EntrevistaLa exvicepresidenta habla de la situación actual en materia de seguridad y de los desafíos que deberá asumir el gobierno de Abelardo de la Espriella.Marta Lucía Ramírez fue ministra de Defensa entre 2002 y 2003. Durante el gobierno del presidente Iván Duque se desempeñó como vicepresidenta. Foto: Nestor Gomez. Archivo EL TIEMPOPERIODISTA29.06.2026 22:30 Actualizado: 29.06.2026 22:30
Por las negociaciones con el ‘clan del Golfo’, “el exministro Iván Velásquez no puede simplemente lavarse las manos”, afirma la exvicepresidenta y exministra de Defensa Marta Lucía Ramírez. Ante nuevas amenazas tecnológicas a la seguridad del país, recomienda unas vías para la modernización urgente en capacidad de defensa.Quiero hablarle de su nuevo libro, 'Seguridad en Colombia en tiempos de inteligencia artificial'...El libro se deriva de la iniciativa que tuvimos con el periódico EL TIEMPO, con su director Andrés Mompotes, ante el deterioro de la seguridad en el país. Escuchamos a expertos militares y civiles sobre cómo ha ido mutando la amenaza de la inseguridad, para ver qué recomendaciones hacer al nuevo gobierno.Antes de avanzar en el diagnóstico, quisiera preguntarle su opinión respecto al escandaloso informe del periodista Ricardo Calderón en ‘Noticias Caracol’ sobre la forma cómo el ‘clan del Golfo’ ordenaba decisiones en materia de seguridad. Según parece, el Gobierno las acató prácticamente en su totalidad…Tal como lo dio a conocer el general Henry Sanabria, exdirector de la Policía Nacional, hay varios generales a los que dieron de baja inmediatamente después de capturar a alias Otoniel. Las operaciones eran conjuntas, con inteligencia compartida entre las fuerzas que este gobierno desmontó. La denuncia es muy grave: descabezaron el sistema de inteligencia. Y el presidente Petro les hacía sentir su descontento con las operaciones exitosas a través de Laura Sarabia, quien, según lo dicho por el general, cometió abuso de autoridad, porque no tenía por qué interferir en las operaciones de la Fuerza Pública. Sobre todo, el exministro de Defensa Iván Velásquez no puede lavarse las manos por el descabezamiento de los generales.Iván Velásquez, exministro de Defensa. Foto:MinDefensa¿Qué ha cambiado en cuanto al desafío de la seguridad del país?En que ya no consiste en combatir grupos armados guerrilleros con la pretensión de tomarse el poder, sino en enfrentar un ecosistema de amenazas híbridas, transnacionales y tecnológicas.¿Cómo se combate todo eso?Con liderazgo presidencial, modernización institucional y una estrategia integral de seguridad y defensa, conducida por el nuevo presidente, Abelardo de la Espriella. LEA TAMBIÉN ¿Existe la tal dicotomía entre seguridad y democracia?No, más bien se deben fortalecer simultáneamente. Es posible tener un Estado fuerte, eficaz y capaz de garantizar el orden público sin renunciar a las libertades, los derechos ciudadanos, la pluralidad política o la posibilidad de disentir. La política de seguridad y defensa debe ejercerse siempre dentro del marco de la Constitución y la ley.Es posible tener un Estado fuerte, eficaz y capaz de garantizar el orden público sin renunciar a las libertades, los derechos ciudadanos, la pluralidad política o la posibilidad de disentirEntonces vuelvo al motivo de esta entrevista. La semana pasada tuvimos al exministro Mauricio Cárdenas desmenuzando el escenario económico que encontrará el nuevo gobierno. ¿Qué opina usted, como exministra de Defensa, sobre el panorama de seguridad?Que el nuevo gobierno recibirá un país con una economía criminal desbordada. La producción de cocaína se acerca a las 3.000 toneladas anuales y alimenta rentas ilícitas que superan ampliamente la capacidad de respuesta del Estado. Al narcotráfico se le suma el multicrimen con minería ilegal, contrabando, tráfico de armas y de personas, extorsión y delincuencia organizada.Ramírez también fungió como canciller durante el último año del gobierno Duque. Foto:Cortesía¿De qué manera se puede recuperar ese liderazgo presidencial en seguridad y defensa?Indispensable hacerlo en la formulación y conducción de una nueva estrategia nacional. Estuvo ausente durante buena parte de este período, sin dirección estratégica del Estado. Lo que nos queda es no solamente una realidad en cifras, sino una percepción ciudadana de total impotencia frente a la acción de los violentos y del crimen organizado. LEA TAMBIÉN ¿Qué situación, en cuanto a Fuerzas Militares y de Policía, encontrará el nuevo gobierno?La Fuerza Pública en general se ha debilitado durante estos últimos años, en parte por la disminución de efectivos. Y lo más grave es que se la ha privado de la experiencia de muchísimos años de una gran cantidad de oficiales y suboficiales de distintos niveles de mando: cerca de 1.280 oficiales, incluidos numerosos generales, lo que representa una pérdida de experiencia acumulada difícil de reemplazar afectando capacidades de liderazgo, planeación y