FlorescenciaLa educación de calidad y el talento que vuelve a casa pueden cambiar el futuro.
La semana pasada, en Guatemala, conversé con varios compatriotas que habían sido deportados, algunos después de vivir décadas en Estados Unidos. Escuché historias de sacrificio, trabajo y resiliencia. Era claro que ninguno de ellos soñó con abandonar Guatemala cuando era niño. Quienes migraron siendo adultos lo hicieron para sobrevivir y darle un mejor futuro a su familia.
A simple vista, regresan como se fueron: con una bolsa en la mano. Pero lo que no se ve es todo lo que traen consigo. Durante años enfrentaron enormes desafíos, aprendieron nuevos oficios, desarrollaron habilidades y sostuvieron a sus familias con las remesas que enviaban desde Estados Unidos. Hoy regresan con experiencia, disciplina y una enorme capacidad para aportar. Son héroes que nunca dejaron de llevar a Guatemala sobre sus hombros. Guatemala no solo está recibiendo a sus hijos de vuelta. Está recuperando talento.
Cuando escuché al presidente Bernardo Arévalo afirmar que “el rescate de la educación guatemalteca tiene que ser causa común”, pensé que, pese a los enormes desafíos, su gobierno ha dado pasos para fortalecer el sistema educativo. Los aumentos salariales para maestros, las reformas en institutos y los esfuerzos por ampliar la cobertura muestran que la educación ha vuelto a ocupar un lugar prioritario. Los resultados aún deberán medirse con el tiempo, pero toda buena cosecha comienza con la siembra del maíz.









