Es baja, está de espaldas y abraza fuerte a su madre. Podría ser cualquier niña feliz, pero a su corta edad ya se ha convertido en la víctima de una violación. Anna Turbau (1949-2025) la fotografió en los años setenta porque la revista Interviú se lo pidió, pero con la precaución de proteger su rostro. Así trabajaba esta fotoperiodista que murió hace solo un año, mirando a fondo, pero disparando con cautela. Su objetivo no era otro que denunciar las injusticias, pero preservando la dignidad de las personas que más las sufren. Una buena representación de su obra, marcada por el compromiso social, puede verse hasta el 30 de agosto en el Palau Robert de Barcelona en la exposición titulada Anna Turbau. En veu pròpia, que incluye colecciones de imágenes inéditas de esta pionera del fotoperiodismo, organizada con la Fundación Photographic Social Vision.Aunque su nombre no es muy conocido, Anna Turbau formó parte del grupo de fotógrafos que durante la Transición española desarrollaron un fotoperiodismo comprometido y de denuncia, que ha dejado documentos imprescindibles para entender un período de movilizaciones y lucha por las libertades. Además de un lenguaje renovado y militante, lo hizo con una sensibilidad y proximidad a las personas fotografiadas mostrando su sufrimiento sin morbo. “Me iba la marcha. La subida de adrenalina provocada por la lucha por cuestiones sociales o políticas, la clandestinidad. Es lo que me gusta hacer”, dejó escrito ella misma. Varios textos de la autora se combinan en las paredes con las imágenes.En la mayoría de instantáneas seleccionadas, este compromiso es evidente, como en la fotografía tomada en el comedor de la familia de ‘Pedro el loco’, un menor detenido y encarcelado ilegalmente en 1977 en el Raval; o en el rostro asustado de una niña discapacitada de unos 12 años con pelo corto y una muñeca en los brazos realizada en el hospital psiquiátrico de Conxo, en Galícia, al que acudió para documentar lo que allí dentro se vivía. Sobre esta menor escribió: “No es una foto. Es mi niña. Y entendí lo que son las miradas de comprensión porque ella y yo estábamos en una situación similar. Mi familia fue atacada, totalmente devastada por enfermedades mentales y… era mi manera de luchar”.“La fotografía era una forma de rebeldía, de mostrar aquello que la dictadura quería ocultar”, relató. Durante la transición perduraron los ecos de esta etapa de represión y Turbau también estuvo allí para contarlo. Se metió en la cárcel de Wad-Ras en 1988 para retratar a las reclusas, algunas con sus bebés en brazos; y visitó poblados gitanos en varias ocasiones como el asentamiento de Ripollet afectado por la riada de 1984. Parte de su trabajo lo hizo en Galicia, documentando la vida rural, como muestran las imágenes de las movilizaciones contra la autopista AP-9 en Guísamo (La Coruña), hechas en 1977. En aquella época también fotografía las manifestaciones por el Estatuto de Autonomía en Cataluña.Pero su campo de trabajo fue más amplio, y también dejó testigo del lado más bello de la vida: Ella Fitzgerald actuando en el Festival de Jazz de Barcelona a mediados de los años setenta; la escritora Doris Lessing inmortalizada durante una visita a la ciudad entre 1982 y 1983; o el precioso conjunto de retratos de manos femeninas que se cruzan, que tejen, que criban legumbres o que bordan. Junto a ellas, un texto que reza “las manos son transmisión de sentimientos, cuando tocas, cuando expresas… es vida”. Desgraciadamente, la exposición se ha inaugurado un año después de su muerte, sucedida el 19 de marzo de 2025. En la misma, se pueden ver entrevistas en vídeo realizadas cuando la Colección Nacional de Fotografía adquirió una veintena de sus obras, en las que habla de su forma de trabajar, que pronto quiso llevar mucho más allá de los encargos de la prensa para documentar las otras historias que veía. En ese momento, Turbau estaba revisando su archivo, con más de 40.000 fotografías, muchas de ellas inéditas, con el acompañamiento de la Fundación Photographic Social Vision. “Doisneau me emociona” es la confesión de Turbau que da inicio a la exposición, en un texto que también cuenta como aprendió de forma autodidacta a fotografiar. Dice que la agencia Magnum era de referencia y que entre los colegas se pasaban libros y números de la revista Paris Match. “No teníamos dinero... Yo aprendí así, y supongo que otros de mi generación también”, recuerda.
Anna Turbau, la fotoperiodista de la Transición que miraba a fondo y disparaba con cautela
El Palau Robert exhibe su archivo para recuperar la memoria de esta fotógrafa que documentó la pobreza y la marginalidad sobre todo en Barcelona y Galícia







