Casi nadie ve las fotos de Ana María y Donna, expuestas en las calles de Barcelona. Son invisibles empleadas del hogar

A pesar del frío, la pareja camina comiéndose un helado por Consell de Cent, en el cruce con Enric Granados. Absortos en lo suyo, ni se dan cuenta de que al pasar, su mochila -de una escuela de negocios- casi roza la fotografía del documento que permitió a Ana María Jeremías viajar con solo 9 años de Angola a Portugal. Ella pensaba que iba a estudiar, pero en realidad empezó su explotación como interna y empleada del hogar, limpiando la suciedad de otros. La exposición cuelga de las verjas del Seminario conciliar de Barcelona, como una de las muestras del Festival Internacional de Fotografía ...

sobre Derechos humanos y Justicia Global repartidas por la ciudad. Está en la calle, a plena luz del día, pero casi nadie la ve. Tampoco la pareja de ancianos, con chaquetón blanco ella y abrigo marrón él, que suman un paso tras otro. Ni la madre escayolada, a bordo de una silla de ruedas, que se detiene un momento a hablar por teléfono. Ni su hija, que la acompaña, y mira al cielo mientras espera, sin percatarse que justo delante tiene a Ana María exhausta, dormitando en un vagón de metro.