Ciudad abierta"No es cierto que todas las labores de lobby desemboquen en una operaci�n tan sospechosa como el rescate de Plus Ultra"El ex presidente del gobierno Jos� Luis Rodr�guez Zapatero.APActualizado Lunes,
junio
22:51Audio generado con IADe todos los argumentos que se han empleado en las �ltimas semanas para defender a Jos� Luis Rodr�guez Zapatero, quiz� el m�s enga�oso es el que sugiere que sus actividades eran las propias de cualquier ex presidente. Es enga�oso porque intenta equiparar el trabajo de consultor�a y de lobby que, efectivamente, realizan muchos l�deres pol�ticos tras dejar el poder, con los delitos de tr�fico de influencias, falsedad documental, blanqueo de capitales o cualquiera de los otros por los que est� imputado el ex dirigente del PSOE. Parece claro que el trabajo de consultor y lobista a escala global tiene zonas grises y din�micas que deprimir�an o indignar�an al com�n de los mortales. Pero una cosa son las zonas grises y otra el C�digo Penal. Una imputaci�n no es una condena, y la Justicia dir� si las actuaciones de Zapatero fueron ilegales o no; pero no es cierto que todas las labores de consultor�a contengan las irregularidades que se aprecian en la relaci�n entre Zapatero y An�lisis Relevante, como no es cierto que todas las labores de lobby desemboquen en una operaci�n tan sospechosa como el rescate de Plus Ultra. La voluntad manipuladora del argumento termina de perfilarse cuando se a�aden especulaciones tendenciosas sobre Jos� Mar�a Aznar o Felipe Gonz�lez: hemos pasado del �y t� m�s� al �y t� seguro que m�s�. Todo por parte de personas que luego proclaman la necesidad de luchar contra la m�quina del fango, las insidias, los bulos, etc�tera.La idea de que Zapatero ser�a como cualquier otro ex presidente tambi�n choca con lo que se ha venido conociendo sobre su agenda de los �ltimos a�os: esa que custodiaba una Gertrudis Alc�zar que ayer opt� por no responder a las preguntas de los senadores. El caso es que este diario ha contado hasta diez reuniones de Zapatero con Pedro S�nchez entre 2024 y 2025, y tambi�n abundantes citas con sus ministros, incluyendo diez con F�lix Bola�os y seis con Jos� Manuel Albares. No hay nada ileg�timo en ello, ni siquiera cuando ahora sabemos hasta qu� punto Zapatero actuaba en diversos contextos en representaci�n de los intereses de sus clientes. Siempre es posible que no lo hiciera en aquellas reuniones concretas, y que sus interlocutores ministeriales solo quisieran conocer la opini�n del presunto faro moral del PSOE -��estamos siendo lo suficientemente morales, Jos� Luis?�, �s�, pero a�n pod�is serlo m�s�-. Pero lo que realmente cuesta sostener es que otros ex presidentes hayan gozado de esa cercan�a a un Gobierno posterior al suyo. Que Aznar desempe�ara esa funci�n casi org�nica en los gobiernos de Rajoy, o que lo hiciera Gonz�lez en los gobiernos de Zapatero. La agenda constata lo que ya se deduc�a por cuestiones puntuales: no se recuerda, por ejemplo, a otro ex presidente que ejerciera de enlace activo entre el Ejecutivo y algunos de sus socios parlamentarios. Y, en realidad, la mejor prueba de lo at�pico que resulta es que el propio Zapatero no tuvo siempre el papel que ha tenido durante estos a�os. Resulta evidente que su relevancia pol�tica era muy escasa en el primer sanchismo, y que ha ido creciendo desde entonces.Las defensas de Zapatero parecen, en fin, conmovedoramente desfasadas. Es posible que, hasta finales de los 2010, su perfil fuera el de cualquier otro ex presidente. Lo que est� quedando claro es que, a partir de entonces, se convirti� en otra cosa.






