Uno de los principales objetivos de la creación de la actual Unión Europea (UE) era reforzar los lazos comerciales entre socios europeos y con países terceros. De esta manera, aparte de potenciar el mercado europeo, se quería evitar nuevos conflictos –el trauma de la Segunda Guerra Mundial estaba a flor de piel– entre estados miembros y con aliados externos. La sustitución del poder militar –que se dejó sobre todo en manos de Estados Unidos– por el llamado poder blando era un win win: potenciaba la economía europea y ejercía una gran influencia en los socios comerciales, que veían (y ven) la Unión Europea como una gran fuente de riqueza.PublicidadSin embargo, el contexto internacional ha cambiado por completo y la UE está rompiendo tabús en casi todos los campos, también en el comercial. Europa ha dejado de ser el continente industrial que fue y hay otros grandes estados, como China, que se han convertido en grandes potencias industriales y los países europeos ya ven como una amenaza. De hecho, el déficit comercial con el gigante asiático crece año a año. Y, por otro lado, se encuentra Estados Unidos. A pesar de que es el gran aliado de la UE, se está alejando a marchas forzadas y no para de poner trabas en la relación que tenían de casi libre comercio transatlántico.Ante esta pinza, la Unión Europea también se empieza a proteger y está volviendo a medidas más bien proteccionistas, aunque de momento de manera tímida. De hecho, ya no solo confía en el poder blando que hasta ahora ha ejercido, sino que también se está rearmando a gran escala. Otro cambio de estrategia provocado por el mismo abandono de Estados Unidos a través de Donald Trump y, además, la amenaza que supone para la seguridad del bloque comunitario la invasión del régimen de Vladímir Putin contra Ucrania.Dos medidas que constatan el cambio de rumbo en materia de relaciones comerciales de la UE son las que entrarán en vigor este miércoles 1 de julio: un arancel a los productos baratos comprados en plataformas chinas, y unos topes de importación de acero y hierro. Así, la UE cobrará una tasa de tres euros a los paquetes de menos de 150 euros que los ciudadanos europeos compren directamente en plataformas como Temu, Shein o AliExpress, que son chinas. Según fuentes de la Comisión Europea, la cantidad de pequeños paquetes que se importan en la UE es tan elevada que no pueden controlar que cumplen con el derecho comunitario ni garantizar que son seguros.Según datos de la misma Comisión Europea, este tipo de envíos baratos al por menor que llegan de fuera de la Unión Europea se ha cuadruplicado desde el 2022, y el año pasado casi se alcanzaron los 5.900 millones de paquetes anuales. El precio medio de estos artículos importados –el 98% de los cuales llegan del gigante asiático– no supera los nueve euros, también según informan fuentes comunitarias.PublicidadPor lo que hace al sector siderúrgico, la Unión Europea impondrá aranceles del 50% a todos los productos de acero y hierro una vez ya hayan entrado en un año 18,3 millones de toneladas. Hasta ahora, las tasas de importación que aplicaba el bloque comunitario era la mitad, del 25%. De esta manera, se quiere proteger a la industria europea del excedente de productos siderúrgicos que hay en el mercado actualmente, sobre todo a raíz de los aranceles que ha impuesto Estados Unidos a China.Más armas de protecciónEstas medidas no son excepcionales, sino que forman parte de un cambio de posición y de tono por parte de la Unión Europea respecto a Estados Unidos y China. El bloque comunitario ya tiene calificado Pekín como una "rival sistémico", con el que se puede tener relaciones comerciales, pero se quiere reducir dependencias críticas. Y, entre otras medidas, Bruselas ha subido de manera sustancial el coche eléctrico chino, ya que cada vez se importa más a la UE en detrimento de la industria automovilística europea, que se encuentra en plena crisis.De hecho, en la última cumbre de líderes europeos se debatió qué relación quiere tener el club europeo con el gigante asiático y, por primera vez, los Estados miembros subieron el tono contra el régimen de Xi Jinping, a pesar de las reticencias del gobierno de Pedro Sánchez. Así, los socios europeos aprobaron pedir a la Comisión Europea que ponga sobre la mesa una nueva herramienta legal para que se pueda usar “eventualmente” y de manera "urgente" ante una "situación comercial injusta" con China.PublicidadA pesar de que la petición es ambigua, una de las medidas que pedían algunos Estados miembros, como Francia, es la creación de un instrumento legal europeo similar al que utilizó Trump en la guerra comercial con China, el llamado 301. De esta manera, la Unión Europea podría aplicar aranceles o limitar las importaciones de productos chinos en según qué sectores de manera acelerada y, así, proteger a la industria europea. Sin embargo, se trata de una medida que tendrán que negociar los estados miembros y el Parlamento Europeo y, por tanto, puede variar, y mucho, hasta que no se apruebe de manera definitiva.De hecho, España se opone a esta medida y apuesta por una posición más dialogante con China. El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, siempre aboga por evitar cualquier retórica o medida que pueda provocar una guerra comercial con el gigante asiático. Eso sí, La Moncloa opta por continuar intentando potenciar la autonomía y la industria de la Unión Europea, y diversificar los socios comerciales con la intención de no depender excesivamente de ninguna potencia extranjera, especialmente Estados Unidos o China.