conducción estratégica.El presidente Gustavo Petro, quien dio luz verde a diversos ceses al fuego con grupos armados. Foto:Archivo El Tiempo¿Usted tiene alguna explicación acerca de por qué ocurrió esa purga? Obviamente, cambiar personal de la Fuerza Pública es facultad discrecional del Presidente, pero ¿tantos al tiempo?Como usted lo dice, esto sí se considera una verdadera purga. Siempre que llega un nuevo gobierno, hay un retiro de algunos generales, pero poquitos: cinco o seis, porque cada uno obviamente quiere colocar a sus comandantes de fuerza. En esta ocasión, la llegada del gobierno de Gustavo Petro, con su ministro de Defensa Iván Velásquez, significó el retiro de tantos generales. Desde ese momento se empezó a hablar de purga, porque Velásquez dijo que los habían retirado porque había dudas en materia de lucha contra el crimen organizado y sobre corrupción; y les endilgó dudas en materia de respeto por los derechos humanos. Entonces, los que salieron llevaban encima ese manto de duda. Repito, el exministro Velásquez no puede lavarse las manos.Ese ministro también tiene que responder muchas preguntas sobre compra de helicópteros y aviones de guerra...Este tema tiene mucha opacidad, para decirlo de alguna manera. Evidentemente la insuficiencia aérea de las Fuerzas Militares se había diagnosticado desde tiempo atrás. Desde el gobierno de Juan Manuel Santos, durante las negociaciones con las Farc. No obstante, el gobierno Santos no tomó ninguna decisión para fortalecer esa capacidad aérea, entre otras cosas, porque durante la negociación prácticamente se suspendieron los bombardeos y ya sabemos cómo fue esa etapa. Luego vino el gobierno del presidente Duque; él hizo entonces un trabajo con las Fuerzas Militares y sus comandantes con Planeación Nacional para estudiar la actualización operativa y en equipos de las Fuerzas Militares. Estas cosas tienen sus demoras. Al final ya había decisión de asignar unos recursos importantes para la compra de aviones. Es indiscutible que esos equipos aéreos sí se necesitan. LEA TAMBIÉN Entonces, ¿qué es lo cuestionable?La manera en que se escogieron estos equipos. Se hizo una operación gobierno a gobierno en lugar de una licitación internacional que permitiera comparar no solamente la eficiencia en materia de equipos, sino los costos. Está demostrado que se los vendieron a Colombia a precios muchísimo más altos que a otros países uno o dos años antes. Lo peor es que vimos el gran interés de este gobierno en Suecia; y deja gran inquietud que hace unos días oyéramos al embajador Reyes señalando que ha tenido muy poco acceso e información sobre esta negociación de los aviones Gripen. En materia de compras militares, es muy importante tener mucha transparencia y certeza sobre la calidad del equipo que se está adquiriendo, pero también sobre el uso que se le va a dar, porque hoy estamos también en una situación distinta de inseguridad de Colombia comparada con la de hace 25 años.Por todo eso le pregunto: ¿usted cree que el nuevo gobierno va a recibir un Ejército motivado, con mística, comprometido con su misión?Hay que reconstruir el capital humano de las Fuerzas Militares y de Policía. Una de sus virtudes es que han sido siempre muy respetuosas del poder civil. Y por eso, justamente, varios hicimos una crítica a la vinculación de un militar al Ministerio de Defensa. Ese respeto al poder civil es muy importante para asegurar que también haya una verdadera legitimidad y responsabilidades políticas. Es que tener el monopolio del uso de la fuerza significa también una responsabilidad política que tiene que asumir el Gobierno. De todas maneras, hoy vemos que existe ese respeto al poder civil de las Fuerzas Militares al Presidente. Han sido muy obedientes y ninguno se ha atrevido, obviamente, a manifestar sus preocupaciones, pero uno sabe que existen al interior de los que están en servicio.General Royer Gómez, comandante del Ejército. Foto:Jesús Blanquicet/El Tiempo¿Cómo sabe que existen esas preocupaciones?La expresan claramente muchos en las reservas, que están absolutamente integradas, en contacto y en comunicación permanente con los militares activos. Y sí creo que hay una gran ilusión de que se vuelva a tener una verdadera estrategia de seguridad nacional y de defensa. Eso es importante porque son dos conceptos diferentes, pero complementarios. Y nuestros militares y policías reconocen que desafortunadamente en este gobierno lo que hubo fue una gran ausencia de verdadera estrategia, tanto para la defensa como para la seguridad. Defensa que tiene que ver sobre todo con las fronteras y obviamente con todas las amenazas al orden democrático. Y seguridad, con la protección a los ciudadanos en las zonas urbanas, derechos y libertades y protección de la vida. Siento que en las fuerzas militares hay entusiasmo por recuperar una estrategia de seguridad.Y nuestros militares y policías reconocen que desafortunadamente en este gobierno lo que