultural empieza a almacenarse en sistemas de inteligencia artificial. �Le parece esa tecnolog�a actual una continuidad de esa tradici�n de transmisi�n o es una ruptura radical que modifica lo que legaremos al futuro? Tengo una opini�n bastante ambivalente sobre la inteligencia artificial. Hay colegas m�os que la consideran poco menos que el diablo, pero yo no comparto esa visi�n. Creo que ser� enormemente �til para muchas cosas. Si necesito traducir el manual de instrucciones de una lavadora, por ejemplo, probablemente la inteligencia artificial har� un trabajo magn�fico, y eso es fant�stico, pero cuando hablamos de historia o de cultura la cuesti�n es distinta. Entender el pasado es algo que ocurre dentro de nuestra propia cabeza, no podemos externalizarlo a un centro de procesamiento de datos. Somos nosotros quienes tenemos que otorgarle significado y debatir, interpretar, discutir y encontrar sentido a las cosas. La inteligencia artificial puede ayudarnos en ese proceso, desde luego, pero no puede sustituirlo. Lo que realmente importa sigue siendo c�mo pensamos nosotros y c�mo hablamos entre nosotros. Si la tecnolog�a contribuye a eso, bienvenida sea. Pero no puede hacerlo por nosotrosEste libro tiene una dimensi�n autobiogr�fica muy visible. Despu�s de m�s de 50 a�os dedicada al estudio del mundo cl�sico, �es un libro de balance, una despedida, o m�s bien una insistencia en que la curiosidad sigue intacta?No s� si vivir� lo suficiente para escribir otro libro, tengo 71 a�os y nunca se sabe, pero s�, en parte este libro nace de una reflexi�n sobre la ni�a que fui. Creo que todos llevamos dentro al ni�o o a la ni�a que fuimos alguna vez y que, llegado un momento, merece la pena volver la vista atr�s y preguntarse c�mo empez� todo. Tambi�n me di cuenta de que muchas veces damos por sentado aquello que nos interesa sin detenernos a explicar por qu� nos interesa. �Qu� hay realmente detr�s de esa fascinaci�n? �Por qu� hemos dedicado una vida entera a una determinada cuesti�n? Por eso era inevitable que este libro tuviera una dimensi�n autobiogr�fica. Adem�s, la pregunta sobre por qu� importan los cl�sicos es necesariamente una pregunta personal, yo no puedo decirle a nadie por qu� deber�an interesarle Grecia o Roma, lo �nico que puedo hacer es explicar qu� me interes� a m�, c�mo entr� en ese mundo y por qu� ha seguido acompa��ndome durante toda la vida. No soy experta en todo, no soy especialista en Arist�teles, por ejemplo, lo �nico que puedo ofrecer es mi propio camino y decir: esto fue lo que funcion� para m�. �sta es la forma en que los cl�sicos cambiaron mi manera de ver el mundo.Volviendo a aquella ni�a, si hoy pudiera visitar nuestra �poca y ver c�mo hablamos del pasado, la identidad, la cultura o la pol�tica, �qu� cree que le sorprender�a m�s lo mucho que hemos cambiado o lo poco que lo hemos hecho?Desde luego le sorprender�a estar participando en esta conversaci�n, eso lo primero. Pero, m�s all� de esto, creo que descubrir�a algo bastante sencillo, que las mismas cosas siguen emocion�ndonos. Hace poco di una charla en el Museo Brit�nico y sacaron precisamente aquel trozo de pan. Hab�a mucha gente observ�ndolo y me impresion� comprobar hasta qu� punto segu�a despertando fascinaci�n ese objeto tan peque�o y tan antiguo. Las circunstancias cambian, las sociedades cambian y tambi�n cambian nuestras preguntas, pero hay ciertas formas de curiosidad y de asombro que permanecen. Quiz� la emoci�n que sentimos hoy no sea exactamente la misma que sinti� aquella ni�a, pero estoy convencida de una cosa, nunca existir� un mundo en el que a nadie le conmueva un trozo de pan de 4.000 a�os de antig�edad.







