A Francia y Gran Breta�a, enemigos tradicionales y amigos circunstanciales, la guerra les oblig� a trabajar juntos. Winston Churchill y Charles de Gaulle encarnaron la resistencia de dos naciones muy distintas ante una amenaza inminente: desaparecer del mapa. Gracias a su victoria en la Segunda Guerra Mundial, sus logros no fueron olvidados pero su historia conjunta sigue estando llena de sombras y episodios desconocidos. El proyecto de uni�n entre los dos pa�ses, ideado nada menos que por Jean Monnet -padre de la Uni�n Europea- es, sin duda, uno de los m�s importantes. Tambi�n es muy representativo de las dificultades y tensiones que sufrieron los aliados en el transcurso de una guerra total que cambi� el mundo para siempre y desemboc� en el final de sus dos vastos imperios coloniales.La obra del historiador brit�nico Richard VinenLos �ltimos titanes. Churchill y De Gaulle (Critica) se adentra en ese terreno desde el �ngulo en el que los archivos incomodan a la memoria oficial y conmemorativa. Solo gracias a ellos ha sido capaz de construir un extraordinario relato, s�lido y detallado, de las dificultades que tuvieron brit�nicos y franceses para hacer frente a un enemigo com�n, empezando por su propio pasado. No se trataba solo de dos mundos diferentes, sino tambi�n de dos mentalidades absolutamente opuestas que estaban condenadas a entenderse aquel largo verano de 1940. Los dos pa�ses fueron arrastrados por el rio de la guerra en circunstancias muy distintas. Francia estaba ocupada y el r�gimen colaboracionista de Vichy era el �nico gobierno reconocido como leg�timo internacionalmente, tambi�n por los brit�nicos. La Wehrmacht hab�a derrotado al ej�rcito franc�s, el m�s grande de Europa, en seis semanas. A pesar de todo, las fuerzas brit�nicas hab�an conseguido reagruparse en Dunkerque, a diferencia de las francesas que se rindieron en masa. De ah� que nadie en aquella delegaci�n que recibi� en Londres a De Gaulle y a lo poco que quedaba del Estado franc�s diera un solo penique por la viabilidad de aquella propuesta, acoger a la Francia Libre. M�s que la prudencia fue el miedo a terminar como ellos en pocas semanas o meses, un gobierno a la huida, dividido y viviendo de prestado, el que mantuvo en pie la alianza.En estas condiciones nacer�a una estrecha colaboraci�n liderada por dos figuras profundamente arraigadas en sus pa�ses pero que eran la ant�tesis de la otra. Churchill, con formaci�n universitaria, pertenec�a a la aristocracia dirigente de los dos �ltimos siglos. De Gaulle era un oficial que representaba a una parte de la �lite francesa, la de los mon�rquicos cat�licos, distantes de la Rep�blica pero leales a la naci�n. A su viva imagen crearon los mensajes y la pol�tica de guerra y forjaron los nuevos mitos del mundo libre. No era una tarea f�cil. A la diferencia de edad y de temperamento (Churchill era 15 a�os mayor) se a�ad�an tradiciones culturales distintas y, en particular, ej�rcitos diferentes. El brit�nico, por ejemplo, no reconoc�a a los generales de brigada, grado de De Gaulle en aquel momento. Y sin embargo era diplomado de Estado Mayor formado en la Escuela de Guerra de Par�s, donde escribi� Hacia un Ej�rcito profesional (1934), en el que defendi� la necesidad del control civil del Ej�rcito y las necesidades de la guerra acorazada reconocida por los oficiales alemanes.Para saber m�sLos l�deres necesarios que aparecieron en el momento preciso, en realidad, se hab�an anticipado a la guerra una d�cada. Tras haber intervenido en Rusia contra los bolcheviques, asesoraron y apoyaron a Polonia. Denunciaron los acuerdos de M�nich de 1938, por los que sus respectivos pa�ses permit�an a Hitler quedarse los Sudetes checos. Churchill lleg� a compararlo con alimentar a un tigre con la esperanza de que se los comiera en �ltimo lugar. De Gaulle nunca dud� que habr�a guerra con Alemania. Pero mientras el premier se ve�a a s� mismo librando una guerra ideol�gica contra el nazismo, apenas mostr� inter�s por el auge del nacionalsocialismo. Para �l, la Segunda Guerra Mundial no era m�s que la continuaci�n de la primera, una �guerra de 30 a�os�.Al estallar la contienda, el escenario cambi� por completo muy r�pidamente. La derrota de Francia fue el primer episodio del mandato de Churchill como primer ministro y el �ltimo de la carrera militar convencional de De Gaulle. Desde el mismo momento en que las tropas alemanas entraron en B�lgica, a comienzos de mayo de 1940, estaban condenados a entenderse. Churchill cruz� el Canal de la Mancha hasta cinco veces en seis semanas para asegurar que los franceses no firmaran la paz por separado; De Gaulle lo hizo en dos ocasiones, antes de su partida definitiva, para que la lucha contra los alemanes continuara desde