hubo fue una gran ausencia de verdadera estrategia, tanto para la defensa como para la seguridad¿No hay frustración?Sin duda, por la salida de varios comandantes que tenían toda la experiencia, el conocimiento y la integridad. Y por otro lado, pues obviamente sabemos que el trabajo con la Fuerza Pública requiere siempre un liderazgo inequívoco en cuanto a lo que significa el trabajo de la inteligencia, de la prevención, de la reacción frente a todas las amenazas que trae el crimen. Desafortunadamente ese no fue el liderazgo que ejerció Gustavo Petro. LEA TAMBIÉN Con su experiencia, puede darle al nuevo gobierno una orientación sobre cómo se debe reestructurar la política de seguridad. Dice en su libro que un enfoque exclusivamente penal lleva a creer que basta con capturar; un enfoque exclusivamente social, a que basta con invertir; un enfoque exclusivamente militar, a que basta con recuperar el territorio; y un enfoque exclusivamente negociador, como el de este gobierno, se reduce a creer que basta con sentarse con actores en una mesa…Todas esas visiones son complementarias. El enfoque social es fundamental porque en parte ese control institucional de todo el territorio significa también que haya una verdadera política de desarrollo rural, de agricultura, que genere opciones para los campesinos; para que los grupos criminales no los coja de mano de obra barata.¿Ve luz al final del túnel en la lucha contra el narcotráfico?Esto tiene que ser una decisión nuestra, no porque nos la imponga Estados Unidos o nos amenacen con sanciones. Es un buen negocio para Colombia acabar con el narcotráfico. Todos esos recursos que nos cuesta este conflicto y esta violencia los pierde el país. En cambio, si invertimos recursos con una muy buena política de seguridad a las zonas rurales, pues el sector privado va a estar interesado en desarrollar proyectos agroindustriales que se exporten y que sirvan para la seguridad alimentaria de los colombianos. LEA TAMBIÉN ¿Cuál puede ser el papel del sector privado en la seguridad?La vinculación del sector privado tendría dos objetivos distintos. Uno, lograr ese desarrollo económico en las zonas cocaleras y en general en la ruralidad colombiana. Podríamos perfectamente sembrar, en los próximos cuatro años, tres millones de hectáreas de alimentos; tenemos una capacidad enorme para ampliar la frontera agrícola. Es posible, si nos concentramos en que el nuevo gobierno establezca estímulos a los inversionistas privados para sembrar cacao, café o palma; desarrollar proteína animal en granja, en muchas de todas esas zonas cocaleras. Esa vinculación del sector privado debe tener la garantía del Gobierno de que dará protección en las zonas rurales, de la mano de una infraestructura que se puede hacer con ingenieros militares.Abelardo de la Espriella Foto:Oscar Fernando Ariza¿Y cuál es la otra vinculación del sector privado a la seguridad?A través de empresas privadas profesionales expertas. No unos advenedizos que desafortunadamente han llegado recientemente a la Superintendencia de Seguridad Privada, sino empresas expertas que garanticen la protección de las infraestructuras de telecomunicaciones, energética y petrolera. Tenemos una gran cantidad de nuestros militares ocupados en proteger la infraestructura, esencial también para la seguridad nacional, pero podría haber empresas privadas que cumplan esa tarea o refuercen la labor de la Policía Nacional en lo que tiene que ver con las zonas urbanas, seguridad en los centros comerciales, edificios residenciales. Todo esto necesita liderazgo presidencial, que les dé garantías jurídicas a los empresarios que intervengan en esas actividades.¿Sus recomendaciones en seguridad y orden público al próximo gobierno?Primero, adaptar la seguridad a las nuevas amenazas tecnológicas que ya no son exclusivamente rurales o convencionales, sino, además, de bajo costo y alto impacto, como drones armados. Segundo, aprovechar la cooperación internacional para esa modernización tecnológica. Ser miembro de la Ocde nos abre puertas para fortalecer alianzas, y con su apoyo acelerar la modernización de las Fuerzas Militares y de Policía en inteligencia artificial, drones, ciberseguridad y defensa de infraestructuras críticas. Tercero, integrar la política exterior con la seguridad y defensa nacional. LEA TAMBIÉN ¿Y en cuanto a la desmantelada Inteligencia del Estado?Uno de los mayores retos será reconstruir un sistema nacional de inteligencia profesional, interoperable y tecnológicamente actualizado. Así como Colombia no claudicó frente al terrorismo hace 25 años, tampoco puede hacerlo hoy frente al crimen organizado que busca control territorial mediante el narcotráfico y la instrumentalización de conflictos y protestas sociales, para desestabilizar las instituciones democráticas.MARÍA ISABEL RUEDAEspecial para EL TIEMPO Sigue toda la información de Política en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.














