29 de junio, 2026 - 07h00La selección ecuatoriana logró un triunfo épico sobre el apergaminado campeón mundial Alemania, hecho inédito que generara inmensa alegría y uniera a todos los ecuatorianos tras la clasificación vibrante y emotiva a la siguiente ronda del campeonato mundial que se juega en EE. UU., México y Canadá. Como no podía ser de otra manera, la clasificación en el Mundial produjo euforia en los ecuatorianos en el país y en el exterior, una satisfacción enorme que en el resto de campos no se ha podido lograr, por el juego de intereses, especialmente políticos y económicos, que conspiran contra el desarrollo del país y el logro del bienestar social de la mayoría de ecuatorianos. Siendo satisfactorias estas emociones, resultan pasajeras y no permanentes porque se extenderán hasta el final de la participación de la selección nacional en el torneo mundial, y luego se volverá al estado normal de las cosas, a los problemas cotidianos. El fútbol representa un buen ejemplo que une a pueblos, a las familias, en contraste con el resto de problemas económicos, sociales, falta de empleo. Hoy el problema prioritario es la inseguridad, la violencia, en medio del conflicto armado interno, la guerra contra las bandas criminales que son transnacionales, el narcotráfico, la minería ilegal y la narcopolítica, aliada a estos sectores. Uno de los objetivos que sí logró el socialismo del siglo XXI en la región por décadas fue la polarización de los pueblos. Divididos y confrontados entre sí hasta presentarse como enemigos irreconciliables, que rompió a familias, por el lavado del cerebro hasta perder la capacidad de análisis, pensar y discernir las cosas y solo repetir con ojos cerrados, obnubilados, lo que dicen los caciques y redentores populistas y demagogos, unos fallecidos, otros en la cárcel y unos terceros prófugos de la justicia, con sentencias condenatorias por corrupción, que siguen intentando dar lecciones de ética, honestidad y transparencia cuando no tienen ninguna calidad moral para ello porque han sido corruptos. Eso han vivido en la historia reciente los pueblos de Venezuela, Bolivia, Ecuador, Perú, Colombia, con resultados evidentes de la crisis que han dejado los populistas que gobernaron en nombre del socialismo del siglo XXI, pero que lograron convencer y engañar a una parte de la población, que ha constituido un capital político para las elecciones. Los apretados resultados en las últimos comicios presidenciales de Perú y de Colombia reflejan la polarización de electorados, pero con la pérdida al final de quienes mantienen a los pueblos sometidos y obnubilados con discursos demagógicos y que fracasaron en sus administraciones. En política ya no debiera haber discusiones sobre los candidatos de izquierda o derecha, porque los problemas que necesitan soluciones urgentes no tienen colores ni ideologías ni casilleros en las papeletas electorales. Se necesitan políticos y gobernantes honrados, honestos, transparentes, responsables, sensatos, sensibles a los problemas, sin cálculos político electorales ni demagogos ni farsantes que engañan a los pueblos, lo cual resulta difícil y casi imposible. Esto cambiará cuando haya un electorado educado y bien informado. (O)