En la obra de Annie Ernaux, la fotografía no es un mero objeto evocador, sino un detonante de la memoria. Es el punto de partida de la escritura, una herramienta para acceder a lo que el tiempo y las defensas de la mente han sepultado. La escritora francesa ha recurrido a ella en El lugar, La vergüenza, Una mujer o Los años, donde describía instantáneas de su infancia y juventud como si fueran fotos en prosa. En Diario del afuera, la convirtió en técnica de escritura: transcribió fragmentos cotidianos de su vida entre 1985 y 1992 con la urgencia y la precisión de un fotógrafo callejero en busca del instante decisivo. Más tarde, en El uso de la foto, diario del cáncer de mama que sufrió en 2003, alternó imágenes tomadas tras sus encuentros sexuales con entradas escritas un tiempo más tarde, cuando la enfermedad ya había irrumpido en su día a día.
Aun así, la fotografía nunca había tenido un papel tan importante como en este fotodiario, que contiene 120 imagenes del archivo personal de la escritora. No es un simple apéndice o un tomo menor: revela los hilos invisibles que recorren su obra: la humillación por sus orígenes modestos (El lugar, Una mujer), el conflicto entre deseo y culpa (La vergüenza) y, en menor medida, el tabú del aborto (El acontecimiento), la desigualdad en el matrimonio (La mujer helada) o el arrebato amoroso (Pura pasión). Concebido en 2011 para la edición de sus obras completas en la colección Quarto de Gallimard —una especie de Pléiade más asequible y menos elitista—, el libro ha sido ampliado para su edición española, que incluye nuevas entradas que llegan hasta 2023.