suelo brit�nico. Pero a�n quedaba mucho camino.Una uni�n imposibleLa ma�ana del 16 de junio de 1940, De Gaulle lleg� a Londres con cuatro camisas, un par de pantalones y una fotograf�a de su familia; ten�a 100.000 francos que le hab�an dado los servicios secretos y las llaves de un piso de dos habitaciones en el exclusivo barrio de Mayfair. Lo primero que hizo fue reunirse con Andr� Corbin, el embajador franc�s, y con Jean Monnet, encargado de negocios y armamento. Le presentaron una idea extraordinaria, un golpe de efecto con el que esperaban restaurar la moral combativa de los franceses: Francia y el Reino Unido se unir�an en un solo pa�s: la Uni�n Franco-Brit�nica.El primer borrador de la propuesta conten�a la sugerencia de que reclutaran un ej�rcito de varios millones de hombres en su territorio, incluidas las colonias. El gabinete de guerra imperial la rechaz� al instante con aspavientos. Los ministros brit�nicos, en cambio, dedicaron bastante tiempo a discutir los detalles de los acuerdos arancelarios y las ventajas de una uni�n monetaria en tiempos de guerra. Churchill comprendi� que la Uni�n era un anuncio para mantener en pie la capacidad militar y econ�mica de los franceses, pero que tambi�n podr�an utilizarla a su favor. As� lo anunci�, pero la mayor�a de las propuestas de fusi�n pol�tica ca�an en saco roto, engullidas por la guerra rel�mpago alemana.Hoy siguen siendo recordadas como una excentricidad m�s de sus gobernantes, como muestra el documental El intento de Churchill de abolir Gran Breta�a (2025). La administraci�n francesa, en cambio, sigui� detallando todos los aspectos formales, y lleg� a presentar la imagen central del proyecto: un sello conjunto con el Rey Jorge VI y el presidente de la Rep�blica francesa Albert Lebrun.Los brit�nicos se centraron en mostrar que el proyecto solo constitu�a un medio para salvar la flota y las colonias de la cat�strofe, con el acento puesto en la derrota francesa. Pero, cuando el plan se anunci� en los peri�dicos ingleses, el 18 de junio, P�tain, el primer ministro franc�s, declar� p�blicamente su intenci�n de aceptar las condiciones de armisticio que propusiera Alemania y orden� que el ej�rcito franc�s pusiera fin a las hostilidades. Sin tiempo que perder, esa misma tarde y en respuesta a la anunciada rendici�n francesa, se produjeron dos de los discursos m�s importantes de toda la guerra.El primero, pronunciado por el general De Gaulle en la BBC de Londres, quedar�a grabado para siempre en la conciencia colectiva francesa; pr�cticamente no hay ciudad gala que hoy no tenga una calle dedicada a esa fecha. De Gaulle, que nunca hab�a hablado por la radio, se dirigi� a todos los franceses para que continuaran la guerra en el extranjero, y pidi� expresamente a los soldados y trabajadores de las f�bricas de armamento que se trasladaran a Gran Breta�a. �La llama de la resistencia francesa no debe apagarse y no se apagar�, sentenci�.Pocos minutos despu�s, Churchill que ya se hab�a dirigido con anterioridad dos veces a la naci�n, pronunciar�a el mitin m�s famoso de toda su carrera, al que se dedica, por citar una de sus �ltimas contribuciones, la pel�cula El instante m�s oscuro (Joe Wright, 2018): �Si fracasamos, entonces el mundo entero, los Estados Unidos incluidos, todo lo que hemos conocido y apreciado, se hundir� en el abismo de una nueva era oscura que las luces de una nueva ciencia pervertida har�n m�s siniestra y quiz� m�s prolongada. Por lo tanto, aprest�monos a cumplir con nuestros deberes y asumamos que, si el Imperio brit�nico y su Commonwealth duran 1.000 a�os, los hombres todav�a dir�n: 'Esta fue su hora m�s gloriosa'�.El problema, para De Gaulle, era que los brit�nicos, como mostraban sus mensajes por radio, no estaban cerca de admitir que �l era el s�mbolo de la legitimidad pol�tica francesa. Para ellos, la Francia Libre no significaba gran cosa en un momento en el que gran parte de los gobiernos europeos resid�an exiliados en Londres. Estaban en una guerra global en la que los conflictos y los teatros de operaciones cambiaban, se suced�an a toda velocidad. Para ellos, lo principal era impedir que la flota francesa pasara a control del Eje y evitar, al mismo tiempo, entrar en guerra directa con la Francia de Vichy. Ante esta situaci�n, De Gaulle, condenado a muerte en su propio pa�s y con muy poca fuerza militar, arriesg� todo: su instituci�n central seria la BBC. La guerra en las ondas pronto dar�a sus frutos. En menos de un a�o, la inteligencia brit�nica reconoc�a que el n�mero de radios de onda larga en los hogares franceses hab�a crecido exponencialmente para escuchar su programa diario emitido desde Londres.El siguiente paso fue aprovechar la escalada planetaria de la guerra. La ocasi�n lleg� con la Operaci�n Amenaza, una misi�n conjunta de las tropas brit�nicas y las de la Francia Libre para arrebatar el puerto de Dakar a Vichy. Y, aunque no consiguieron el objetivo, Senegal proporcion� a De Gaulle un territorio, una base desde la que actuar sin depender de los brit�nicos. De all� se dirigi� a Camer�n, Sierra Leona y Nigeria, que, junto al Chad, le abrir�an el control del �frica ecuatorial hasta crear el Consejo para la Defensa del Imperio franc�s en la ciudad congolesa de Brazzaville, desde el que neg� la legitimidad de Vichy al tiempo que invocaba la Uni�n con los brit�nicos.Churchill desconfi� al instante de la maniobra y recomend� a su gabinete adoptar una aptitud ambivalente con los franceses. La tensi�n m�xima lleg� con la detenci�n del almirante Muselier, el jefe de la Armada de la Francia Libre acusado de trabajar para los alemanes, incidente olvidado tras el bombardeo de la flota norteamericana en Pearl Harbour, pues para la guerra con Jap�n necesitaban disponer del territorio de ultramar franc�s.Adem�s, los brit�nicos sab�an que no pod�an sostener el esfuerzo de la guerra prolongadamente. La derrota en Malasia y, sobre todo, la situaci�n en la India, asolada por una hambruna que caus� m�s de dos millones de muertos, mostraban la descomposici�n de un imperio tan vulnerable como desarticulado. La ca�da de Singapur a manos de los japoneses en febrero de 1942 tuvo muchas similitudes con la ca�da de Francia, fue el punto de inflexi�n definitivo en la fallida Uni�n Franco-Brit�nica.Una alianza de tresCon la entrada de EEUU en la guerra, De Gaulle podr�a contrarrestar la influencia brit�nica. Sin embargo, los americanos no mostraron ning�n inter�s por sus propuestas, a las que solo a�adieron que deber�an quedar subordinadas a las necesidades de su comandante en jefe, Eisenhower. De Gaulle volvi� a arriesgar. Dado que una gran parte del ej�rcito franc�s del norte de �frica hab�a desertado para unirse al general Lecrerc, decidi� crear en Argelia el Comit� Franc�s de Liberaci�n Nacional. Estaba dispuesto a mantener un gobierno y un territorio independiente, relativamente cercano a Europa, aun en contra de sus aliados.Roosevelt y Churchill se quedaron at�nitos cuando expuso su plan en Casablanca a comienzos de 1943. Tras la reuni�n, el brit�nico prohibi� a De Gaulle salir de Londres, y el propio Roosevelt lleg� a recomendar que le cortaran el suministro de armas y dinero. Solo cuando Eisenhower sugiri�, primero en el norte de Africa y despu�s, en la propia Francia continental, que colaborar con De Gaulle podr�a ser conveniente desde el punto de vista militar, Roosevelt se mostr� dispuesto a hacerlo.La �ltima de las paradojas de la guerra y de la ef�mera Uni�n Franco-Brit�nica es que aunque Churchill anticip� la guerra partisana, la figura que quedar�a ligada a la resistencia fue De Gaulle. A trav�s de este organismo conjunto, gaullistas y agentes brit�nicos dise�aron las operaciones especiales en la Francia continental. Fue entonces cuando entr� en juego el otro actor fundamental, la Uni�n Sovi�tica, que desde la invasi�n alemana estaba en el mismo bando que Reino Unido y la Francia Libre.Ya en la d�cada anterior, tanto Churchill como De Gaulle se hab�an mostrado favorables a una alianza sovi�tica contra el nazismo. Aislado tras la reuni�n de Casablanca, De Gaulle pens� que tambi�n podr�an serles �tiles en sus maniobras diplom�ticas. Stalin acept� el juego, retir� a su embajador en Vichy y se lo envi�, reconociendo de facto su gobierno. Acto seguido, los comunistas franceses se unieron al Comit� Nacional de Liberaci�n Nacional creado en Argelia. De este modo, De Gaulle se benefici� de la percepci�n general de la resistencia de izquierdas tanto como del miedo al comunismo que esgrimi� ante sus aliados anglosajones en la carrera por liberar Europa. El 25 de agosto de 1944, saludaba desde un ayuntamiento de Paris �liberado por s� mismo�.Poco despu�s de la rendici�n alemana, tanto Churchill como De Gaulle perdieron el poder que ejerc�an desde el comienzo de la guerra. A pesar de que ambos escribieron sendas memorias, no fueron recordados por ellas sino por su propio final pol�tico. Dos mitos, dos personajes en busca de autor postergados por la historiograf�a de sus respectivos pa�ses a la espera de que los archivos ofrecieran su otro perfil, el de la guerra detr�s de la guerra. Porque la historia nunca es lo que parece.
Churchill y De Gaulle, dos aliados improbables en la hora m�s oscura de la Segunda Guerra Mundial: "Si fracasamos, el mundo entero se hundir� en el abismo"
A Francia y Gran Breta�a, enemigos tradicionales y amigos circunstanciales, la guerra les oblig� a trabajar juntos. Winston Churchill y Charles de Gaulle encarnaron la...







